El pasado 27 de julio por la noche un grupo armado irrumpió en el taller de los hermanos Gustavo y Nora Alicia Pelayo Gutiérrez en la colonia Las Pintitas, municipio de El Salto, y los desalojó. Y aun cuando los afectados presentaron su denuncia ante el Ministerio Público (MP), las autoridades se niegan actuar.
Nora relata que el día del despojo ella interpuso su querella pero el MP rehusó tomarle la declaración. Sólo accedió a escucharla cuando ella se presentó acompañada de su abogado cinco días más tarde. Pero le salió contraproducente porque, dice, la agente que la atendió intentó acusarla de querer apropiarse la propiedad donde ella y su hermano tienen el taller de laminado y pintura para tractocamiones.
Gustavo refiere que la mañana del día 26 llegaron a su propiedad dos vehículos con varios hombres armados, entre ellos el abogado Óscar R. Limón Morales, abogado de Alfonso Ponce Alejandre, presunto dueño del inmueble donde se encuentra el local, y los sacaron a punta de pistola.
Los presuntos nuevos dueños le dijeron que habían comprado el taller con todo lo que había dentro a su hermano Hugo. Nora señala que los sujetos tenían sus armas fajadas en el cinturón y amagaron con empuñarlas, pero decidieron retirarse. Al día siguiente regresaron y esa vez les apuntaron al rostro con sus pistolas.
“No nos quedó de otra más que obedecerlos. Ellos nos dijeron que nos iba a llevar la chingada. Nos pidieron no hacer ningún escándalo, pues sabían nuestros domicilios”, relata Gustavo.
En el taller quedaron alrededor de 10 camiones que estaban en reparación. El representante legal de Ponce Alejandre les dijo que éste había comprado el inmueble con todo lo que había dentro, incluida una laptop y objetos personales de Nora y Gustavo, entre ellos una chamarra, libretas de apuntes, comprobantes fiscales y facturas.
Nora refiere que ella y su hermano únicamente rescataron sus automóviles porque los habían sacado del taller el 26 de julio. Sin embargo, el abogado amenazó con denunciarlos por robarse los vehículos. Tras el desalojo, las personas que presuntamente trabajan para Ponce Alejandre retiraron el rótulo del taller que tenía los apellidos de Gustavo y Nora.
Hasta ahora sólo uno de los propietarios de los camiones que se quedaron en el local, Alberto Hernández, ha recuperado su vehículo, dicen los hermanos Pelayo Gutiérrez. Según ellos una persona a la que identifican como Antonio García es el responsable de entregar los camiones, aunque se niega a informar quién es el supuesto nuevo dueño del taller.
La finca en cuestión se ubica en avenida Las Torres número 38, cerca del kilómetro 13 de la carretera a Chapala. Mide alrededor de 2 mil metros cuadrados y está valuado en 4 millones de pesos, pues se encuentra en una zona con alta plusvalía.
Vecinos de la zona se muestran reacios a hablar sobre el desalojo. Nada saben sobre los nuevos dueños, pero dicen que han pasado cosas extrañas desde el 27 de julio.
De acuerdo con un comerciante, el jueves 2 de agosto cayó un fuerte aguacero antes de que oscureciera. Cuando cesó la lluvia en el cielo apareció un arcoíris. Uno de sus clientes se emocionó y sacó su celular para tomarle fotografías. En ese momento apareció un auto negro del cual descendieron varios hombres que se acercaron al parroquiano pues aseguraban que les había tomado las fotos a ellos.
Le pidieron su aparato y lo revisaron hasta comprobar que no aparecían ellos. Luego se fueron rumbo al taller.
Pugnas intrafamiliares
Nora y Gustavo narran que su familia está dividida desde que su padre, quien aun vive, decidió heredarlos. Sin embargo, sus otros hermanos: Raúl, Rubiciela y Hugo intentan quedarse con todo, incluso, dicen, los han amenazado de muerte.
Al principio, dice Nora, su hermano Raúl administraba el taller, pero cuanto estaba casi en la quiebra, Gustavo tomó las riendas y ella decidió asociarse con él a principios de enero pasado como administradora.
Al fondo del taller se ubica una pequeña finca, que ella y Gustavo prestaron a su hermano Hugo para que viviera ahí con su familia. La vivienda tenía una puerta de acceso hacia el taller, aunque no se podía abrir porque estaba soldada. Nora sospecha que fue él quien les dio las facilidades al grupo invasor pues desde el 27 de julio no lo ha visto.
Dice que el rescate del predio se complica porque el local se ubica en terrenos ejidales y no ellos sólo tienen una constancia expedida y sellada por la Casa Ejidal Las Pintas que los acredita como dueños. Para colmo, Gustavo extravió el documento y el presidente de la institución, Guillermo Monroy Romero, se niega a expedirle una reposición para no embrollar más el asunto.
Monroy Romero asegura que no hay registro de que se haya hecho algún movimiento de cambio de propietario en la finca de Gustavo y Nora Pelayo. El lunes 6 comentó que girará un citatorio a los ocupantes para conocer su identidad y demuestren que son los auténticos propietarios.
El abogado Óscar R. Limón Morales sostiene que la noche del 27 de julio no hubo desalojo, como aseguran Nora y Gustavo. Incluso arguye que por la mañana de ese día él acudió en calidad de coadyuvante a petición de su representado, el señor Ponce Alejandre y entregó una tarjeta de presentación a los hermanos Pelayo Gutiérrez; reconoce también que fue él quien solicitó la presencia de elementos policiacos en vista de que “la discusión se estaba acrecentando”.
Asimismo, asevera que el señor Ponce Alejandre platicó con ellos y les mostró el contrato de compra-venta del inmueble realizado con Hugo Pelayo hace años. No obstante dice que los hermanos Nora y Gustavo deben mostrar documentos para comprobar que son los auténticos dueños.
Y se deslinda: “Yo no sé nada cuándo vendieron (al predio); lo desconozco. A mí nada más me contrataron para ver cómo estaba la situación”.








