De Santiago Cardoso Villegas

Señor director:

 

Le agradecería publicar en Palabra de Lector el siguiente texto en relación con lo publicado en Proceso 1857 bajo el título Después del encontronazo: “No somos carne electoral…”.

Mientras que a juicio de Roland Barthes lo intempestivo es lo contemporáneo,  Agamben señala que, en sus Consideraciones intempestivas, Nietzsche “quiere ajustar cuentas con su tiempo (y) tomar posición respecto del presente”, como lo hace al inicio de la Segunda Consideración: “Esta consideración es intempestiva porque intenta entender como un mal, un inconveniente y un defecto algo de lo cual la época, con justicia, se siente orgullosa, esto es, su cultura histórica, porque pienso que todos somos devorados por la fiebre de la historia y deberíamos, al menos, darnos cuenta de ello”.

Para Agamben, alguien “contemporáneo” es aquel que “no coincide a la perfección (con lo contemporáneo), ni se adecua a sus pretensiones, y entonces, en este sentido, es inactual; pero, justamente por esto, a partir de ese alejamiento y anacronismo, es más capaz que los otros de percibir y aferrar su tiempo”

Javier Sicilia es un contemporáneo en toda la extensión de la palabra, no sólo por la lucidez de su pensamiento, sino por su vocación de poeta que le permite acceder a lo a‑racional, a la expresión de lo inefable, a la experiencia dionisiaca, asiendo su propio tiempo pero, simultáneamente, tomando distancia de éste.  Los que estamos en sincronía con la época no somos precisamente contemporáneos, “ya que, por esta precisa razón, no (conseguimos) verla, no (podemos) mantener (la) mirada fija en ella”.

Y no sólo eso: “contemporáneo es aquel que mantiene la mirada fija en su tiempo para percibir, no sus luces, sino su oscuridad”, haciendo caso omiso de la escenografía de su entorno y viendo lo descompuesto, lo espectral, la muerte, el dolor en la intimidad del corazón del hombre que sufre y la oscuridad en la que vive, paradójicamente, dentro de una fiesta de luz.

“Contemporáneo (también) es aquel que percibe la oscuridad de su tiempo como algo que le incumbe, y no cesa de interpelarlo (…)”.  Para Agamben, “los contemporáneos son raros (…)” porque ello significa “ser capaces, no sólo de mantener la mirada fija en la oscuridad de la época, sino también de percibir en esa oscuridad una luz que, dirigida hacia nosotros, se nos aleja infinitamente”. Sólo el verdadero contemporáneo puede percibir lo que de arcaico tiene el presente.

Por eso Javier Sicilia nos habla de la “conspiratio”, de la “zoe”, de la “bios”, del dolor de las víctimas; por eso besa a los que interpela, porque es consciente de su finitud, de su fragilidad, de su condición humana, de que es un proyecto abierto al mundo y de que, “en el fondo de la fosa, llevaremos la misma vestidura”.

Ahora bien, en la medida en que el discurso político apele únicamente a la racionalidad y a la practicidad del voto útil excluyendo lo a‑racional, el ejercicio de la “contemporaneidad” y el derecho a disentir, propicia un discurso ideológico que trata de imponer su “verdad” a la sociedad.

El movimiento #YoSoy132 nace precisamente de lo a‑racional, de lo dionisiaco, del inconsciente colectivo que abreva en los impulsos prístinos de la juventud y se sublima en un ejercicio de “contemporaneidad”.  Da origen a un planteamiento que mueve el eje del debate hacia una crítica del Estado y de la democracia mexicana que exhibe la imbricación del poder político y los poderes fácticos, vinculados por la corrupción y la impunidad, y a la cual se le dice: ¡Ya basta!

Si aquellos que van a ocupar los puestos de elección popular no me representan, ¿cuál es la razón de que deba votar por ellos? ¿Por qué estoy obligado a escoger, de la fruta podrida, la menos podrida?

El Estado Mexicano no me ha representado genuinamente en ningún momento, porque sólo representa los intereses de los poderes fácticos. Para ambos los mexicanos sólo somos una pieza más en el cálculo biopolítico; vidas que pueden ser sacrificables y prescindibles sin ninguna consecuencia.

La experiencia de la Guardería ABC, sólo por citar un caso, es un ejemplo clarísimo de esta realidad que no queremos ver. Este trágico acontecimiento ilustra de cuerpo entero la decadencia del Estado y de la democracia nacional. Son verdaderos “sepulcros blanqueados”.

Por eso Javier Sicilia y muchos otros mexicanos queremos anular nuestro voto en estas elecciones. Queremos decir ¡Ya basta! No queremos más de lo mismo. Queremos una refundación del Estado mexicano del que nazca un nuevo México, libre del andamiaje de mentiras y falsedades de que está maquillado. Por eso en el movimiento #YoSoy132 y en todos aquellos mexicanos que ejercen la “contemporaneidad” cifro mis más caros anhelos, y aprecio una ventana de esperanza para un México mejor. Un México donde quepan muchos Méxicos. (Carta resumida.)

 

Atentamente

Santiago Cardoso Villegas

San Luis Potosí, S.L.P.

scardosov@gmail.com