Señor director:
Le ruego la publicación en Palabra de Lector del siguiente comentario en torno al fraude perpetrado el pasado 1 de julio.
En esta jornada electoral, obviamente, no se esperaba algo mejor conociendo muy bien las prácticas perversas y nefastas, inconstitucionales y antidemocráticas, que el PRI pone en estos eventos políticos de gran trascendencia, como son las elecciones presidenciales.
Ya de antemano se esperaba un panorama gris, turbio y antisocial, pero no tan ruin y perverso como el acontecido el pasado 1 de julio. Triste situación y deprimente escenario político electoral que pone en tela de juicio la honestidad y limpieza de las elecciones ante las demás naciones en las que seguramente existe democracia, legalidad y transparencia en la elección de los gobernantes.
Es desesperante la realidad actual del pueblo de México, en donde los hombres del PRI hacen hasta lo imposible… por cambiar la historia de nuestro país. No es para menos, ya que están en juego los grandes intereses económicos y políticos de los intocables y poderosos dueños del dinero de la nación y de los monopolios televisivos, empresas del entretenimiento que siguen idiotizando, engañando y ocultando la verdad a los mexicanos y a los televidentes de otras latitudes.
Es en realidad muy desesperante ver tanta corrupción por todas partes del territorio nacional, particularmente en el seno del otrora partido de las mayorías en México, como si no tuviéramos suficiente con la inseguridad colectiva, la creciente crisis económica, el galopante desempleo y el hambre y sed de justicia que prevalece en toda la nación.
Con lo acontecido el pasado 1 de julio, toda la serie de irregularidades, desmanes y corrupción que sigue aflorando en nuestro México de las ilusiones y el engaño, no cabe la menor duda de que el pueblo azteca se ganará a pulso el reconocimiento internacional, por lo menos en material electoral, como el país más corrupto.
Porque es una verdadera lástima que se tire a la basura miles de millones de pesos en el pago de lujos y dietas de los bonitos y sempiternos funcionarios del Instituto Federal Electoral, de la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales y del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, instituciones decorativas que necesariamente deben desaparecer y sus titulares rendir cuentas a la justicia por los desmanes que han cometido en daño y perjuicio de los mexicanos en esta pasada contienda electoral, indudablemente la peor que ha tenido nuestro país.
Atentamente
Alberto Ortega Cruz, Tehuantepec, Oax.








