Sorprendido tanto como los medios de comunicación que asistieron a la rueda de prensa del miércoles 26 en la que se informó sobre la salida de la Colección Blaisten del Centro Cultural Universitario Tlatelolco, el empresario Andrés Blaisten aclara que las negociaciones para renovar el convenio de colaboración con la UNAM que sostiene desde el año pasado con el rector José Narro Robles no han concluido.
El coleccionista, que jamás había entregado su acervo en conjunto –aunque siempre prestó obras para diversas exposiciones en México y el extranjero–, hasta que hace seis años fue invitado por la UNAM a formar el ahora llamado Museo Colección Blaisten, puntualiza en entrevista con Proceso la información dada a conocer por María Teresa Uriarte, coordinadora de Difusión Cultural, en el sentido de que las exigencias solicitadas por él para renovar el convenio no podían ser aceptadas por la institución.
En un documento publicado por los medios (Reforma y Excélsior) el viernes 28, Uriarte aseguró que el coleccionista solicitó un presupuesto anual de 4 millones de pesos, un equipo de 22 personas, la asistencia de un chofer e incluso un vehículo. Dijo también haber sido presionada por Blaisten para renovar el convenio que concluye este 6 de octubre, y lo acusó de no aceptar autoridades académicas “diferentes a las suyas” y pretender un manejo discrecional de los recursos.
Tras calificar esta información como sesgada, Blaisten precisa enfático que él jamás manejó recursos de la UNAM, ni siquiera el personal del museo, siempre lo hizo la administración del CCUT. Pero además, agrega, el museo no contaba con un presupuesto asignado, “le iban dando las cantidades que consideraban”. Él hizo también “importantes donaciones monetarias para contribuir a la subsistencia del proyecto”.
Todos los recursos se han invertido en la infraestructura del recinto, esto es de la propia universidad, “no en la colección Blaisten, el museo es de la UNAM”, insiste y acota que incluso dentro del nuevo convenio solicitó que el organismo le asignara un administrador y un monto fijo para no estar sujeto a vaivenes y excedentes presupuestarios.
En este sentido admite que se habló, ciertamente, de 4 millones de pesos para las actividades inherentes al museo. No considera que sea una cifra alta para los estándares y costos de una institución como ésta que organiza sus propias exposiciones, “no las compra como hace el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC)”.
Desconoce cuánto recibe el MUAC anualmente, pero se arriesga a afirmar que una sola de sus exposiciones cuesta lo de un año de presupuesto del Blaisten, cuando además varias de las muestras organizadas por éste se han presentado posteriormente en otros recintos (por ejemplo la del Doctor Atl en el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey), generando recursos que entraron a la UNAM.
Respecto de la estructura administrativa que se supone pidió para renovar el convenio, Blaisten indica que fue Graciela de la Torre, coordinadora de Artes Visuales de la UNAM, quien la definió hace cinco años cuando comenzó la operación del museo. Ahora se pidió un incremento de la planta laboral, de 11 a 22 personas, pues se planteó la creación de una sala más para exposiciones temporales. El vehículo al cual se refiere el convenio, puntualiza, es de carga y mensajería. Él, por supuesto, no requiere de un automóvil ni de un chofer institucionales.
Y en cuanto a su rechazo a integrar un comité académico, el coleccionista recuerda que en todas las exposiciones han intervenido los especialistas en cada tema; por ejemplo, para la muestra de Agustín Lazo, se invitó a James Oles. Igualmente han intervenido investigadores de la UNAM, como Jorge Alberto Manrique y Olga Sáenz, entre otros, así como de otras instituciones académicas.
Considerado por las críticas de arte Raquel Tibol y Teresa del Conde como un coleccionista conocedor, y reconocido también por su generosidad al facilitar sus obras para su exhibición en público, el egresado de la Escuela Nacional de Artes Plásticas recuerda que aceptó ir al CCUT a invitación del entonces coordinador de Difusión Cultural, Gerardo Estrada.
Y fue el propio rector Narro quien le pidió que renovaran el convenio de colaboración; le llegó a proponer incluso que fuera por 10 años, pero Blaisten le contrapropuso que fueran haciéndolo de lustro en lustro. Se habló de la posibilidad de ocupar un espacio distinto al CCUT, pero en principio la renovación sería para este espacio que fue anteriormente el área de conferencias de la Secretaría de Relaciones Exteriores.
Ese lugar fue acondicionado con los estándares necesarios para un acervo de este tipo, en el cual hay obras declaradas como monumento nacional por el Instituto Nacional de Bellas Artes.
Tras reiterar que siempre ha estado dispuesto a compartir su acervo con el público, y que en cinco años no ha recibido ni un agradecimiento por parte de la universidad, el coleccionista puntualiza que, antes que nada, su interés está “en el arte, en la difusión del arte y en el interés publico por el arte mexicano”, y por ello aceptó la propuesta de Narro para renovar el convenio. Por lo cual se mantiene a la espera de su siguiente encuentro con él.








