De acuerdo con cifras oficiales, durante la gestión de Emilio González Márquez los robos de autos se incrementaron 50% en el estado, sobre todo en 14 municipios, entre ellos los de la zona metropolitana. Tal parece que los delincuentes están practicando un deporte extremo, pues no les importa perder la vida, dice un conductor que ha sido asaltado en dos ocasiones durante los últimos meses, y remata: “Yo pienso que en Guadalajara ya nos llevó la chingada”.
Aun con el nuevo sistema de videovigilancia, en menos de tres años la zona metropolitana de Guadalajara se convirtió en un paraíso para las bandas de robacarros. Las 140 cámaras desplegadas en ese entorno no sirven para nada, como lo demostraron los narcobloqueos de marzo último, dicen los tapatíos.
De acuerdo con la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros (AMIS) en 2011 se disparó este tipo de ilícito. El año pasado los delincuentes lo mismo cometieron robos de unidades estacionadas que asaltos a mano armada a conductores de Tsuru, Sentra, Platina, Jetta, Sedán, Bora, Silverado pick up, Chevy, Ford Lobo y CRV, principalmente, pues son las marcas que más le atraen a la delincuencia organizada.
De los 2 mil 449 municipios del país, tres ciudades –Monterrey, Ecatepec y Guadalajara– concentran cerca de 35% del robo de vehículos. Según el reporte de la AMIS, hasta marzo pasado se registraron más de 2 mil hurtos de ese tipo. Por el número de incidencias, el Estado de México encabeza la lista, seguido por el Distrito Federal, Nuevo León, Chihuahua y Jalisco.
Los afectados aseguran que los autores son jóvenes de entre 19 y 25 años, pero sobre todo les llama la atención la agresividad con la que cometen sus fechorías en Guadalajara, Zapopan, Tlaquepaque, Tonalá, Puerto Vallarta y El Salto. Tal parece que están practicando un deporte extremo, dicen, pues no les importa perder la vida. Algunos incluso sospechan que actúan en contubernio con las autoridades municipales y aseguradoras (Proceso Jalisco 321).
Según los datos de la Procuraduría General de Justicia de Jalisco (PGJ), en tan sólo 14 de los 125 municipios se concentra 80% del robo de vehículos. Al 31 de marzo de 2012 se reportaron 2 mil 248 robos de vehículos en Guadalajara, Zapopan, Tlaquepaque, Puerto Vallarta, Tonalá, El Salto, Chapala, Tepatitlán, Lagos de Moreno, Encarnación de Díaz, Ocotlán, Atotonilco y Ameca.
El primer lugar lo encabeza Guadalajara (34%), seguido por Zapopan (20%), Tlaquepaque (7%) y Puerto Vallarta (5%). Todos estos municipios, por cierto, son administrados por gobiernos emanados del PRI.
En marzo de 2009, empleados de la PGJ denunciaban en estas páginas que las cifras que maneja la dependencia suelen ser maquilladas para minimizar el problema. Incluso hablaron de un triple registro de esa estadística para manipular los datos a partir de las necesidades políticas de las autoridades (Proceso Jalisco 280).
Mencionaron el “blanqueo” de vehículos robados en otras entidades que ingresaban al padrón vehicular jalisciense a causa de las corruptelas de funcionarios de la procuraduría estatal, entre ellos el subprocurador Héctor Gómez Vivián, cercano al titular de la dependencia, Tomás Coronado Olmos.
Pese a las manipulaciones, las cifras de la PGJ revelan que de 2007 a marzo de 2012 el robo de autos pasó de 6 mil 353 a 9 mil 992 en 2011, lo que significa un aumento de 50%.
Los asaltos a Fernando
Fernando Lepe, quien fue asaltado dos veces en los últimos meses en pleno centro de Guadalajara, relata: “El 20 de agosto pasado me levantaron en Juárez y Degollado, a menos de dos cuadras de Palacio de Gobierno. Eran cerca de las 11 de la noche cuando dos tipos armados se subieron a mi camioneta y comenzaron a golpearme e insultarme. Fueron muy violentos, sentí que mi vida peligraba”.
Le quitaron sus tarjetas de crédito y de débito y lo llevaron a varios cajeros. Durante todo el trayecto, que duró dos horas, no dejaron de insultarlo y de amenazarlo; querían demostrarle que ellos tenían el control, dice. Luego de retirar todo el dinero que pudieron lo amarraron con las agujetas de sus propios zapatos, lo despojaron de sus pertenencias y lo dejaron tirado en la calle.
“Me bajaron de la camioneta por el rumbo del panteón Guadalajara, en el Sector Libertad, en una calle que se llama Santa Beatriz. Por paradójico que parezca, todo sucedió en la parte trasera de un módulo de Seguridad Pública que se encuentra fuera de servicio. Sólo faltó que me tiraran un plomazo”, expone Fernando.
Recuerda que uno de sus captores le dijo: “Vamos a hacer un pacto contigo, gordito; te portaste bien. No reportes el robo hasta dentro de dos horas y no tendrás problemas. Yo, aturdido por los golpes y a sabiendas de que no podía hacer nada, le pregunté: ‘¿Entonces quieres que reporte?’. Y él me respondió afirmativamente”.
Fernando asegura que una pareja que pasaba por ahí lo recogió. Más tarde presentó su denuncia. Y entonces empezó “un episodio” que lo hace sospechar que entre policías, aseguradoras y delincuentes hay una cadena de complicidades.
“Cuando yo reporto a la empresa Lo Jack salen a relucir cosas muy extrañas. Un día me hablaron como a las nueve de la mañana de parte de la compañía especializada en localización de unidades vía satélite para decirme que habían ubicado la camioneta. Me pidieron trasladarme a la colonia San Gaspar (en Tonalá), cerca del Periférico, por el rumbo de la colonia Jalisco. De ahí me llevaron a una casa de seguridad donde estaba mi vehículo.
“Yo les reclamé y ellos me dijeron: ‘Ahí está su camioneta’. Les aclaré que sí era mi unidad y les pregunté por qué me habían llevado a ese lugar. Uno de los empleados de Lo Jack me dijo: ‘Así opera esto’, y me pidió sacar el vehículo.
“Le respondí: ‘Me disculpas, pero ya presenté una denuncia ante la Procuraduría de Justicia y estoy a la espera de que un agente del Ministerio Público investigue el caso para que sea la autoridad la que me entregue mi camioneta’. El empleado de Lo Jack insistió en que ellos trabajaban así y me pidió sacar la camioneta del lugar. No me quedó otra alternativa que subir a mi camioneta y sacarla de ahí.
“Me dirigí a mi oficina para mostrarles los documentos de la aseguradora que me pedían. Pero cuando se dieron cuenta de que trabajo en el gobierno me preguntaron: ‘Señor, ¿por qué nos trae aquí?’. Les aclaré que trabajaba en una oficina gubernamental. Eso los desconcertó y comenzaron a reclamarme por haberlos llevado ahí.”
Fernando asegura que no entendió su reacción, menos aun cuando fueron ellos los que al principio lo citaron en una vivienda localizada a la orilla de la ciudad, junto a un baldío en el cual ocultan los vehículos robados. Para no tener problemas, dice, apenas recuperó su camioneta la vendió y compró otra más barata.
Le interesaba más recuperarse de las heridas provocadas por la golpiza que recibió durante el asalto. Tuvo que acudir a la Cruz Verde durante más de dos semanas. “Me revisó un neurólogo y me dijo que mi ojo derecho resultó con afectaciones, igual que mi oído derecho”, expone.
Relata que el día que acudió a recuperar su camioneta vio a una mujer policía de Tonalá con un portafolio suyo en el que solía guardar su cartera, así como folletos de su trabajo, estados de cuenta bancarios e incluso las llaves y una copia fotostática de la factura del vehículo.
Inmersos en el miedo
Ocho meses después, el 15 de marzo pasado, intentaron asaltar de nuevo a Fernando, esta vez sobre avenida República, justo a las afueras de su domicilio. La situación se complicó, pues sus padres salieron e intentaron ayudarle; también aparecieron algunos vecinos, lo que obligó a los delincuentes a huir.
Cuenta: “Esa vez iba llegando a mi casa cuando por el retrovisor observé una pick up con tres jóvenes como de 20 años a bordo. Se bajaron del vehículo, cada uno se colocó un pasamontañas y me amagaron con sus armas. Me pidieron las llaves del auto pero me equivoqué y les di las de la casa.
“Como el vehículo no encendió, uno de los sujetos me gritó: ‘No te pases de verga’ y me exigió la llave del auto con el sensor. Yo se la aventé, pero de manera accidental se activó la alarma y ellos no pudieron mover el vehículo. En ese momento salió la mamá de un vecino, mis papás y 10 personas que se encuentran en una clínica de recuperación ubicada frente a mi domicilio. “Cuando vieron la situación intentaron auxiliarme, lo que obligó a los ladrones a huir. Uno de ellos comenzó a disparar al aire para evitar que los atraparan.”
Después de haber vivido dos asaltos, Fernando comenta: “A los delincuentes no les importa matarte o dejarte con vida. Lo cierto es que a partir de eso tienes que aprender a vivir con miedo, a extremar todas tus precauciones; es como estar en una zona de guerra.
“Ahora, apenas empieza a oscurecer me entra el miedo de la manejada. Si oscurece y estoy en un alto, me inquieto y comienzo a observar al automovilista de al lado o al conductor que viene detrás de mi auto; si veo una camioneta con dos tipos a bordo siempre trato de evitarlos”.
Fernando todavía no se recupera del trauma, por lo que se inscribió en un curso de seguridad: “No puedo llegar a la casa después de las 10 de la noche, porque de inmediato tengo que repensar todo el proceso de bajar del vehículo, abrir la puerta de mi casa, regresar a la camioneta, cerrar la unidad, arrancar y entrar a la vivienda. Y estoy hablando de 30 segundos, que es un mar de tiempo para permitir que cualquier sujeto llegue y te tumbe la camioneta en menos de 10 segundos”.
Incluso pensó en cambiar el portón de su casa e instalar una puerta eléctrica, pero lo desechó porque, dice, “el sistema automático más veloz tarda 24 segundos en abrir y cerrar”; una eternidad. Esta situación lo ha hecho más precavido. Hoy maneja con los vidrios cerrados y con los seguros puestos.
“Yo pienso que en Guadalajara ya nos llevó la chingada. Ya nos robaron la tranquilidad, y ahora en cuanto se hace tarde mis pobres padres están sobre el celular para saber en dónde estoy y a qué hora voy a llegar”.








