El remero Patrick Alexandre Loliger es muy ahorrativo. Y se nota: todos los días llega a su lugar de entrenamiento, el Canal de Cuemanco, en un modesto Focus 1993. Este atleta de 26 años rompe los esquemas de los deportistas actuales, proclives a los lujos y los autos último modelo.
Es quizá el único atleta nacional que invierte en la Bolsa Mexicana de Valores, y está a unos cuantos días de liquidar la hipoteca de una casa que adquirió en Puebla junto con su novia Ana Alicia Ramírez, campeona panamericana de remo. Compraron el inmueble con el producto de sus becas del Compromiso Integral de México para sus Atletas (CIMA), los premios económicos por sus logros en los pasados Juegos Panamericanos de Guadalajara 2011 y las ganancias de sus inversiones bursátiles.
Considerado el mejor remero nacional de las últimas dos décadas, Patrick, quien acude a sus segundos Juegos Olímpicos, representa a México cuando pudo hacerlo por Suiza, donde nació su padre, gerente general de una cadena de casinos en México. En Suiza vivió sus primeros seis años antes que la familia se estableciera en la Ciudad de México. Aquí estudió en el Colegio Suizo y en la actualidad cursa el sexto semestre de la carrera de negocio internacional.
De pequeño se aficionó a los deportes por influencia familiar: a los siete años corría todos los domingos con sus padres en Chapultepec y un día llegó a completar 15 kilómetros. Jugó futbol en Suiza desde los cuatro años. Su abuelo Louis y su tío Ernst militaron en el equipo Basel de la primera división de Basilea, su ciudad natal. En 2009 Patrick visitó a sus abuelos y cuando entró a la tienda del estadio de Basel vio que los nombres de su abuelo y tío están grabados en una placa como los mejores jugadores del club.
En México jugó futbol en el Club España a los siete años. A los 13 participó en la regata de exhibición para niños en el marco del preolímpico de Cuemanco rumbo a Sydney 2000.
Aquel episodio lo marcó para siempre. Desde entonces se ilusionó con representar a México. “Veía a los atletas nacionales que admiraba y mi sueño siempre fueron los remos de México y portar el uniforme del país. Nunca me pasó por la cabeza ni fue mi meta representar a Suiza”.
El pequeño Patrick no perdió detalles de las olimpiadas de Sydney, ya fuera a través del televisor o por los periódicos. Sobre todo se interesó en la actuación de los remeros mexicanos, a los que había saludado en el preolímpico. “Era un orgullo para mí decir que los conocía. Vi el combate que ganó Víctor Estrada en taekwondo y me acuerdo la emoción tan grande que sentí. Hace poco lo conocí y le platiqué lo mismo que ahora. Fueron los primeros Juegos Olímpicos que me marcaron.
“Me gusta ponerme metas. Lucho, entreno y hago todo por lograrlas. Desde chico busqué ser competitivo y quise llevar eso más allá. A partir de ahí me incliné por el remo”, dice Patrick, quien acepta que se desarrolló con gran rapidez en este deporte. A los cuatro meses de ingresar en esta disciplina participó en su primera competencia estatal en la que obtuvo un segundo lugar y su clasificación a la Olimpiada Infantil.
Cinco meses después ganó dos primeros y un segundo lugar en la Olimpiada Infantil. “Portaba el uniforme del Distrito Federal con mucho orgullo y al verme en el podio me encantó. Me propuse seguir haciendo esto”.
Su nivel fue en ascenso: a los 15 años compitió en el tradicional Royal Canadian Henley Regata, el evento más grande del continente, donde ocupó la segunda y sexta plaza en 2000. “Ahí solo pasan al podio al primer lugar y me quedé con esa espinita del segundo lugar, que a la vez me motivó para entrenar con más ganas”. Cinco años después volvió al certamen, esta vez para quedarse con el primer lugar y subir al solitario podio.
Algo similar experimentó en los Juegos Panamericanos de Río de Janeiro 2007:
“En el torneo individual quedé en sexto lugar y fui cuarto en el remo de cuatro personas. Ahora en Guadalajara terminé segundo en el individual y tercero en el de cuatro personas. Me sucedió exactamente lo mismo: en Brasil me quedé con espinita por no lograr medallas y en Guadalajara obtuve dos preseas.”
Este atleta mide 1.88 metros y pesa 86 kilos. Ahora, tras su primera experiencia olímpica en Beijing –terminó en el lugar 15–, la chispa de Loliger permanece inalterable: “La meta de mis primeros Juegos Olímpicos fue clasificar, pero esta vez el propósito es mayor: entreno diariamente pensando en una medalla, con la presea en mente. Sé que es difícil, que aún me falta, que todavía no estoy dentro de los tres primeros del mundo, pero ya estoy cerca y cualquier cosa puede pasar. Más o menos me encuentro entre los 10 primeros lugares.
“Lo difícil del remo, competencia que dura siete minutos, es que muchas veces se decide por centésimas de segundos. Es algo que podría parecer que no es así. Por lo tanto, mi primera meta es entrar a las semifinales; es decir, dentro de los 12 primeros. Y una vez ahí el siguiente objetivo será la final.”
Para ello Patrick ha entrenado 13 años, y al menos dedica entre cinco y seis horas diarias en el ciclo rumbo a Londres. “Las recompensas no tienen comparación con lo que sacrificas: todas las competencias internacionales, representar a México, conocer tantos países y culturas diferentes…
“Es lo que me mueve. Algún día me encantaría ganar una medalla olímpica y hacer más conocido el remo. Por lo menos lo he estado haciendo. Tal vez mucha gente no ubicaba a esta disciplina y gracias a los resultados que he logrado los niños ya me empiezan a conocer. De haber tenido la fama de Ana Gabriela Guevara me hubiera gustado realizar algo por México, mi país.”
La especialidad de Loliger es el scull individual –llamado skiff–, la llamada prueba reina en el remo. El ganador se convierte en automático en el mejor exponente del mundo.
Patrick tiene una cita en Londres el 28 de julio en los heats eliminatorios. Al día siguiente tendrá el repechaje. Las semifinales se realizarán entre el 31 de julio y el 1 de agosto. Y de avanzar, la final lo esperaría el 3 de agosto.








