Rosalía Fabián tiene 62 años y 30 de ellos trabajó como operadora del transporte público urbano en el estado. Fue la primera. Y como pionera que es, afirma que “todas las rutas son buenas… Yo sola, en un camión, en una quincena liquidaba hasta 70 mil pesos; ahora ¡imagínese en 100 camiones!”.
Señala que una de las últimas rutas que cubrió fue la 258, y tan sólo ahí “se venden de siete a ocho blocks (de boletos) diarios”. Por eso afirma que subir la tarifa de seis a siete pesos “es una de las peores aberraciones, porque el transporte, en la modalidad que quiera, es sustentable”.
–Entonces, ¿quién presionó para el aumento?
–El gobierno, porque el principal estafador es el (titular) de Tránsito. Fue un movimiento del gobernador (Emilio González Márquez) y de Jorge Higareda, dirigente de la Alianza de Camioneros. Se la voy a poner fácil: el Tur (Transporte Urbano), que debería ser de lujo, de la noche a la mañana subió de 10 a 11 pesos… La gente es absurda, porque paga por ir parada.
–¿Cuando dice Tránsito, se refiere a la Secretaría de Vialidad?
–Sí, a su secretario (Diego Monraz).
Asegura que hay muchos empresarios del transporte, como los Estrada o los Soto, pero “el principal es Higareda; él tiene camiones en la Alianza y talleres de refacciones, es socio del Macrobús”.
–Hasta donde usted sabe, ¿hay políticos en este negocio?
–Ahí están las rutas 24 y 25. Eran para que las trabajaran los choferes del Sistecozome (Sistema de Transporte Colectivo de la Zona Metropolitana ) y, si revisa, se encontrará nombres en esa ruta como Francisco Ramírez Acuña (exgobernador de Jalisco).
Para la señora Fabián, el sistema funciona como trampolín de políticos, incluido su actual director general, Lázaro Salas Ramírez: “Al sistema lo han desmantelado hasta las dos dirigencias sindicales del organismo. Yo en Sistecozome, en el Par Vial, llegué a vender 3 mil 600 boletos en ocho horas.
De hecho, la exoperadora denunció a Ramírez Acuña ante los medios de comunicación cuando era director del Sistecozome:
“No me quería dar mi finiquito. Tres meses me trajo como limosnera y finalmente Pensiones del Estado no me dio mi dinero porque en ese periodo me puse a trabajar en un tráiler; me dijeron que ya se había pasado el tiempo y se quedaron con mi finiquito.”
Con cierta añoranza, recuerda que antes era un privilegio ser operador del transporte público, con horario de ocho horas, sueldo fijo, uniformes, vales de despensa, horario para comer y seguridad social. En cambio, ahora los empleados no tienen ninguna de esas ventajas.
Para la señora Fabián, una de las razones del mal servicio que reciben los usuarios es que los operadores no cuentan con las garantías mínimas que marca la Ley Federal del Trabajo. Sin protección del gobierno estatal, padecen la explotación de los patrones.
Además, dice, cuando se introdujeron los minibuses se incrementaron los problemas de tránsito, ya que dos de ellos dan el servicio equivalente al de un camión: “La zona metropolitana se llenó de unidades y hubo una pésima planeación de rutas: por lo menos 25 de ellas transitan por el primer cuadro de Guadalajara y no llevan a ninguna parte”.
–¿Cuál es la solución desde su punto de vista?
–Primero, una buena planeación de rutas. Pero que no la hagan en un escritorio, sino frente al volante de un camión para que (los funcionarios) conozcan realmente la problemática de Guadalajara y las necesidades del usuario. Y en segundo lugar, que quiten los monopolios; por ejemplo, Higareda tiene camiones, refaccionarias y talleres mecánicos. Y tercero, que a los choferes se les exija, pero se les dé un trato humano; hoy trabajan hasta 14 horas al día y no tienen horario para comer.
En la década de los ochenta, Rosalba Fabián se quedó viuda con cinco hijos. Su salario de mil 200 pesos al mes como secretaria auxiliar contable no cubría ni las necesidades básicas. Como operadora de un camión le ofrecieron 3 mil 600 pesos a la semana. Ni lo pensó. Pasó 20 años como conductora en el Sistecozome, la Alianza de Camioneros, Platino y Oriente. “Ahora están muy mal el transporte público y el privado”, comenta.
Posteriormente incursionó en el sistema federal durante 10 años, con un tráiler. En esa época llegó a ganar mensualmente 25 millones de aquellos pesos, digamos que 25 mil actuales.
Orgullosa de sus cinco hijos profesionistas, reflexiona: “Tengo satisfacciones como empleada, sí, pero ahora hablamos de una mafia” en el transporte, insiste.








