Señor director:
Le agradeceré enormemente publicar en Palabra de Lector el presente escrito, dirigido al presidente del IFE, licenciado Leonardo Valdés Zurita.
Licenciado Valdés Zurita: Primeramente permítame felicitarlo por el cargo tan importante que tiene, pero también decirle que, aun cuando los dos compartimos un país y las mismas tradiciones, no amamos de la misma manera a nuestro México, a la tierra que nos vio nacer y en la que incluso habremos de morir.
Lo anterior lo digo porque yo me muevo en el México real, de carne y hueso, y pude percatarme del hartazgo que el pueblo siente de nuestros gobernantes, de la forma en que han conducido al país, de la fingida democracia que vivimos y de nuestra cada vez más precaria economía. También, sin tener todo el uso de la tecnología a mi alcance, pude darme cuenta de las irregularidades que se cometieron antes, durante y después del proceso electoral, razón por la que me atrevo a preguntarle: ¿Cómo puede legitimar una elección basada en arbitrariedades e irregularidades plenamente documentadas?
¿Cómo puede dormir tranquilo haciendo caso omiso de todas y cada una de esas irregularidades y entregar en manos rapaces lo poco que queda de esta hermosa nación?
Me pregunto igualmente: ¿Cómo el señor Luis Carlos Ugalde y el presidente Felipe Calderón pueden dormir tranquilos sin que los más de 60 mil muertos que ha habido en el sexenio pesen en su propia conciencia?
Sé que democracia significa estrictamente que el poder reside en el pueblo y que, por ende, debe respetarse la decisión de la mayoría. Así, créame que si el triunfo del licenciado Enrique Peña Nieto hubiese sido limpio y transparente, los que no votamos por él lo hubiéramos respetado y acatado, porque de eso se trata, de respetar la voluntad popular, pero tanto usted como yo y la inmensa mayoría de los mexicanos sabemos que no es así.
Es por eso que mi conciencia de ciudadana, mi sentido común y el derecho de expresar libremente mis ideas (sin ofender a nadie, por supuesto) me permiten decirle que me indigna y entristece que entregue este hermoso, verde y sufrido país a unas cuantas manos que se pelean por él como aves de rapiña, como si la mayoría, “la prole” como nos han llamado, no existiéramos.
Tenía en sus manos el timón para guiar a buen puerto el rumbo de nuestra nación. Desperdició una oportunidad de oro para lograr que confiáramos nuevamente en nuestras instituciones, para que su nombre quedara grabado para siempre en nuestra historia y para heredar un apellido ilustre a sus descendientes. No lo hizo… y eso fue una lástima en verdad.
No puedo decir que “todos” porque aquí no aplican los términos universales, pero sí la mayor parte de los ciudadanos teníamos la esperanza de un cambio. Ya habíamos dado oportunidad de gobernar a los dos partidos que han estado en el poder, y no vimos resultados satisfactorios, sino que, al contrario, cada vez más vamos en picada. Era justo que le diéramos una oportunidad a la oposición, ya que estaba en juego lo que queríamos heredar a nuestros hijos: un México más culto, más desarrollado, más justo y equitativo y con opciones de trabajo, pero sobre todo un país libre y soberano. Ahora, con todo lo que se nos viene, es prácticamente imposible, una simple utopía.
Usando la simple y llana lógica, ¿usted cree que los familiares de los más de 60 mil muertos en la mal llamada “guerra” contra el crimen organizado, otras tantas personas que han quedado sin empleo en el SME, o las de Mexicana de Aviación, o los familiares de los niños fallecidos en la guardería ABC, por poner ejemplos claros, habrían aprobado todo lo que representa el PRI o el partido del gobierno actual, los que jamás los escucharon? Usted sabe la respuesta.
En sus manos está ahora escuchar a todas esas voces y darles una solución justa, pero sobre todo legal. ¿Lo hará? Sólo usted lo sabe, pero en fin, parafraseando la última parte del juramento a la Ley Juárez, sólo me resta decirle: Que “Dios os lo premie, y si no, que Él y la Nación os lo demanden”.
Atentamente
Profesora Blanca Luz Melo Zambrano








