De Carlos Hiram Culebro Sosa

Señor director.

Permítame expresar mi opinión en torno a los fragmentos de un libro sobre las drogas, de la investigadora española Araceli Manjón-Cabeza, que fueron reproducidos en Proceso 1855 bajo el título: Legalizar, la solución.

A mi juicio, la legalización de drogas no evitaría su comercio, los narcotraficantes buscarían circunstancias prohibidas para su comercialización (como ofertarlas a menores), y si ésta se autorizara sin ninguna restricción, ¿con qué seguridad subiríamos por ejemplo a un avión, cuando el piloto está “volando” desde antes de partir?

Es cierto que hay fallas en el combate al narcotráfico, como las que detalla Araceli Manjón-Cabeza, pero esos errores no justifican la libre venta de sustancias adictivas.

A las serias repercusiones del alcohol y el tabaco se agregarían las de aquellos productos que actualmente están prohibidos. Por cierto, cabe advertir que, aunque son muchos los muertos por la guerra contra las drogas, son más aún los que fallecen por el consumo de productos legales como el alcohol y el tabaco.

Por último, considero conveniente aplicar las estrategias que sugiere Buscaglia, y me parece indiscutible que las premisas de las cuales partió Calderón deben ser replanteadas… pero sin incluir la legalización de drogas.

Atentamente

Psicólogo Carlos Hiram Culebro Sosa