Señor director:
Le agradeceré publicar la siguiente carta en la sección Palabra de Lector.
Lo que quedaba del emblemático sitio de la Batalla de Puebla ha sido convertido en una mezcla de parque de diversiones y plaza comercial, donde los Fuertes de Loreto y de Guadalupe han sido redecorados y remodelados, no restaurados. Y ahora pretenden restringir la libre visita al sector, como lo evidencian las rejas en sus accesos.
Con las nuevas obras, transformaron el entorno de la zona: integraron fuentes, arroyos, espejos de agua, pérgolas, esculturas, etcétera, y eliminaron una gran parte del arbolado para dar lugar a construcciones de concreto y acero cuyo destino se sabe al fin: instalación de estacionamientos y locales comerciales que ya están a la venta; además, ampliaron áreas pavimentadas y eliminaron una parte importante de referentes de nuestra memoria histórica.
Asimismo, en el manejo de los espacios exteriores no son claros los criterios paisajísticos aplicados, y en algunas zonas parece que se está en el jardín de un fraccionamiento residencial, con la agravante de que en las vistas perspectivas las fortificaciones han perdido presencia.
Cambiando de escala, los Fuertes fueron seriamente afectados. En el de Loreto las modificaciones no son tan evidentes porque gran parte de ellas quedaron ocultas bajo los nuevos acabados, pero en el de Guadalupe saltan a la vista, pues allí se integró una enorme estructura metálica a modo de cubierta de la antigua nave del templo; se dice que será una sala de exposiciones, pero todo apunta a que ese espacio será dedicado a la explotación comercial. Por si fuera poco, a un lado se construye una torre cuyo propósito se desconoce y que alcanza ya unos 15 metros de altura. Respecto a las esculturas, entre las que hay obra de Contreras, se ignora todo.
El menosprecio del gobierno estatal hacia nuestro patrimonio cultural y ambiental se evidenció nuevamente con la reciente subasta de valiosos inmuebles históricos. Se alegó que a la administración no le son útiles y que no hay recursos para restaurarlos, lo que es difícil de creer ante el patente derroche en afanes conmemorativos.
Frente a tales cambios y los relativos al viaducto y paso deprimido, por los que se removieron importantes vestigios del antiguo sistema hidráulico de la ciudad, la sociedad se pregunta: ¿Dónde está el INAH?
En efecto, en mi institución hay responsabilidades que deberán deslindarse, empezando por las correspondientes a las autoridades de las direcciones general y local del INAH, al igual que de la Coordinación Nacional de Monumentos Históricos.
Por lo mismo, deseamos que prosperen las acciones de protesta que, ante ésta y otras destrucciones, emprendan fuerzas sindicales del INAH y organizaciones de la sociedad civil. (Carta resumida.)
Atentamente
Arquitecta Rutilia Amigón Amigón
Centro INAH Puebla








