De la profesora Melo Zambrano para el doctor Valdés Zurita

Señor director:

En primer lugar, quiero agradecerle el espacio que esta imparcial y prestigiosa revista otorga a sus lectores para manifestar sus opiniones, reclamos o aclaraciones, y, en segundo, que me permita dirigir al doctor Leonardo Valdés Zurita algunos puntos de vista que me surgieron al leer su respuesta (edición 1865) a la carta que me fue publicada en Proceso 1864.

Doctor Valdés Zurita: Nunca dudé de su preparación profesional ni de su trayectoria política, laboral y académica, razones por las cuales ocupa la presidencia del IFE; su perfil lo amerita y, sin dudarlo, le reitero nuevamente al respecto mi felicitación sincera.

Me quedan claros también los objetivos con los que fueron creadas instituciones como el IFE, el TEPJF, la Fepade o la Ley General del Sistema de Medios de Impugnación. Sin embargo, si como usted dice acertadamente toda autoridad tiene definido su ámbito de competencia y cuenta con etapas, plazos y procedimientos legales, surgen en mi humilde opinión varias interrogantes: ¿Por qué se adelantó en tiempo y forma a dar a conocer al “virtual ganador” de la contienda electoral, cuando aún había casillas que estaban contabilizando sus votos (como fue el caso de aquella en la cual voté)? ¿Por qué la premura? ¿Por qué no se permitió a otras empresas encuestadoras o al movimiento juvenil #YoSoy132 participar en el conteo de los votos para que fuese equitativo y transparente?

¿Por qué si existe la Ley de Impugnaciones no se ha aceptado y analizado hasta ahora ninguna de las impugnaciones, cuando sabemos que el Movimiento Progresista, en su justo derecho, las ha presentado con fundamentos legales y válidos?

¿Por qué la Fepade y el TEPJF no han aceptado y analizado todas y cada una de esas irregularidades que se dieron antes, durante y después del proceso electoral, que ya son del dominio público y están legalmente demostradas? ¿Por qué se empeñan en defender lo indefendible, en legalizar una ilegalidad, en convertir en verdad una falacia?, y, sobre todo, lo cual considero más grave: ¿Por qué quieren hacernos creer que la contienda electoral y sus resultados se dieron con la más absoluta transparencia y equidad, cuando los hechos hablan por sí solos?

¿Acaso los que están al frente de tan prestigiosas instituciones democráticas piensan que los mexicanos somos incapaces de darnos cuenta de la realidad, de hacer valer nuestros derechos ciudadanos, de conseguir que nuestra participación en las urnas sea respetada y de utilizar la única arma con la que contamos: el uso de la palabra?

No dudo que otros países, como lo menciona en la carta que usted me dirigió, inviten al nuestro a explicar temas electorales. Sin embargo, hemos sido, sin querer, “candil de la calle”, porque si nuestro sistema electoral es en teoría uno de los mejores, no lo es en la práctica.

En algo estoy totalmente de acuerdo con usted: Nunca como ahora los mexicanos participamos en las elecciones con la esperanza de que por fin nuestra tan mencionada democracia se hiciese efectiva. No queríamos más de lo mismo, razón por la que nuestra inconformidad se está demostrando de diferentes maneras.

Permítame aclararle, doctor Valdés Zurita, que no milito en partido alguno, que estoy convencida de que hay políticos muy respetados, y con una trayectoria limpia, tanto de derecha como de izquierda, de modo que me inclino más por la persona, por su convicción, sus ideales y su amor a México.

Tengo 31 años como docente y 47 años de edad. Empecé muy joven, con una vocación que me llena de orgullo y satisfacciones, pero hoy una duda me asalta: ¿Qué responderé a mis alumnos cuando en clase de historia pregunten qué significa “democracia”, no en la definición escrita, sino en ejemplos prácticos? Porque me queda muy claro que en este país no la hay.

Atentamente

Profesora Blanca Luz Melo Zambrano