De Consuelo Durán Acosta

Señor director:

 

Le agradeceré publicar la presente carta en Palabra de Lector.

En Chapultepec, el señor Javier Sicilia, al no encontrar nada que reprochar al licenciado Andrés Manuel López Obrador, ni en su vida privada ni en su vida pública, quiso hacerlo responsable de los malos pasos de algunos miembros de su partido y, además, le atribuyó supuestos defectos de personalidad, como autoritarismo e incapacidad de autocrítica (esta última quizá el señor Sicilia sí la padezca).

Andrés Manuel López Obrador  desde siempre ha alimentado un espíritu de servicio a la sociedad, y ahora, como hace seis años, aspira a encabezar un gobierno que ponga en práctica su proyecto alternativo de rescate de la nación. En tal virtud, debe militar dentro de un partido político, sin que por ello se le puedan reclamar malas acciones de otros miembros del mismo, toda vez que en nuestras normas, ya sean penales, civiles o morales, ninguna persona es responsable de la conducta de los demás.

Podemos decir, entonces, que el señor Sicilia se equivocó al pretender descalificar a  López Obrador  y que, por el contrario, puso de manifiesto que es el único candidato que tiene méritos suficientes para ocupar el cargo más importante de la república.

Por otra parte, el señor Sicilia se equivoca también al pasar por alto que una de las causas de que nuestro país esté atravesando por esta dolorosa crisis es, precisamente, el abstencionismo, que ha permitido el acceso y permanencia en el poder de individuos sin principios a los que sólo importan sus intereses personales.

Si la sociedad atiende el llamado del señor Sicilia a practicar la anulación del voto y el abstencionismo, lo único que logrará es que se perpetúe en el poder la clase política corrupta de la que hoy nos quejamos.

Atentamente

Consuelo Durán Acosta

Ciudad Jiménez, Chihuahua