Alejandra Orozco La niña sin límites

GUADALAJARA, JAL.- La primera vez que Alejandra Orozco vio a Paola Espinosa pensó que era un sueño. La mano de la doble medallista olímpica se estiró para sacar a la chiquita de 12 años que durante un entrenamiento se golpeó en el trampolín y cayó a la fosa con la figura descompuesta. Medio conmocionada, más porque su ídolo de los clavados la rescató que por el impacto, Alejandra se congratuló por su buena suerte.

Al poco rato, la niña vio que Paola fue hacia al baño. Hasta allá la siguió junto con una amiga. Le pidió a la mejor clavadista de México que posara con ella para una foto que fue capturada con la cámara de un celular. También le extendió su playera para que se la firmara. Y luego se fue brincando de gusto.

“Fue en la Olimpiada Nacional 2009 en Tijuana, ahí la vio por primera vez en persona. Por el accidente no la querían dejar competir, como sólo fue un golpe sí pudo participar, pero ganó cuartos y quintos lugares. Ya no le importó si ganaba medallas o no, se dio por bien servida porque Paola la rescató. Hasta unos consejos de clavados le dio. Aunque primero sí estaba un poco triste porque como la competencia fue el 10 de mayo, me dijo: ‘No te traje medalla’. ‘No importa –le contesté–. No hay mejor recuerdo que haber conocido a Paola Espinosa’”.

Han pasado más de tres años de ese momento, recordado por la madre de Alejandra. De enero último a la fecha, a la atleta quinceañera le toman todos los días decenas de fotos al lado de Paola porque desde entonces son pareja. Menos de cuatro meses les bastaron para conseguir medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Londres 2012.

A la señora Alejandra Loza no se le olvida que el 11 de enero su pequeña se fue de la casa rumbo al Distrito Federal. Unos días antes, su entrenador Iván Bautista le había avisado que Paola Espinosa y la china Ma Jin la pidieron para hacer el sincronizado con miras a Juegos Olímpicos. La niña se quedó pasmada. No lo podía creer. El miedo se le mezcló con la emoción.

“Fue una sorpresa. Ma Jin ya le había echado el ojo para que quedara en lugar de Tatiana Ortiz. Alejandra me decía: ‘No me voy. Es que, ¡es Paola!’. ‘Pues sí. Es Paola, tu ídolo’. Le daba gusto, pero miedo a la vez; pensó que la haría quedar mal. Yo le dije: ‘Si te están pidiendo es por algo. ¿No era esa tu meta? Se te está presentando la oportunidad, no cuando la esperabas, pero ahí la tienes’.

“Siempre había soñado con Juegos Olímpicos. Para ella fue un gran reconocimiento que la llamaran. Se fue y se le olvidó todo el temor. Paola es muy buena persona y la ha ayudado mucho. Ma Jin también y eso ha facilitado el camino”, cuenta la madre.

Alejandra Orozco fue muy inquieta desde que estaba en la cuna. Caminó a los 10 meses de nacida. En la guardería no le gustaba estar en la sala de los bebés de su edad; le encantaba estar con los más grandes y quería aprender lo que ellos hacían. Era muy inquieta. A todos les causaba mucha gracia lo que hacía. Era una niña adorable que se adaptaba con todas las personas y en todos los lugares, que lo mismo quería ser la maestra de un compañerito que ponerse a platicar con los señores.

A los ocho años le dijo a su mamá que la inscribiera en gimnasia. Quería imitar a una vecinita y ser como las muchachas que veía en la tele con leotardos coloridos compitiendo en algo que se llama “olimpiadas”.

Entonces le comentaron a la señora Loza del Code Jalisco, la entidad responsable del deporte en ese estado. Las instalaciones están como a una hora de su casa. La pequeña Alejandra insistió hasta que convenció a su mamá. Tenía el perfil perfecto para la gimnasia y de inmediato la aceptaron. A los 10 meses, Orozco pidió entrar a clavados. Dos días a la semana estaba en la fosa y tres en la gimnasia.

Los papás de la niña cruzaban todos los días media ciudad para llevarla y traerla. Estaba fascinada. A pesar del cansancio, energías le sobraban para llegar a estudiar y hacer la tarea.

“Le dije que nos tendríamos que sacrificar para cumplir con deporte y escuela. Andábamos a las carreras. Mi hija no es de las que se quedan quietas. Siempre busca lo más complicado. Aunque tenía su grupo de principiantes en clavados, iba con todos los entrenadores y les preguntaba cómo hacer lo que hacían los grandes. Eso les entusiasmó en el Code.

“Al mes me dijeron que la dejara ir a estudiar allí y que participara en el selectivo para la Olimpiada Nacional. No la dejé. Para mí, estaba chiquita, muy verde en comparación con lo que hacían otros. Como clavados le empezó a exigir más, tuvo que decidir por solo un deporte. El profesor de gimnasia le dijo que tendría más futuro en los clavados porque México no es bueno en gimnasia.”

Un año después, en 2008, Alejandra Orozco participó por primera ocasión en la Olimpiada Nacional, donde ganó una plata y un bronce en la categoría infantil. Se tiró de una plataforma de 5 metros. Tuvo que luchar un poco más para convencer a su mamá de que la sacara del colegio de monjas al que asistía para cambiarse a la primaria del Code. Dejó la escolta, el coro escolar, la banda de guerra y hasta a sus amigas con tal de acelerar su aprendizaje en clavados. Con 11 años, Orozco se acostumbró a ir a su casa sólo para dormir.

En junio de 2010, su entrenador Iván Bautista determinó que ya estaba lista para subir a la plataforma de 10 metros. Empezó a competir a nivel juvenil y todo le salió bien. En los selectivos se ganó sus primeros viajes al extranjero: Italia, Canadá y Estados Unidos. En el Campeonato Mundial Juvenil 2011, en Colombia, ganó oro y, ya con Paola Espinosa, en la Copa del Mundo Londres 2012, en febrero pasado, calificó a Juegos Olímpicos al terminar en la octava posición. Fue su primera participación internacional como pareja.

Las clavadistas chinas son el siguiente objetivo a vencer de Alejandra Orozco, que en Londres 2012 se convirtió en la segunda atleta mexicana más joven en ganar una medalla olímpica con 15 años 103 días, sólo detrás de Maritere Ramírez, que en México 68 ganó bronce en la prueba de 800 metros libres con 14 años 70 días.

Paola Espinosa y Alejandra Orozco finalizaron en el segundo lugar detrás de las chinas Chen Ruolin y Wang Hao.

Pedro Orozco, su papá, cuenta que la niña pasa horas viendo videos de todas las clavadistas, pero sobre todo de Ruolin, a quien admira y desea superar. La conoció en Florida, en su primer viaje internacional. Y como pasó con Paola, a la china también la fue a corretear para tomarse una foto.

“Compitió contra ella y quedó en cuarto lugar, nada mal para una niña que acababa de cumplir 14 años. En este año, en la Serie Mundial en Tijuana Ale y Paola quedaron en segundo lugar, detrás de las chinas. Las vi en la tele y cuando las estaban premiando en el podio, Ale quedó en medio de Chen Ruolin y de Paola. ¡Sentí tan bonito…! A mi hija le falta estar parada donde se ponen las que ganan oro. Dice que las chinas parecen robots, que está difícil superarlas; yo sólo le digo diviértete, no te estreses, no te presiones”, dice la señora Loza.

“Ale siempre quiere más; no tiene límites”, tercia su padre. “Quiere ganar más. Es perfeccionista y a veces eso no es bueno. Se enoja mucho con ella misma cuando pierde. No ha llegado a donde quiere estar. Siempre está viendo hacia arriba”…