Rendición de cuentas

Enrique Alfaro convocó a sus seguidores a una asamblea de evaluación el domingo 15 en la Plaza de la Liberación, el mero corazón tapatío. No amagó la lluvia, tampoco brilló un sol esplendoroso; un bochorno bañó a los presentes, nada más. Ante el contento rencuentro de muchos, Alfaro rindió cuentas y definió las líneas a seguir en lo que sigue. Fue orador único del evento. Lo que se obtuvo, dijo, no fue poco: nueve alcaldías, tres ciudades importantes del estado; una fracción de cinco legisladores; una buena cosecha de regidores en los ayuntamientos de casi cada municipio donde se contendió, y el logro mayor: posicionar al movimiento como la segunda fuerza política del estado. Lo que sigue es, concluyó, que esta emergencia ciudadana de hombres y mujeres libres de Jalisco no se desmovilice. Organizarse en los días venideros. Estructurarse y afinar la maquinaria para estar en condiciones de disputarle la estafeta al priismo, que se levantó con las palmas esta vez.

Los asistentes se vieron motivados. No reflejaban el entusiasmo de los momentos esperanzadores de eventos de campaña, donde la moneda está en el aire, pero tampoco transitaban por la explanada caras largas o rostros iracundos. Flotó entre la multitud congregada un ambiente realista, del que sabe que consiguió mucho con casi nada. Se aspiró la satisfacción de un encuentro ciudadano con su propia fuerza, el pulso de lo que se puede conseguir con no bajar las manos y animarse a contender, así sea contra marrulleros profesionales y mapaches acendrados. Se sintió el sabor de una victoria. No total, no completa, pero victoria a fin de cuentas.
En la revisión de los saldos resaltan algunas incongruencias visibles, que se han de atender para corregirlas. La afirmación de que se convirtieron en la segunda fuerza política del estado se respalda con los números oficiales de la contienda. En la disputa por la gubernatura, el PRI alcanzó el 38%, el Movimiento Ciudadano (MC) el 34%. El PAN se desplomó al tercer escalón con menos del 20%. La numeralia demoscópica también refleja el dato. El PAN gobernará a un poco más de medio millón de jaliscienses, los gobiernos con signo de MC se acercan a la cifra del millón de habitantes. Sin embargo, en el congreso las cifras se trastocan: los panistas tendrán una docena de diputados, mientras que los legisladores del equipo de Alfaro ocuparán apenas cinco lugares.
Otra incongruencia notoria brota de la repugnancia declamada contra los partidos políticos y su contumacia. Se pensó neutralizarlos con la pócima de la ciudadanización. Con tal señuelo se crearon muchas ONG y se han colocado en dependencias personajes de probada imparcialidad. Pero todo parece quedar hasta ahora en declamación pura; no hablemos ahora de tribunales de derechos humanos o de institutos de transparencia, para no desviar la mirada. Las instancias electorales, el IEPC, el IFE y sus correspondientes tribunales, todos sin excepción están sometidos a la férula de los partidos y sus malas mañas. Al Congreso y al Ejecutivo se llega por el toril de los partidos y no hay fuerza que modifique estas prácticas. Toda participación ciudadana, a final de cuentas, tiene que ajustarse al rigor partidista, a fuerzas o de grado. ¿Cuánto hemos avanzado en la consecución de estos propósitos de depuración?
Una incongruencia más que clama al cielo nos viene con el cencerro tricolor. Eso de que sus logros se deben a su renovación, al desplazamiento de la cáscara vieja por la nueva piel, será ruido de rocola con que ensayarán hasta aturdirnos. Lo destiló el propio Peña Nieto en una reciente entrevista (La Jornada, 13 de julio): “(El triunfo se debe a que postulamos candidatos de) una nueva generación política. En el Estado de México tuvimos a Eruviel. Puede verse cascareado, pero tiene 43 años. Mientras que el PAN y el PRD tuvieron candidatos de 20 años atrás. ¡De 20 años!… Y las figuras de los otros partidos en esta elección, bueno, con todo respeto, el del PRD es el de hace seis años”.
¿Cómo ajustar esta fabulación autoaclamatoria con el evidente rechazo que la juventud del país hace del propio Peña Nieto? El movimiento juvenil #YoSoy132 tomó como propia ya la tarea de depurar nuestro ambiente y enderezarlo. Los muchachos cuestionan las instituciones, desbarajustan a los partidos, van a parar de pestañas a la legalidad misma y a exhibir a estos próceres inventados en su miseria real. Antes se declararon anti Peña Nieto. Ahora se han propuesto impedir que los poderes fácticos consumen su imposición. ¿Dónde está entonces la empatía solidaria que manifiestan los jóvenes con este PRI remozado, que festina sin rebozo el propio Peña?
Los jóvenes no se tragan el cuento de que la mansa ciudadanía se expresó libre y reflexiva en las urnas, que los resultados oficiales vinculan a todos y que hay que someterse al imperio de la ley. Si no se entiende mal el asunto, nos están invitando a limpiar en serio la casa y a poner orden. De su discurso, audaz y valiente, cual son siempre los discursos juveniles, se colige que dan por atinada la impugnación legal de AMLO. Obrador impugna porque debe ser, por dejar constancia y testimonio de la burla de que es objeto, no tanto él sino toda la ciudadanía que tiene el valor y la posibilidad de manifestarse a su lado. Los señores jueces, parciales y venales, no van a corregir la plana; pero tampoco es respuesta atinada a la burla continuada el silencio emasculado.
Alfaro hizo lo mismo. Impugnó la elección en Jalisco, señaló las mismas causales del proceso nacional: inequidad en el proceso, dispendio de recursos del priismo, intromisión de las autoridades, compra de votos. No podía faltar la Perla Tapatía. En la guerra sucia desatada, los facciosos que medran de la UdeG utilizaron como ariete para la campaña infamante a la propia universidad. De semejante prevaricación se desprenden cargos y tendrán que responder por ellos. La universidad merece respeto; debe volver al cauce de sus tareas sustantivas: la docencia, la investigación y la extensión. Tiene que preservársele del avieso juego de la política inmediatista. Urge hacerlo.
Por ello, vaya un aplauso a los dos movimientos disidentes en la UdeG, Frente Autónomo Universitario (FAU), de los estudiantes, y Colectivo Reflexión Universitaria (CRU), de los docentes, que cumplen ya un año en la brega de la resistencia. Enarbolan como exigencia central la necesidad imperiosa de mantener a esta institución educativa dentro de sus tareas. FAU y CRU, en el desierto udegeísta, parecieran ser los únicos entes sobrios que sobreviven a la borrachera de ignominia que abate a nuestra universidad estatal. Felicidades y a seguir cerrando filas, que ya viene la cargada reaccionaria y habrá que resistirla a pie firme. l