Condena los actos represivos contra opositores de la Supervía Poniente

Señor director:

La construcción de la Supervía Poniente es inminente. El Gobierno del Distrito Federal ha logrado acallar la voz de la ciudadanía. Ecologistas y urbanistas han intentado explicar los daños que generará a la sustentabilidad de la ciudad, pero tampoco ellos han sido escuchados. Comunidades de la zona han sido desplazadas.

Sin embargo, en la lógica del GDF ese es un daño menor e irrelevante frente a los supuestos beneficios de la Supervía. No lo niego, en la administración de Marcelo Ebrard también hay logros positivos. No obstante, el empecinamiento y falta de diálogo del GDF en lo que atañe a la Supervía es reprobable y opaca los logros positivos.

Este caso, pongámoslo así, es controversial, algunos automovilistas están a favor; los ecologistas en contra; los desplazados la rechazan terminantemente; aquellos cuya vivienda se verá afectada no están contentos; en cambio, las constructoras y el propio GDF, los más favorecidos con un proyecto de tal magnitud y con tantos intereses económicos de por medio, buscan a toda costa persuadir a los ciudadanos de la conveniencia de una vía de cuota.

Si su retórica falla, el recurso para imponer sus intereses y su visión es el uso de la fuerza. La noche del sábado 28 de julio la avenida Luis Cabrera, en la delegación Magdalena Contreras, fue invadida por granaderos, policías y trabajadores. Su objetivo –según nos fuimos enterando– era colocar un cerco en la Glorieta de las Quinceañeras, y a lo largo del camellón repleto de árboles y cipreses, para iniciar las obras de construcción del segundo piso que conectará con la Supervía.

Varios vecinos, ciudadanos honorables como el doctor Luis Zambrano, biólogo investigador de la UNAM, y su esposa, Mónica Tapia, salieron al rescate de nuestro espacio y nuestros árboles.

A los vecinos no se nos comunicó nada acerca de esas obras. La glorieta es un símbolo muy querido por la gente de San Jerónimo Aculco Lídice. Apenas hace una semana habíamos tenido ahí un convivio familiar.

Era lógico, y las autoridades del GDF lo sabían, que los vecinos defenderíamos la zona. Por ello, enviaron granaderos. A empujones, patadas y golpes, retiraron a los ciudadanos. Las “autoridades presentes” y un supuesto notario lo niegan. El secretario de Obras del GDF, Fernando Aboitiz, ha declarado ante los medios que no hubo agresiones, a pesar de los testimonios y pruebas audiovisuales de los vecinos.

“Lo más doloroso de todo –dice el doctor Zambrano– no son las heridas y los moretones en el cuerpo, sino el daño a nuestros cipreses”. La actitud del GDF es indignante. Un gobierno autoritario es aquel que sustituye el diálogo por el uso de la fuerza. El GDF pudo haberse comunicado oportunamente con los vecinos para tratar de alcanzar acuerdos. Pero no fue así, una vez que la zona estaba invadida y la gente lastimada, intentaron convocar al diálogo.

Lamento que la “izquierda progresista” sea violenta y autoritaria, y que mienta con tal descaro. Lamento sobre todo la facilidad con que las “autoridades” pisotean los derechos humanos en nuestro país. La madurez ética de una nación se mide, precisamente, por su respeto a estos derechos y por el rechazo a la violencia. Tal parece que México va en retroceso.

Atentamente

Dr. Luis Xavier López Farjeat

Filósofo y ensayista