Lo alcanzó a advertir Ludger Kellner, el creador del Parlamento de Colonias que, desilusionado por las grillas en su organización ciudadana y por el ominoso rumbo del país hacia el conservadurismo de corte religioso, decidió retornar a su natal Alemania después de casi cuatro décadas de radicar en Guadalajara.
A Ludger Kellner Skiba se le acabaron las ganas de seguir denunciando la corrupción de las autoridades jaliscienses. Después de 36 años de radicar en México y ocho de activismo crítico, el 31 de marzo retornó definitivamente a Alemania, donde nació en 1943.
Y sí, fue cansancio. Tenía el plan de volver a su país desde hace un par de años, pero lo apresuraron la resolución de la Suprema Corte de Justicia de la Nación de no dejar en libertad a la francesa Florence Cassez, la aprobación de las modificaciones al artículo 24 constitucional en el Senado de la República y el hasta ahora impune desastre ambiental que causó el gobierno del estado al construir la Villa Panamericana en el predio El Bajío.
“Un país que va para atrás, ahora con la reforma al artículo 24 constitucional; con la visita del Papa, que fue lamentable y todo mundo vitoreándolo; con el caso de Florence Cassez y no sé cuántos más; con el de la Villa Panamericana, en el cual el presidente municipal de Zapopan (Héctor Vielma Ordóñez) puede decir tranquilamente: ‘todo lo legal a la chingada’. Entonces me queda claro que México pronto va a terminar en niveles medievales y la Inquisición, que ya está avistándose, va a ser el poder principal en el país”, dijo el alemán oriundo de Múnich.
El día anterior a su partida Proceso Jalisco lo entrevistó en su café-restaurante, que fue escenario de exposiciones de arte y de conciertos de músicos locales. Sobre todo, Kellner formó en Guadalajara un movimiento ciudadano que unificó a los habitantes de más de 200 fraccionamientos de la zona metropolitana: el Parlamento de Colonias, que el gobernador Emilio González llegó a considerar su principal adversario político, por la inflexibilidad y certeza de sus cuestionamientos.
Comenta al respecto: “Nos sentimos orgullosos de ese cumplido; eso quería decir que nos tenía más respeto que a todos los demás organismos. Habíamos llegado a penetrar su conciencia y esto se me hacía un logro extraordinario, pero esto llegó a tronar cuando la envidia simplemente estalló”.
La claridad de sus declaraciones, su acción congruente y su marcado desdén por los partidos políticos le valieron el reconocimiento de cientos de ciudadanos, académicos y profesionistas, que vieron en él un perfil confiable para confrontar a los gobernantes. A su vez, Kellner sostuvo siempre que el máximo logro de El Parlamento de Colonias fue invitar a su movimiento a científicos y especialistas que fundamentaran sus posturas con argumentos probados.
En agosto de 2008 Kellner fue llamado por primera vez por el servicio migratorio porque supuestamente había usurpado la presidencia del comité de colonos del fraccionamiento Jardines del Sol.
Pero la verdadera razón, dice el alemán, fue que se oponía al desarrollo del centro comercial La Ciudadela en los terrenos que utilizó el fabricante de teléfonos celulares Motorola. Los activistas del Parlamento de Colonias tenían indicios de que en el subsuelo había material radioactivo, y efectivamente, encontraron talio, un metal muy tóxico con efectos cancerígenos.
Contaminación política
Aunque se casó con una mexicana y tuvo hijos en Guadalajara, Kellner nunca se nacionalizó porque, sostuvo siempre, eso no servía de nada.
Durante cinco años estuvo al frente del Parlamento de Colonias y lo abandonó en 2010, luego de que su vocero, Fernando Estrada, y su hijo –pasante en derecho– aceptaran sendos puestos de asesores que les ofreció el diputado local del PRI Jesús Casillas.
Sin embargo, admite que desde antes había roces personales con sus colaboradores, que recelaban de sus entrevistas en radio, televisión y prensa, y el hecho de que sus declaraciones ocuparan a veces las primeras planas de los diarios tapatíos.
“Organizarse implica que unos se subordinan a otros, porque no es posible tener una organización totalmente horizontal, debe haber algo de jerarquía y estructura en el organismo, personas que tomen mayor responsabilidad para su funcionamiento.
“Ese tipo de jerarquía, entre los tapatíos, y yo diría entre los mexicanos en general, pronto causa envidias, el deseo de quitarte de tu lugar. Ellos quieren ese lugar pensando que da prestigio, cuando son funciones de alta responsabilidad, como fue en mi caso. Muchas veces no duermes… Pero esa gente solamente ve los honores que quisieran tener, el prestigio y la fama.”
Explica cómo le pesó la decisión de la SCJN de no liberar a Florence Cassez, acusada de pertenecer a una banda de secuestradores en un procedimiento ilegal:
“El presidente habla frente a las televisoras diciendo que Cassez es una secuestradora, una asesina, y el pueblo lo vitorea. Dice :‘Sí, presidente. Por fin encontramos uno con valor’. Pero eso es cobarde porque influye en la opinión pública para usarla contra una persona para refundirla en la cárcel sin importar si es inocente o culpable. Lo que le importa es el prestigio electoral y político. Cuánta ventaja para México hubiera dado el presidente si él apoyara la justicia y dijera: ‘el país necesita reconsiderar el caso de Florence y de muchos y muchos en la cárcel’, porque las cárceles están llenas de personas inocentes, torturadas, golpeadas, y a nadie le importa.”
Ahora Alejandro Cárdenas preside el Parlamento de Colonias, pero Kellner señala que ha dejado de atender problemas importantes, como el juicio que el organismo inició en 2009 contra la Villa Panamericana y al que no se le dio seguimiento oportuno.
“El representante legal de ellos (Cárdenas) nunca se molestó en apersonarse ahí, por lo que el juicio se quedó completamente desatendido; el Tribunal Administrativo del Estado de Jalisco nunca lo tramitó más y se lo pasó de un magistrado al pleno, del pleno a un magistrado, y así le dio la vuelta a la manzana.
“Si se hubiera atendido ese juicio, hubiera podido forzarse al presidente municipal a suspender la obra y ese crimen tan grande contra el medio ambiente que se cometió con la construcción de la Villa Panamericana.”
A fin de cuentas, dice Kellner, el Parlamento de Colonias abanderó los intereses del PRI, ya que su abogado principal, Carlos Aldana, es uno de los principales asesores legales de ese partido en el estado, cuando una organización ciudadana no puede admitir en sus filas a funcionarios o militantes de partidos.
Durante su paso por México, en Guadalajara, Kellner vendió cartuchos para máquinas de escribir, fundó una escuela de idiomas, fue violinista de la Orquesta Sinfónica del Estado de México y de la de Guadalajara…
A finales de los ochenta llegó a vivir a la colonia Jardines del Sol, cuya organización de colonos presidiría en 2004. Desde ese cargo se concentró en el cuidado del medio ambiente y la racionalización del desarrollo urbano. Impuesto por la fuerza del dinero y de los políticos, el centro comercial La Ciudadela finalmente se construyó, pero Kellner y los colonos dejaron claro que mantendrían su oposición a las decisiones de gobierno que afecten su calidad de vida.
Cuando se le pregunta si la narcoviolencia influyó en su decisión de irse, Kellner responde:
“No me voy por miedo. La violencia que surgió por una guerra mal entendida y mal ejecutada de la autoridad federal definitivamente aumenta el riesgo físico de vivir en México, pero no es la razón por la que abandono el país, sino la obvia y cada día más descarada ausencia de un estado de derecho que deja a todos los mexicanos, todos los extranjeros, todos los judíos en el país, sin protección, sin garantía de sus derechos más elementales.”
Entre sus proyectos está vincularse con organismos defensores de los derechos humanos para plantear las violaciones a los mismos, la desigualdad en la distribución de la riqueza y la corrupción que prevalecen en México.
“La sociedad tapatía ha ido para atrás –comenta finalmente–; yo siento que la gente tiene menos sed de noticias verdaderas, hay menos involucramiento social de la gente y creo que hoy, después de 36 años, a cada persona le importa mucho más su progreso económico que el progreso social, y esto causa que la sociedad se descomponga de manera sistemática.”








