Para economistas y sociólogos es difícil hacer un balance de logros de los gobiernos de Alberto Cárdenas, Francisco Ramírez y Emilio González, porque dejan la entidad con indicadores económicos y sociales en su nivel más bajo y poco han aportado al desarrollo político de la entidad. Sin embargo, exmilitantes distinguidos y aun cuadros activos del PAN atribuyen la debacle a sus divisiones internas, a la “embriaguez de poder” de unos cuantos y a la pérdida de los principios que dieron origen a su partido.
Si bien el grueso de la militancia panista aceptó el resultado del proceso electoral, sus dirigentes todavía no asimilan el desplome de su partido del primero al tercer lugar.
De acuerdo con las cifras del Conteo Electrónico Preliminar del Instituto Electoral y de Participación Ciudadana (IEPC) de Jalisco, entre 2006 y 2012 el PAN pasó de tener casi 1.3 millones de sufragios a 656 mil en la elección para gobernador. Perdió así casi todo su poder en el estado.
Con 98.31% de las actas para la elección de gobernador contabilizadas, el organismo electoral le daba al aspirante panista Fernando Guzmán Pérez Peláez 49.4% de la votación alcanzada en 2006 por Emilio González Márquez, quien obtuvo el máximo histórico de su partido en la entidad: 1 millón 296 mil 745 sufragios.
En cambio, el PRI se quedó con 87 de los 125 municipios –incluidos los de la zona metropolitana de Guadalajara– y al menos 13 de 20 diputaciones locales de mayoría. Guzmán obtuvo menos de 20% de los votos totales, mientras que Enrique Alfaro Ramírez, del Movimiento Ciudadano, se colocó en segundo sitio con 34%.
Proceso Jalisco recopiló la opinión de panistas en activo y otros que renunciaron o fueron expulsados del partido por denunciar la corrupción y el abuso de poder en que cayeron los nuevos gobernantes. Analistas entrevistados por este semanario dicen que lo mejor que le pudo pasar al estado es que el PAN se vaya del gobierno porque lo dejaron “tronado” en lo económico, en lo educativo, lo social y hasta en lo político, al corromperse y permitir que otros lo hicieran.
A este PAN ya nadie lo resucita, dice Manuel Castelazo Mendoza, quien en 1999 fue expulsado de las filas de ese partido. El pecado de Castelazo fue negarse a apoyar en el Congreso estatal la pretensión del gobernador Alberto Cárdenas de contratar un crédito japonés para abastecer de agua potable y sanear las aguas residuales del área conurbada, beneficiando a empresas privadas, entre ellas una perteneciente a un hermano suyo.
Castelazo no tiene reservas para hablar de los atropellos, las corruptelas, el olvido de los principios del partido y las fortunas que hicieron con los cargos públicos “los advenedizos, entre ellos el propio Cárdenas Jiménez”.
Para el exdiputado local, “el PAN se convirtió en una gran agencia de colocaciones donde lo más importante era obtener jugosos salarios”. Parafraseando a José González Torres, presidente nacional del PAN (1959-62) y candidato a la Presidencia en 1964, sostiene que el partido se prostituyó desde que empezó a recibir subsidios con recursos públicos.
Señala que, no conforme con la riqueza que acaparó, Cárdenas Jiménez “favoreció a amigos y familiares: a su hermano Lázaro Cárdenas lo hizo presidente municipal de Zapotlán El Grande, y a su esposa, Joan Novoa, la convirtió en diputada plurinominal, regidora en Zapopan y otra vez legisladora en el Congreso de la Unión”.
Afirma que en diferentes medidas lo mismo hicieron Martha Ruth del Toro Gaytán, exsecretaria del Medio Ambiente; José de Jesús Álvarez Carrillo, exdelegado de la Semarnat; José María Martínez Martínez, aspirante al Senado de la República –quien colocó a sus hermanos Roberto y Livier en el Congreso del estado, con sueldos superiores a 30 mil pesos mensuales– y Alfredo Argüelles.
Carlos Petersen Biester, quien militó durante 31 años en el PAN y es amigo del excandidato presidencial y expresidente del partido Efraín González Morfín, lamenta que la llegada de su partido a la gubernatura les haya servido a muchas personas para conseguir empleo y olvidarse de la doctrina panista. Y advierte: “Será fatal la vuelta del PRI”.
También excandidato a la presidencia municipal de Guadalajara en 1974 y padre de Alfonso Petersen Farah, Petersen Biester dice que el lado positivo de la derrota es que el PAN se depurará:
“Creo que saldrán muchos del partido, se afiliarán al ganador para volver a tener el trabajo. Creo que el PAN debería purificarse y volver a los principios de doctrina que se olvidaron por completo… Mi hermano Alberto permaneció fiel al partido a pesar de que yo me salí, y él nos comentó que se habían olvidado las instrucciones de doctrina partidaria.”
A pregunta expresa, señala que no todo en los tres sexenios panistas fue tiempo perdido, pues con Alberto Cárdenas el partido sí respondió, pero en el momento en que sus integrantes vieron la facilidad de vivir del presupuesto empezaron los problemas.
Petersen Biester, quien fue secretario de Desarrollo Urbano con Cárdenas Jiménez, dice que es difícil saber “si se logró un cambio a profundidad, porque se cree que la transición es como hacer tortillas, pero no es así. Había que luchar contra sindicatos, contra los privilegios que tenían. Hubo grandes cambios con Alberto Cárdenas; estoy convencido de que no se lograron todos los necesarios, pero luego empezó a inflarse la nómina (…) y ahí vino el desastre”.
Felipe de Jesús Preciado Coronado, expresidente del anterior instituto electoral del estado y posteriormente afiliado al PAN, coincide en que al perder éste la gubernatura tras 18 años “habrá una refundación del partido porque muchos militantes extraviaron los valores y se convirtieron en chambistas. Tener gente en nómina obedeció a indicaciones poco ortodoxas” que causaron el “desgaste” político.
Sobre Fernando Guzmán, Preciado opina que sólo “estuvo en mal momento”, ya que tiene una “trayectoria clara y es el único candidato al que no se le hicieron señalamientos durante la campaña por irregularidades personales”.
Indicadores a la baja
Enrique Cuevas Rodríguez, investigador del departamento de Economía y Sociedad del Centro Universitario de Ciencias Económico Administrativas (CUCEA), asegura que la nueva administración recibirá un estado “tronado”.
“Antes de las administraciones panistas, Jalisco se encontraba en los tres o cuatro primeros lugares de la tabla nacional”, dice, en tanto que ahora la Asociación Mexicana de la Competitividad ubica a la entidad en el lugar 12 “y en la última administración se ha llegado al 16 o 19”.
Especifica que Jalisco es superado por estados como Aguascalientes, Colima, Nayarit y San Luis Potosí, lo que “afecta… a los empresarios y a la clase trabajadora o a los pobres; eso desalienta inversiones o provoca que muchas empresas migren”.
Otro indicador es el nivel de escolaridad, en el que Jalisco ocupa el lugar 11, con 8.7 años, lo que equivale a la primaria más dos años de secundaria. Cuevas informa que en el Distrito Federal el promedio es de 10.5 años; en Baja California Sur y Nuevo León, 9.6; y Baja California Norte, Coahuila y Sonora están por arriba de la secundaria completa, pero “en Jalisco ni siquiera cumplimos con la ley de educación básica completa y obligatoria”.
El tercer indicador señalado por el investigador es el desempleo: Jalisco aparece en el lugar 19 de la tabla nacional. “Ahí comprobamos que Sonora, Baja California Sur y Norte, Sinaloa, Puebla Nayarit, Colima e Hidalgo tienen tasas más bajas que la nuestra”.
Otro investigador de la UdeG, Bernardo Jaén, considera que los sexenios panistas serán recordados por los más de 500 millones de pesos que sus gobiernos desperdiciaron en obras de relumbrón o en estudios sobre proyectos que nunca se concretaron por fallas en la planeación: los Arcos del Milenio –donde se gastaron 80 millones de pesos, cuando se presupuestaron 12 millones–; la presa de Arcediano –cuyos estudios consumieron 400 millones–; y el Tren Eléctrico, que no creció en 18 años, entre otros.
Sobre este último proyecto, Jaén señala que a los panistas les “faltó una visión de conjunto para desestimular el uso del transporte privado y los vehículos particulares; no se conoció de un plan integral para promover otro tipo de transporte masivo”.
En materia de combate a la pobreza, añade, Jalisco se consolidó como uno de los estados donde más crece la marginación. Según Jaén, la entidad comparte esta deshonrosa característica con el Estado de México, que fue gobernado por Enrique Peña Nieto.
“El dinero del erario no se utilizó con honradez, faltó transparencia y proliferaron gastos injustificados”, resume. Y aclara que si bien fue positivo que los gobiernos panistas sí permitieran el fortalecimiento de las organizaciones ciudadanas, luego las ignoraron y aquéllas se convirtieron en sus principales críticos.
Óscar González Garí, representante de la Red Jalisciense de los Derechos Humanos y descendiente de una familia fundadora del PAN, recuerda que Alberto Cárdenas llegó al gobierno estatal con el apoyo de amplios sectores de la población y, entre otras, con la promesa de hacer justicia a los damnificados de las explosiones del sector Reforma el 22 de abril de 1992. Pero su administración se olvidó de ese compromiso y se burló de los damnificados.
Asimismo indica que Francisco Ramírez Acuña, el segundo gobernador panista, reprimió a manifestantes con la fuerza pública, como ocurrió el 28 de mayo de 2004 contra los altermundistas en Guadalajara; pero el peor acto de “soberbia y de miopía gubernamental”, dice González Garí, fue con Emilio González, quien rompió los lazos de entendimiento con la sociedad y les mentó la madre a todos los inconformes con su regalo de 90 millones de pesos a la Iglesia para la construcción del Santuario de Los Mártires, promovida por el cardenal Juan Sandoval.
La purga que viene
Ante el enmudecimiento de la dirigencia local del PAN, el coordinador de sus regidores en el ayuntamiento de Guadalajara, Ricardo Ríos Bojórquez, exige una limpia de los militantes que vendieron su voto al PRI. Sin dar nombres, asegura que algunos fueron sorprendidos en flagrancia cuando promovían el voto a favor de otros partidos, por lo que se debe ponerlos a disposición de la Comisión de Orden para iniciarles el procedimiento de expulsión: “Aquellas personas que no tengan ganas de estar en el partido pues ya que renuncien y, aunque seamos pocos los que tengamos amor por la camiseta, tengamos la oportunidad de reconstruir poco a poco”.
Ríos Bojórquez admite que llegaron a la elección con problemas internos, lo que se reflejó en pobres resultados para el partido. Coincide con los académicos en que varios de sus líderes se “embriagaron de poder” y antepusieron su interés al de la sociedad.
El regidor considera que el proceso electoral estuvo perfectamente organizado y opina que todos los panistas pusieron su grano de arena para llevar a su partido a la debacle. Asegura que muchas denuncias de corrupción contra militantes del PAN salieron de otros panistas y no tenían fundamento.
Desde la tarde del domingo, cuando empezaron a aparecer los primeros datos del PREP, el edificio del partido se fue quedando solo. A diferencia de hace seis años, cuando ganó la gubernatura y todas las alcaldías de la zona metropolitana de Guadalajara, se respiraba un ambiente amargo.
El líder estatal, Miguel Ángel Monraz Ibarra, emitió un comunicado en el que no apareció la autocrítica: “Hoy somos mejores que al inicio de la campaña porque estuvimos con los jaliscienses, porque nos llenamos de ese aliento, de esa alegría, de esa esperanza jalisciense. Este es el principio para ser mejores como ciudadanos y como Acción Nacional”.
En cambio, Ríos Bojórquez señala que sin duda los excesos de Emilio González influyeron en el ánimo de los ciudadanos y marcaron la imagen del partido: “He escuchado que el gobernador escribirá un libro, pues él tendrá que hacer un análisis, todos tenemos que ser autocríticos”.
El 2 de julio, en su reaparición pública, González Márquez se deslindó de la derrota del PAN y la atribuyó a que se negó a hacer alianzas con otras fuerzas políticas. De hecho le pareció “ridículo” que se le culpe de la derrota por la mentada de madre que, en notorio estado de ebriedad, profirió aquella noche de abril. Él más bien cree que Fernando Guzmán perdió porque la candidatura de Enrique Alfaro atrajo la simpatía de muchos ciudadanos y descobijó al panista, con lo cual Aristóteles Sandoval ganó con la diferencia más baja en la historia del estado.
El lunes 2 en la calzada Juan Pablo II y Circunvalación Oblatos, Emilio González supervisó el último paso a desnivel que se construyó en su sexenio, luego del tan cuestionado puente atirantado de López Mateos y Lázaro Cárdenas, en el que se invirtieron más de 500 millones de pesos.
Para no interrumpir la entrevista concedida a Proceso Jalisco ante el inminente aguacero, señaló hacia una funeraria popular que estaba enfrente: “¿Y si nos vamos ahí para estar ad hoc?”.
Ya en materia, insistió en que su gobierno está bien evaluado y reiteró que escribirá un libro en los ocho meses que le restan a su administración, a fin de analizar los motivos de la derrota electoral, porque “en campaña se dicen muchas cosas que pueden ser ciertas o no”.
No obstante, la red social Facebook está plagada de señalamientos en su contra: dispendio, insensatez, insolencia; su alianza con el fugaz rector de la UdeG, Carlos Briseño Torres, al que abandonó en el último tramo y que después se suicidó –lo que motivó a su madre a reprocharle al mandatario: “me lo dejó solo”–; la megalimosna, la mentada de madre; sus incompetentes colaboradores; su ausencia de proyecto y su alcoholismo.








