Señor director:
Las suscritas, dos empleadas de Omnilife despedidas injustificadamente y que demandamos a la empresa por su negativa a liquidarnos conforme a derecho, le solicitamos difundir esta carta sobre la aclaración que el licenciado Felipe Morán, apoderado legal de las empresas Omnilife-Chivas, publicó en la página XV de Proceso Jalisco 405, en torno a la nota titulada De chiva los tamales (edición 403).
Llama la atención la omisión que hace ese litigante sobre nuestra demanda contra Omnilife de México, S.A. de C.V., luego de que su presidente, Jorge Vergara, violó nuestros derechos, como se publicó en Proceso Jalisco.
Morán sólo alude al caso de la señora Ibarbia, con quien finalmente la empresa demandada logró un acuerdo. Sin embargo, guarda silencio sobre las irregularidades detectadas en el juicio laboral entablado por las firmantes de la presente contra Omnilife.
La empresa y sus abogados pretenden ignorar y minimizar nuestro reclamo –totalmente apegado a derecho–, mientras que en lo privado intimidan y amenazan a través de un despacho llamado Isonomia Abogados, S.C., cuyo directivo es el abogado Omar Orozco Rodríguez.
Ese profesionista pidió a una de las suscritas (María Soledad Muciño) que “la llevara tranquila” y me advirtió que de lo contrario correrían de la empresa a mi esposo, José Eduardo Pelayo, como finalmente ocurrió.
Orozco me planteó que si no aceptaba una propuesta “modesta” en la liquidación, entonces él “prefería ofrecer dinero a los magistrados”. Incluso me hizo saber que mi cuñado (Javier Pelayo) recientemente había perdido un juicio laboral contra Omnilife. Recalcó que “a él no le había tocado ni un centavo y que yo sufriría la misma suerte”.
Por otra parte, dentro de la audiencia desahogada en la Junta Local de Conciliación y Arbitraje (JLCA), en la delegación de Puerto Vallarta, el mismo Orozco se comportó de manera majadera y prepotente e incluso le arrojó al piso el expediente a mi compañera Glynka Briseño, y le dijo que tuviera mucho cuidado con lo que estaba manifestando porque podría enfrentar problemas, y que la empresa no tenía dinero, que estaba en números rojos, por lo que, hiciera lo que hiciera, no obtendría nada.
Orozco acosó a uno de los testigos de Briseño y personalmente acudió a su casa, en una colonia popular de Vallarta; ahí trató de obligarlo a desistirse de sus declaraciones contra la representación de la empresa. Asimismo, nos ha dejado en claro que su padre (otro litigante) es una persona con fuertes influencias en la JLCA, por lo que, dijo, “con que yo les encargue el expediente basta” para ganar un juicio.
En la réplica enviada a Proceso Jalisco, el licenciado Morán afirma que la JLCA no obedece a sus presiones y condiciones pues siempre han sido respetuosos de la legalidad, pero esas palabras no corresponden con la realidad que enfrentamos decenas de trabajadores.
En nuestro caso la empresa ha llegado al grado de presentar testigos a “modo” y de ofrecer testimonios de empleadas contratadas por el empresario Jorge Vergara, que es el caso de las licenciadas Rebeca Tovar, Liliana Bravo y Diana Correa, como se denuncia en Proceso Jalisco.
En el caso de Correa, la mujer atestigua hechos (montados a favor de Omnilife) ocurridos antes de su ingreso a la empresa, ya que ella entró a trabajar 10 meses después del despido de Muciño.
Tovar, Bravo y Correa forman parte de Omnilife (registradas en una outsourcing) y están asignadas al área Jurídica Laboral, específicamente a lo que se refiere a rescisiones de contratos y juicios laborales; por ende, viven a las órdenes de Omnilife. Por otra parte, ¿puede el señor apoderado explicar cómo sus tres licenciadas que fungen como testigos pueden estar en más de un caso, afirmando que presenciaron hechos no reales, extrañamente a favor de la empresa?
Finalmente, queremos denunciar que durante los años que han durado los juicios han prevalecido los intereses económicos y el poder de la empresa sobre nuestros derechos laborales. Nos queda claro que, con su actuación, los dueños de Omnilife no respetan los derechos humanos, pisotean los derechos laborales y, el colmo, se burlan de la dignidad humana de sus empleadas.
Atentamente
María Soledad Muciño Rendón
y Glynka Azeina Briseño Ahumada.








