Señor director:
Chavela Vargas llegó a México, después de una estancia infernal en Costa Rica, en el año 2006. Desde entonces la conocimos y pudimos constatar que Chavela estaba perfectamente lúcida, y así siguió hasta el final de su vida.
La vuelta de Costa Rica fue una decisión propia de Chavela, y a su llegada a México solía relatar cómo sus familiares la tenían literalmente secuestrada y, en un momento dado, como lo atestigua la propia nota de Proceso, querían declararla con demencia y atrofia cerebral para encerrarla en una clínica.
Desde 2006 y hasta su muerte, nos consta que Chavela tuvo una vida plena y feliz. Llegó casi desahuciada a Ahuatepec, y luego a Tepoztlán, y poco después ya estaba nuevamente activa. La vimos grabar dos discos, recibió homenajes de diversas instituciones, ofreció conciertos, presentó libros con su biografía, y hasta escribió canciones.
En todos estos años, Chavela recibió la ayuda, siempre desinteresada, de muchos amigos. Entre ellos, diversas personalidades culturales de total solvencia personal, tanto de México como de España. Pero en los últimos cinco años María Cortina se hizo cargo de ella, de que no le faltara atención médica ni compañía. María la ayudó a que realizara todas las iniciativas que Chavela proponía y la respaldó cuando había oportunidades de ofrecer conciertos o presentaciones. Lo hacía por generosidad y amistad, y porque Chavela así lo quería, lo que quedó demostrado con el otorgamiento de poderes plenos a María para actuar en su nombre.
Todos sabíamos que Chavela no tenía dinero. Había perdido todas las regalías de sus discos, y sus necesidades no eran pocas: cuidado de enfermeras las 24 horas, tratamiento médico de alta especialidad y pago de su vivienda y alimentación. Por fortuna, en los últimos meses vivió con más holgura gracias al generoso apoyo de Conaculta, que le reconoció su aportación cultural a este país.
En todo este tiempo Chavela no recibió ni ayuda ni visitas de su familia. El jorongo y los objetos que la sobrina Yisela Ávila Vargas dice que le regaló Chavela fueron las cosas que tuvo que abandonar la artista en su abrupta huida de Costa Rica, cuando intentaban internarla a fin de apoderarse de sus posibles regalías.
Por todo lo anterior nos ha indignado la irresponsable nota que firma Columba Vértiz de la Fuente en Proceso 1867, bajo el título: Bloquean las autoridades a la sobrina de Chavela Vargas. En primer lugar, porque le dan toda la credibilidad a la señora Ávila Vargas, sin contrastar sus dichos con quienes en los últimos años convivieron con Chavela y veían cómo todas sus decisiones, incluida la de no querer volver a ver a su familia, las tomaba con entera lucidez y libertad.
Nos parece inconcebible que Proceso no haya enfocado la nota a partir del testimonio de María Cortina, cuya honestidad y entrega de tiempo y trabajo a su amiga nos consta. Nos parece igualmente torpe, por decir lo menos, que se difundan tantas falsedades por parte de una periodista nada menos que ¡de Proceso!
En síntesis, y aunque por desgracia Proceso no acostumbre reconocer sus traspiés, consideramos que tanto la reportera Vértiz como el responsable de la sección cultural y usted, señor director, le deben una disculpa a su colega María Cortina, a los amigos que Chavela tuvo durante estos años, al público que la acompañó siempre y, por supuesto, a la verdad periodística.
Atentamente
Mario Ávila, Patricia Berumen, Ricardo Govela y Eduardo Clavé
rgovela@yahoo.com.mx
eclave@gmail.com
Respuesta de la reportera
Señor director:
E
l testimonio de la cantante Eugenia León en defensa de María Cortina no requiere comentario de mi parte. En el de la escritora Sabina Berman es necesario corregir de entrada, para evitar confusiones, que mi reportaje no consiste, como ella leyó, en una entrevista con la sobrina de Chavela Vargas, la señora Yisela Ávila Vargas, sino con sus abogados –la intervención de ella abarca sólo un párrafo–, además de las breves declaraciones que pude obtener de la misma María Cortina y de los empresarios de Discos Corason (sic) Mary Farquharson y Eduardo Llerenas.
Por supuesto que el tema –la denuncia de que hubo un bloqueo para que la sobrina no se acercara al cuerpo de la difunta, y su reclamo por las cenizas, entre otros aspectos– es complejo. Mi labor como periodista fue recoger esas versiones y buscar las de la contraparte.
Luego de hablar con María Cortina en el Palacio de Bellas Artes durante el homenaje a la cantante el martes 7 –en cuanto la señora Ávila Vargas manifestó su malestar–, la busqué dos días más tarde para abundar en el tema, pero la funcionaria de la Secretaría de Cultura del DF se negó a decir más.
Respondo así a Mario Ávila, Patricia Berumen, Ricardo Govela y Eduardo Clavé –dejando a un lado sus insultos–, a quienes parece “inconcebible” que Proceso “no haya enfocado la nota a partir del testimonio de María Cortina”. Escribí en la nota todo lo que ella me dijo, incluso que era amiga y no representante legal de Chavela Vargas, aunque Eduardo Llerenas, propietario de Discos Corason, me aseguró que sí lo es a nivel notarial. Y recogí la voz de los abogados Pablo Barahona Kruger y José Carlos Gutiérrez González, representantes legales de la familiar de Chavela Vargas, quienes buscaron a Proceso mostrando varios documentos, entre ellos el testamento que nombra heredera universal y albacea a la señora Yisela Ávila Vargas.
En mi reportaje no emití valoración ni avalé versión alguna, pero en su carta los cuatro firmantes personalizan su ataque hacia el mensajero. No es obligación de los reporteros ofrecer una disculpa por las declaraciones de los denunciantes.
Hay que señalar además que se volvió a solicitar a María Cortina una entrevista, sin que hasta el cierre de esta edición hubiera respuesta.
Atentamente
Columba Vértiz de la Fuente








