El vienes 3, una joven policía municipal de Zapopan pertrechada con pistola y fusil automático –su nombre es Griselda Hirahi Hernández Ávila, tripulante de la patrulla 0311– prácticamente tomó por asalto la Unidad de Urgencias (Cruz Verde) del poblado de Santa Lucía, al poniente de la cabecera municipal. Quería llevarse por la fuerza, nunca dijo a dónde, a un sobrino suyo de seis años que estaba internado con traumatismo abdominal agudo porque le cayó encima un caballo. El doctor Salvador Díaz Sánchez la encaró y le dijo que no podía llevarse al menor porque ponía en riesgo su vida, ya que no había ambulancia y le podían estallar las vísceras: “Habrá que estabilizarlo primero para trasladarlo a un hospital de tercer nivel, luego me firma una responsiva que yo le voy a dictar y se lo lleva, pero en ambulancia, no en la patrulla”. Mientras tanto, añadió el doctor, ella debía esperar afuera y dejar que el personal médico hiciera su trabajo. Cuando lograron estabilizar al niño, que había ingresado a las 17:10 horas, lo llevaron en ambulancia a otro hospital después de las 20:00 horas. La policía se fue sin dar una disculpa y menos las gracias. Ante la alarma generalizada que causó la irrupción de la joven policía armada entre el personal médico y los pacientes, el doctor Díaz Sánchez llamó al director de Seguridad Pública (01) Aldo Méndez Salgado para que resolviera el problema, pero no lo encontró. “Pedí hablar con el 02 y tampoco; con el 03, igual; con el 04, y tampoco lo encontré”, recuerda. Posteriormente insistió en comunicarse con el responsable de la policía “para que el caso no pasara inadvertido”, pero no tuvo éxito: lo atendió la secretaria del secretario privado del 01, quien le dijo que en un plazo máximo dos días podría hablar con el ingeniero Aldo Méndez. Han pasado ya tres semanas del incidente. Nadie se ha comunicado con el médico ni se ha levantado un acta circunstanciada del hecho. Díaz Sánchez sabe que la decidida policía es hija de un alto mando “y por eso nada ha pasado”.
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Pasadas las elecciones y confiado en que el PRI gobernará, Mario Vázquez Raña se soltó el pelo. En su Organización Editorial Mexicana y curándose en salud, el presidente de la Organización Deportiva Panamericana hizo escribir el miércoles 22 al director de El Occidental, Javier Valle, que él nada tiene que ver en los desordenados gastos de los XVI Juegos Panamericanos celebrados en Guadalajara ni con las deudas por cerca de mil millones de pesos que ocasionó, según denuncias publicadas en este semanario. Vázquez Raña le echó toda la culpa al Comité Organizador de los Panamericanos, que presidieron el gobernador Emilio González, Carlos Andrade Garín, Iván Sisniega y Horacio de la Vega. “El gobierno de Jalisco –sentenció el magnate– tiene que decir, tiene que saber dónde está el dinero que falta”. Estos personajes enfrentarán al menos una demanda judicial.
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El Semanario Arquidiocesano de Guadalajara informa que los trabajos en el Santuario de los Mártires siguen adelante, pero la verdad es que el ritmo de su construcción se redujo al mínimo desde la llegada del cardenal José Francisco Robles en relevo del cardenal Juan Sandoval, el pasado 7 de febrero, dos meses después de que su antigua sede, el arzobispado de Monterrey, anunció la designación hecha por Benedicto XVI. Esto sucedió luego de que el Patronato Pro-Construcción del Santuario le pidió a Robles Ortega que dejara al frente del ambicioso proyecto a Sandoval Íñiguez. Robles les respondió que él es el responsable de la arquidiócesis, al tiempo que ordenaba una auditoría de la cual aún no se han dado a conocer los resultados. Y es que al nuevo titular le calaron algunos detalles en el manejo de los recursos por parte del patronato, que habría sorprendido la buena fe de su antecesor, como el hecho de que no sea un fabricante de muebles sino el intermediario Juan Manuel Reyes Brambila (compilador del libro El verdadero rostro del cardenal, integrado por artículos de Sandoval) quien esté haciendo las bancas. Además, sólo se edificó la estructura del inmueble; no se ha colocado el techo, falta cubrir parte del esqueleto de metal y no se ha puesto piso firme, entre otros rezagos. Incluso nada se sabe de la publicación en que mes a mes se daba cuenta de los avances del santuario.
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