La sangre de Trotsky

Para presentar el libro Los gángsters de Stalin, una compilación de textos de León Trotsky, hace unas semanas vino a Guadalajara Esteban Volkov, nieto del famoso revolucionario ruso que cayó abatido por un agente de su excompañero de armas y entonces amo absoluto de la Unión Soviética, José Stalin. En entrevista, Volkov repasó la trágica historia de su familia y, sin hablar de la política mexicana, reafirmó la validez del pensamiento de Trotsky.

Esteban Volkov Bronstein, de 86 años, es el único sobreviviente de una familia marcada por la tragedia y cuyos integrantes fueron testigos, además de víctimas, de los crímenes cometidos por el régimen estalinista en la Unión Soviética y fuera de ella. Es nieto de Lev Davídovich Bronstein, mejor conocido como León Trotsky, asesinado en México el 21 de agosto de 1940.

Dice que en la casa de su abuelo se sentía una tensión permanente, ya que se sabía del peligro que pendía sobre él. El 24 de mayo de 1940 un grupo de militantes del Partido Comunista de México, encabezado por el muralista David Alfaro Siqueiros, atacó la residencia de Trotsky a balazos, que dejaron más de 200 marcas en la casa. Algunas todavía son visibles.

Trotsky, uno de los líderes más prominentes de la revolución soviética y creador del Ejército Rojo, procuró mantener alejado a su nieto del oscuro mundo de la política hasta en los últimos instantes de su vida. Volkov recuerda que el fatídico 20 de agosto del mismo año, con la cabeza sangrante después de que el agente estalinista español Ramón Mercader lo golpeara con un piolet de alpinismo, su abuelo alcanzó a ordenar: “Mantengan al niño alejado, no debe ver esta escena”.

El líder que propugnaba la revolución mundial falleció al día siguiente en un hospital de la Cruz Verde. Aproximadamente 300 mil de los 4 millones de habitantes de la Ciudad de México asistieron a sus exequias.

De pocas palabras y voz pausada, Volkov se define como apolítico y “una reliquia de museo”. Aunque no ignora la situación económica, política y social que vive el país, prefiere no hablar de esos asuntos. Es un hábito que adquirió cuando llegó a México a los 13 años, huyendo de la persecución que emprendió Stalin contra Trotsky, que alcanzó también a sus partidarios (reales y supuestos), así como a sus familiares.

En efecto, la Constitución prohíbe a los extranjeros involucrarse en asuntos políticos internos, y aunque Volkov adquirió la nacionalidad mexicana a mediados de los setenta, prefiere atenerse a esa neutralidad. En sus conferencias nunca habla de los gobernantes ni del sindicalismo charro, por ejemplo; y cuando se le pide su opinión sobre la ola de crímenes vinculada al narcotráfico responde que no es una situación exclusiva de México.

Tampoco le interesa convertirse en un líder ni en un símbolo de la lucha obrera, pero está convencido de que el pensamiento de Trotsky sigue vigente y que el sistema capitalista es el origen de la precarización económica de millones de personas, igual que de la devastación ecológica del planeta.

Su juicio sobre Stalin, por supuesto, también es implacable: “Abandonó totalmente los principios y las ideas del socialismo. Indebidamente usó la etiqueta de comunismo o socialismo, que el sistema capitalista se ha encargado de refrendar precisamente para confundir y desprestigiar al verdadero socialismo. Eso es una patraña: el estalinismo no tiene absolutamente nada de socialismo, está más cerca del fascismo. (Stalin es) más parecido a Iván El Terrible, pero claro que lo supera miles de veces”.

–¿Quién podría ser el Iván El Terrible de México? –se le plantea.

–No sé realmente… los sicarios que asesinan fríamente.

La historia de Volkov está marcada por el exterminio de la mayoría de su familia, que atribuye directa o indirectamente al régimen estalinista. Su padre fue deportado a Siberia en 1928. Volvió del exilio, pero en 1935 fue detenido nuevamente y desapareció en los siniestros Gulag (acrónimo ruso de la Dirección General de Campos de Trabajo).

Esteban escapó de la Unión Soviética junto con su madre y se reunió con su abuelo en la isla turca de Prinkipos, donde pasó su primer exilio. Ella padecía tuberculosis y, aunque viajó a Berlín para someterse a un tratamiento, en 1933 se suicidó, probablemente –dice Volkov– porque no soportó la pérdida de su ciudadanía y de su país. El niño se enteró de la muerte de su madre un año después.

En aquella época Hitler ascendía al poder en Alemania. Esteban quedó bajo el cuidado de su tío León Sedov, quien lo inscribió en un internado de Viena que manejaba un grupo de psicoanalistas freudianos. Dos años más tarde se lo llevó a París, donde Sedov falleció en condiciones “extrañas” aunque fue hospitalizado. El peregrinaje de Esteban terminó en México, adonde vino con su abuelo y su segunda esposa, Natalia Sedova.

Volkov se estableció definitivamente en México, aprendió español, francés y alemán, pero dice haber olvidado su idioma materno. También estudió ingeniería química en la Universidad Nacional Autónoma de México y trabajó en una industria dedicada a la investigación de hormonas.

A través de la historia

 

A Volkov nunca le ha pesado el nombre de su abuelo, pues no se considera político. Su labor como director de la Casa Museo León Trotsky, enclavada en el tradicional barrio de Coyoacán, en el sur de la Ciudad de México, es de carácter cultural e histórico.

Al respecto, dice que hubo muchos intentos de demoler el edificio o convertirlo en guardería u oficinas, pero el general Lázaro Cárdenas le brindó protección y posteriormente la Presidencia de la República lo convirtió en monumento nacional a fin de preservarlo.

Ahora que la Unión Soviética es parte del pasado, aun cuando las secuelas de la Guerra Fría siguen ensangrentando varios países, Volkov acude a dar charlas a países como Japón, Pakistán, Estados Unidos, Argentina, Brasil, Venezuela, España, Francia, Italia, Alemania y Grecia.

Él dice que nunca le interesó la política y tampoco le atrajo convertirse en conferencista, pero después de insistentes invitaciones consideró que sí debía ofrecer su testimonio para desmentir las infamias y calumnias que difundió el régimen de Stalin contra su familia y el trotskismo.

También estima necesario aclarar la confusión que impera sobre los regímenes que aún se dicen socialistas o comunistas:

“Desafortunadamente estamos viendo que los chinos, que dizque se llaman comunistas, son los que están creando el dumping del salario a nivel mundial… Son los que dan el argumento a todos estos países, los que se llaman capitalistas, para que bajen salarios a fin de competir con China. Que se baje la mano de obra, es la condición para invertir, y al mismo tiempo hay millones de dólares en paraísos fiscales, procedentes de México.”

La primera entrevista de su vida se la concedió a la reportera Elisa Robledo: “Empezando con esa de Contenido, poco a poco fui dando entrevistas y participando en eventos”.

Tiempo después viajó a Rusia, su país natal, para ver a una hermana que agonizaba. “Fue un viaje breve de cinco días, y dije ‘vámonos’. Soy medio alérgico a Rusia”, señala con una carcajada.

El 17 de agosto Esteban Volkov visitó Guadalajara por invitación del Frente de Izquierda Socialista para que participara en la presentación de una compilación de textos de su abuelo titulada Los gángsters de Stalin en la librería Fondo de Cultura Económica.

En un pequeño salón del edificio, Volkov compartió panel con los conferencistas Manuel Aguilar Mora, dirigente de la Liga de Unidad Socialista, y Enrique Gómez Delgado, que hace 30 años participó en la fundación del Partido Obrero Socialista. El público preguntó sobre todo sus opiniones sobre la situación económica del país, el movimiento #YoSoy132 y la precarización de la mano de obra. Volkov se mantuvo fiel a sus principios y no ahondó en la política.