Vanessa Zambotti La ochomesina que se volvió campeona

Ochomesina y con apenas un kilo 800 gramos de peso, Vanessa Zambotti era tan diminuta que cabía en una caja de zapatos. Y aún sobraba espacio…

El neonatólogo les advirtió a los padres que un bebé en esas condiciones tenía muy pocas probabilidades de salir adelante: “El de siete meses puede sobrevivir sin problemas, no así el de ocho meses”, toda vez que la experiencia pediátrica indica que un niño con ocho meses de gestación está más propenso a problemas de lenguaje y de aprendizaje.

A los ocho meses Vanessa batallaba para respirar porque su laringe no se había desarrollado por completo. Asistida por respiradores artificiales duró mucho tiempo hospitalizada. “Está viva de puro milagro, gracias a Dios se logró”, dice su hermana Emma.

Con sus defensas disminuidas sufrió los primeros embates de la fiebre a los seis meses de nacida. Las preocupaciones para sus padres parecían no tener fin, pues al cumplir un año sufrió hepatitis. Cuenta Esther, su madre, que en cuanto superó las adversidades de recién nacida, Vanessa “creció fuerte como un roble”.

En plena infancia sus largos y robustos brazos la distinguían del resto de sus compañeros del colegio. Para entonces su gruesa complexión era motivo de burla por parte de sus compañeros. Víctima del bullyng, rechazada y agredida a causa de su físico, volvía a casa con semblante serio y triste. Su mamá le daba ánimos para que no le afectaran esas muestras de rechazo.

Durante esos años Vanessa sólo cultivó la amistad de Zaira, su compañera de aula en la secundaria en Parral, Chihuahua. Esther dice que esa relación es tan entrañable que todavía perdura, pese a que desde el año 2000 Vanessa no ha dejado de entrenar en la Ciudad de México y su amiga permanece en Parral.

“En la secundaria Vanessa se portaba medio seria porque muchas de sus compañeras la discriminaban. No se juntaban con ella por su aspecto de niña gordita; le hacían el feo y se sentía muy triste, pero nunca tiró la toalla”, dice la madre, quien se ufana de que hoy en día Vanessa sea una atleta consumada: “Ahora todas son sus amigas, incluso aquellas que tanto se rieron a sus costillas por su físico.”

Tesón

 

Vanessa Zambotti Barreto tiene 30 años. Mide 1.72 metros, pesa 125 kilos, viste talla extragrande y calza del siete y medio. Criada con machaca, tortillas de harina y papas con queso al horno, su fuerte carácter lo demuestra dentro y fuera del tatami. El pasado 28 de junio se presentó sin uniforme a la ceremonia de abanderamiento de la delegación que asistirá a Londres 2012, en un acto en Los Pinos con Felipe Calderón. En la víspera, la judoca descargó su ira contra el proveedor de la ropa deportiva a través de su cuenta de Twitter:

“No es posible que son mis terceros Juegos Olímpicos y Atlética siga mandándome ropa que no me queda. Me exigen que sólo porte esta marca, me exigen que use la marca, pero me dan una talla M. Soy una atleta que ha representado a México durante 10 años y no me dan ropa a mi medida.”

Para completar, remató: “Y a los que intentan atacarme por mi peso les digo que lo valgo en oro, como atleta y como persona”.

Pese a que el proveedor de los implementos deportivos prometió que resolvería el problema, Vanessa viajó la semana pasada a Europa sin la ropa oficial de la delegación mexicana.

Esther comenta que su hija asistirá a su tercer ciclo olímpico porque cumple “con todo lo que se propone”. Un día en el hogar familiar les prometió: “voy a subirme a un avión”. Con naturalidad, y mientras atestiguaba frente al televisor el triunfo de Soraya Jiménez en Sidney 2000 –la primera atleta mexicana en conquistar el podio olímpico– se propuso entonces ante sus padres, que aún dormitaban: “voy a ir a los Juegos Olímpicos”.

A los 10 años se inició en el deporte jugando futbol soccer, y cada domingo se desempeñaba como guardameta. El voleibol y el atletismo fueron otros de sus pasatiempos. A esta última disciplina le dedicó mayor tiempo tan pronto llegó a la secundaria, cuando gozaba escuchando la música de Juan Gabriel, pero sobre todo el tema del momento, Querida, que su madre aún conserva en un casete.

La mamá de Vanessa comenta que el cuarto de su hija está tal como ella lo dejó, en espera de que regrese.

“Todavía le tengo reservada su recámara. Tengo la costumbre de que siempre que preparo los alimentos le guardo lo que es de ella. Le gustan mucho las papas en jugo de tomate con quesito. También le guardo su ropa, sus uniformes y su traje de portera… Vanessa se fue muy chica al Distrito Federal y no tuvo tiempo de disfrutar su adolescencia”, cuenta Esther.

Cuando tenía 12 años compitió en diversos torneos nacionales de atletismo, en las modalidades de lanzamiento de disco, bala y martillo, entre ellos el principal certamen para deportistas locales, la Olimpiada Nacional.

Un día, mientras presenciaba una competencia, Vanessa se animó: “me voy a meter al judo”, le confío a su madre, quien la enfrió de inmediato, pues le dijo que le parecía un deporte demasiado rudo para una mujer. “Lo mejor es que tomes este dinero y te inscribas a un curso de computación”. Sin embargo, Vanessa encontró cerrado el instituto de computación y tocó la puerta de al lado; ahí se recibían aspirantes para practicar el judo.

Cursaba el sexto año de primaria cuando acudió a su primer Nacional en la Ciudad de México y ganó las tres medallas de bronce en disco, martillo y bala, cuando ya practicaba ambas disciplinas. En al atletismo obtuvo una beca de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez y como pudo asistió a la Olimpiada Nacional en atletismo y judo; en ambas disciplinas logró medallas. Desde que participa en el judo, desde los 18 años, ha ganado el campeonato nacional “y nunca ha sido derrotada”, se ufana Héctor, su padre.

En Ciudad Juárez especialistas de judo vieron que esta prueba se le daba con relativa facilidad, por lo que en 2000 fue invitada por la federación mexicana de ese deporte para prepararse en la Ciudad de México, donde reside hasta la fecha como atleta de alto rendimiento.

Al año siguiente acaparó todos los reconocimientos en el estado de Chihuahua: Deportista del Año en Ciudad Juárez, Premio Estatal del Deporte, Mejor Atleta de la Universidad de Ciudad Juárez y Deportista del Año de Parral.

Aguerrida y resistente agrandó su palmarés en torneos internacionales: bronce en el Panamericano de Judo de Argentina 2000 –su primera competencia fuera del país–; noveno lugar en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004 y Beijing 2008; oro en los Juegos Panamericanos de 2007 (en Río de Janeiro), y bronce en los Juegos Panamericanos de Guadalajara 2011.

A Vanessa no le he pesado tanto su físico ni el bullyng que padeció durante sus años de primaria y secundaria como las lesiones que ha tenido, algunas graves “al grado de que muchas personas pensaban que la iban a retirar del deporte. Nada más que ella es muy perseverante y ha logrado superarlas”, relata su padre.