Editorial No. 15

Editorial
Es normal, y útil, que los jefes de estados vecinos se encuentren para abordar asuntos de incumbencia común Los de México y Estados Unidos han venido reuniéndose desde el comienzo de este siglo, en lazo apenas interrumpido por la conveniencia norteamericana Especialmente desde el final de la segunda guerra, en que al configurarse la actual relación de fuerzas internacionales México quedó adscrito a su vecino, las juntas en la cumbre no han dejado de ocurrir Nunca como ahora, sin embargo, un encuentro de esta naturaleza reviste tan peculiar importancia para nosotros como el que protagonizarán, a principios de la próxima semana, los presidentes López Portillo y Carter
Ambas naciones viven hoy momentos de crisis, si bien las causas de ella son de diverso orden y jerarquía El nuevo gobierno norteamericano se enfrenta a serias dificultades económicas, pero tiene en su favor el dinamismo de un gigantesco aparato productivo asentado a lo largo y a lo ancho del mundo Los problemas de la economía norteamericana no son menores, y tardarán en sanar, pero su condición hegemónica en el comercio mundial la pone en situación favorable Ocurre lo contrario con la economía mexicana, que conoce grados de deterioro increíbles hace una década, cuando nos encontrábamos inmersos en la ilusión del milagro mexicano Esto es lo que le da singularidad al encuentro de la semana venidera
Porque bien se sabe que la componente económica de las relaciones mexicano-norteamericanas es el ingrediente principal de nuestro trato Dos tercios del comercio exterior mexicano conciernen al mercado de los Estados Unidos Vastas porciones de nuestra deuda exterior tienen por acreedores a instituciones estadounidenses Abrumadoramente, la inversión extranjera en México es de origen norteamericano Las dificultades del turismo se originan en Norteamérica Y ese país se ha convertido hasta en importante fuente de empleo para miles de mexicanos, ya sean emigrantes legales o ilegales, o trabajadores de empresas maquiladoras
Pero no sólo eso Otros hilos integran la complicada trama de nuestros vínculos con los Estados Unidos Por diversos caminos, crece la “norteamericanización” de nuestra vida cotidiana Hábitos de consumo y de comportamiento, y aún aspiraciones vitales, nos vienen del norte en un proceso de colonización cultural que parece inexorable En el lindero de lo delictuoso y económico y sus consecuencias, entre ellas la estancia de reos norteamericanos en prisiones mexicanas, cuyo canje ha quedado formalizado mediante una reforma constitucional que no debió practicarse
Estos hilos de aspereza o de conflicto han ido tejiéndose a lo lardo de una historia ya prolongada Sería ilícito esperar que los nudos sean deshechos por el tajo de un encuentro presidencial Este no carece, sin embargo, de validez, no obstante que haya formas institucionales y prácticas sociales s través de las cuales discurre la substancia de nuestras relaciones Negar que sea relevante la reunión entre los presidentes sería arrebatar a la historia el componente que ella reserva a la voluntad de los dirigentes políticos Pero tampoco es posible excederse en la expectativa acerca de los frutos de ese encuentro, por que ni siquiera los titulares de poderes ejecutivos tan vigorosos en la ley y en los hechos como los presidentes de Estados Unidos y México escapan a severos condicionamientos
El desarrollo institucional que, a pesar de mucho, se ha producido en México, impide toda duda objetiva sobre el patriotismo del Jefe del Estado A partir de la convicción de que actúa invariablemente en defensa del interés nacional, sólo hay que esperar de sus condiciones personales y de las circunstancias el mejor resultado de este encuentro, para los mexicanos