De Mauro Antonio Vargas Urías
Señor director:
Agradeceremos profundamente la publicación de las siguientes líneas, relacionadas con la nota titulada “Cursos en Los Pinos hasta de ‘masculinidad’…”, escrita por Arturo Rodríguez García y publicada en la edición 1865 de Proceso.
El periodista Rodríguez García sostiene en su artículo que los cursos que prevé el programa de Formación Continua de la Presidencia de la República resultan absurdos. Este supuesto lo ejemplifica, principalmente, como lo demuestra el título de la nota periodística, con los cursos de masculinidad. Es a la desestimación de esta perspectiva a la que nos queremos referir.
La conclusión a la que llega el artículo del periodista Rodríguez García trivializa la importancia que puede llegar a tener la incorporación de la perspectiva de las masculinidades en los planes o programas de capacitación de las instituciones públicas. Esto lo aseguramos porque, desde nuestra visión, el trabajo desde las masculinidades, especialmente con los hombres, puede favorecer el respeto de los derechos de las mujeres, de los niños y niñas, de las personas de la tercera edad… y de los mismos hombres.
Este trabajo, de anhelos civilizatorios, es impostergable si reconocemos que la masculinidad hegemónica (tradicional o machista) ha impuesto, mediante códigos y mandatos de género, los criterios desde los cuales debe organizarse todo: la pareja, la familia, la educación, la salud, la comunicación, las instituciones, las relaciones, las sociedades, donde la constante es que los hombres aseguren posiciones de dominio sobre las mujeres y otros grupos históricamente discriminados (incluyendo a las y los niños).
Desde este enfoque, no extraña que en las instituciones públicas las mujeres se encuentren en situaciones de violencia, padeciendo de hostigamiento sexual y/o acoso laboral, sólo por el hecho de ser mujeres. Es por esta razón que la perspectiva de las masculinidades debe incluirse en los programas de capacitación de las instituciones públicas. Si aspiramos a que los hombres se opongan a la desigualdad y la violencia, es indispensable evidenciar que la masculinidad hegemónica no constituye una esencia, esclarecer que no sólo hay una manera de ser hombre, y promover que, si la violencia se aprende, la podemos desaprender.
Desconocemos la postura de las personas o instituciones que impartieron en Los Pinos los dos cursos de masculinidad. Es probable que coincida con la de nosotros, pero también es posible que sea de otra manera. Hay instituciones, como la nuestra, que se asumen como profeministas o antisexistas, y hay quienes se proclaman en contra de la igualdad entre hombres y mujeres. Sin embargo, y teniendo en cuenta que en la nota no se precisa la perspectiva de los cursos de masculinidad realizados en la Presidencia de la República, nos fue preciso reivindicar el trabajo con y desde las masculinidades como las entendemos desde nuestra institución.
Por último, nos parece necesario aclarar, por los señalamientos registrados en el artículo, que nuestra institución no ha impartido curso alguno en la Presidencia de la República y que, en congruencia con nuestros principios constitutivos, nos pronunciamos desde la autonomía, siendo una organización de la sociedad civil sin fines de lucro ni compromisos con partidos políticos o credos religiosos.
Atentamente
Maestro Mauro Antonio Vargas Urías
Director general de Género y Desarrollo, A.C.
Teléfono: 55-84-06-01








