“Nueva York versus El Zapotito”

La migración convertida en la máxima expresión de la ausencia de oportunidades y de la crisis económica que vive la mayoría de la población de nuestro país es vista a través de los ojos de Verónica Musalem en su obra Nueva York versus El Zapotito, actualmente en el teatro del Centro Cultural Helénico.

Las mujeres en esta obra son las que cuentan su historia. Un mago las hace moverse en el tiempo, reunirse o separarse a pesar del espacio real o imaginado, y la relación madre e hija es el motor de lo que sucede en un escenario lleno de memoria.
Verónica Musalem no requiere de grandes elementos para jugar al teatro, pues la fuerza de las palabras de sus personajes y las situaciones que plantea son capaces de crear realidades más allá de lo tangible. En este realismo mágico que la autora propone, donde no existe la línea divisoria entre la vida y la muerte, las creencias profundamente mexicanas se resignifican. El punto de encuentro es un circo de pueblo en decadencia que magníficamente utiliza la autora como metáfora de nuestro país. Una mujer aguerrida está al frente de él, y su hija la ha dejado para ir a buscar nuevas posibilidades del otro lado de la frontera, donde el inglés y los rascacielos la inundan. Marta Aura, como la madre, y Aída López, en el papel de la hija, son las que llevan la historia con gran brío a pesar de los obstáculos escénicos en los que se encuentran metidas.
Sobresale la intención de la autora de mostrar mujeres capaces de tomar decisiones y llevarlas a sus últimas consecuencias. La madre se emborracha, ríe, insulta y pelea por su sobrevivencia. En la hija se mezclan la ilusión y la derrota, la búsqueda de sentido y el desasosiego; no quiere sucumbir frente a la miseria. El mago, interpretado por Alejandro Benítez, adquiere diferentes personalidades, y si bien es un mago, un actor o un músico, también se convierte en un chamán.
La historia que se plantea en Nueva York versus El Zapotito no es el hilo conductor ni tampoco lo es la anécdota. Lo que sustenta la obra es el deseo de estas dos mujeres por vivir y encontrarse. La estructura es fragmentada y, sin importar dónde se encuentre una y otra, el pueblo abandonado es el lugar en el cual se reúnen. El espectador revive momentos del pasado, pero también otros en que la fuerza del deseo ha hecho realidad. ¿Existió realmente lo que estamos viendo o son simplemente suposiciones de los personajes? La pregunta termina careciendo de sentido, ya que la magia del teatro es lo que hace la realidad.
Así, dos formas de ver la vida convergen y al mismo tiempo las disparan hacia distintas direcciones. Vamos del presente al pasado, al futuro y, sobre todo, a un presente escénico imaginado. Contrasta el circo vivo de sus recuerdos donde se mezclan actos circenses y el cine de aquellos tiempos con lo desértico del pueblo actual. La autora utiliza la farsa hasta llegar al melodrama para mostrar su pasado. La exageración de los comportamientos y las situaciones telenoveleras se muestran de manera grotesca y provocan la risa del espectador.
El director Arnaud Charpentier ha optado por colocar la realidad de estas dos mujeres en una instalación viva, donde las pantallas, las proyecciones en circuito cerrado, la música, el teatro de sombras y el dibujo en un espacio deforme, es lo que sobresale. Resulta llamativo e impacta al espectador este juego escénico visual, pero los caminos que recorre poco tienen que ver con la propuesta dramatúrgica.