Con esta edición llegamos al número 400 de Proceso Jalisco. Son 400 semanas, igual a siete años, siete meses y ocho días de aparecer de manera ininterrumpida.
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Si Enrique Alfaro Ramírez no comete el error de impugnar la elección estatal antes de tener pruebas y mantiene la ecuanimidad, así le sea adverso el resultado, tendrá un activo valiosísimo para futuras contiendas, la más próxima de las cuales será la de 2015 en la cual se votará por presidentes municipales y diputados. Y excandidato de Movimiento Ciudadano capitaliza ahora que desbancó a Acción Nacional, el gran perdedor, en un trienio más podríamos verlo en la misma alcaldía de Guadalajara para saltar desde ahí a la gubernatura. Y es que en el ánimo de muchísimos jaliscienses –tapatíos, principalmente–, el triunfador de la contienda recién concluida fue Alfaro. No les falta razón a quienes así lo creen. El principal motivo por el que el exalcalde de Tlajomulco lograra tan masiva votación, sobre todo en el área metropolitana y su municipio de origen fue porque esos sufragantes esperaban de él que viniera a hacer un cambio substancial en la Universidad de Guadalajara y echara fuera al grupo que encabeza Raúl Padilla López, quien desde hace 23 años decide hace lo que quiere con el multimillonario presupuesto de esa institución. Raúl quita y pone mandos, desde la rectoría general hasta responsables de centros universitarios, direcciones y jefaturas. Alfaro entró en la agenda de la opinión pública y de la gente común y corriente en la zona metropolitana desde que, a pesar de la serie de obstáculos que le impuso su partido –entonces el PRD–, manipulado por Padilla, pudo llegar al ayuntamiento de Tlajomulco. Pero su rompimiento de lanzas con el exrector se dio cuando, a pesar del contrapeso que le hizo, pretendía imponerle en su administración funcionarios del Grupo UdeG. Consciente está la sociedad que de un cacicazgo tan prolongado nada bueno puede esperarse, particularmente cuando esa casa de estudios ha ido dejando de lado sus fines intrínsecos, como son la educación gratuita y la investigación antes que la farándula. Y Padilla, haciendo uso de su inmenso poder y activismo político hacia el interior de la institución –que también se ha hecho expansivo hacia el resto de los partidos–, con su cariz cultural hace negocios que van desde el espectáculo populachero con artistas de moda en la televisión comercial en Cavaret, Calle 2 del Centro Cultural Universitario, Teatro Diana y el Auditorio Telmex. Esto, mientras decenas de miles de los aspirantes (50%) son rechazados de las preparatorias y de las distintas carreras. Por eso, padres de familia y jóvenes, incluidos los universitarios, decidieron votar masivamente por quien sí tendría los arrestos de los que carecieron los gobernadores panistas para meter en cintura al Grupo UdeG. De ahí la esperanza de muchos de que el exalcalde de Tlajomulco ganaría la elección, no obstante algunos prietitos de su arroz como alcalde, como su viaje a Cuba en avión privado y con piloto cuestionado y la costosa construcción de la Unidad Administrativa Municipal, financiada en buena medida por el erario para que la administren empresarios a quienes se les pagará una costosa renta durante 30 años; pero nadie es perfecto. Por ahora más le vale esperar mejores tiempos, que vendrán, y preservarse de no cometer graves errores.
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Por lo que toca al PAN, ni siquiera el primer gobernador de Jalisco, Alberto Cárdenas –considerado como gran activo del panismo venido a menos– pudo obtener la victoria como candidato a la presidencia municipal de Guadalajara. El haber pasado por tantos puestos, ascendentes y descendentes sin importar los cargos, con tal de vivir del presupuesto y estar en la actividad política, el Bebeto se desgastó y su popularidad cayó. Por eso no pudo jalar suficientes sufragios que lo llevaran a la alcaldía. Al paso que va, ¡acaso volverá a su natal Ciudad Guzmán para postularse como candidato a la presidencia o terminará como simple regidor, delegado municipal o gendarme en algún lugar de Jalisco? Sobra decir que en todo esto el gran perdedor es Acción Nacional, que abrió las puertas electoreras a cuantos se asomaron a él como opción y terminaron por pervertirlo por la “arribazón de oportunistas”. Como dijera a este semanario el legendario militante Gildardo Gómez Verónica, el PAN perdió doctrina y perdió todo.








