Si para algo sirvió el más reciente informe anual de actividades presentado por el rector de la Universidad de Guadalajara, Marco Antonio Cortés Guardado, es para confirmar dos cosas: 1) que esa puesta en escena no es para los presuntos representantes de la comunidad universitaria (el sobrado centenar y medio de personas que integran el Consejo General Universitario, CGU, a muchas de las cuales se manda a gayola), sino a la fauna política de la comarca, con la que se tiene todo tipo de atenciones, comenzando por su ubicación en una suerte de zona VIP, y 2) que no hay límites en la demagogia y el cinismo del grupo que controla la UdeG desde el ya lejano 1989, cuando un tal Raúl Padilla López fue ungido como rector y desde entonces (¡22 años y contando!) funge como el inamovible jeque de jeques de la institución pública que, después del gobierno del estado, maneja el mayor presupuesto en Jalisco.
En el primer caso, basta con la fotografía desplegada a todo lo ancho de la plana en la edición del 23 de marzo del diario Mural: en las primeras filas del Paraninfo no figura un solo consejero universitario, pues todas esas localidades fueron reservadas para encumbrados funcionarios estatales y municipales, para representantes de los poderes Legislativo y Judicial, para la mayoría de los candidatos al gobierno de Jalisco (notoria fue, sin embargo, la ausencia de Enrique Alfaro Ramírez, candidato del Movimiento Ciudadano y adversario político confeso del ya mencionado jeque de jeques), para el consejero presidente del Instituto Estatal Electoral y para un exgobernador de Jalisco, entre otros personajes de la vida pública de la entidad y con quienes la cúpula udegeísta tiene o busca tener una relación. Por eso mismo, el pasado 22 de marzo todos ellos fueron atendidos por los hermanos Padilla López, en el papel de atentos anfitriones.
Por lo que hace al cinismo y a la charlatanería, son muchos los ejemplos que se podrían espigar del mencionado informe de Cortés Guardado, a quien los incondicionales de Padilla López en el Consejo General Universitario (CGU) nombraron “rector general sustituto” de la UdeG el 29 de agosto de 2008, apenas unos minutos después de haber destituido del cargo a Carlos Briseño Torres, la misma persona que 15 meses más tarde, el 19 de noviembre de 2009, puso fin a su vida con un disparo en la sien.
Un caso mayúsculo de ese escandaloso cinismo está en el hecho de presentar como timbre de orgullo lo que, en circunstancias normales, sería motivo de vergüenza, pues a nadie que se respete a sí mismo se le ocurriría presumir como ejemplo de “difusión de la cultura” las actividades abiertamente faranduleras que se presentan en el Teatro Diana y el Auditorio Telmex (instalaciones universitarias que se hicieron con fondos públicos y, en primer lugar, con parte del presupuesto de la propia UdeG).
A una persona bien centrada, lo que por lo visto no pretende ser el señor Cortés Guardado, tampoco se le ocurriría resaltar como uno de los logros de su gestión el creciente gasto que la UdeG ha venido haciendo en Los Ángeles, California, para financiar actividades que presuntamente tienen el propósito de “atender” a los mexicanos que residen en aquella región de los Estados Unidos. Eso es demagogia pura; por principio de cuentas, porque las obligaciones de la UdeG están aquí, con la sociedad jalisciense, en territorio jalisciense, y no en el extranjero, donde, aun cuando haya paisanos, el interés que los mantiene fuera de su país es eminentemente laboral y no para asistir a la presentación dramatizada por actores profesionales de un libro de Carlos Fuentes, o a un curso sobre “la novela de la revolución” –y menos aún si lo imparte alguien que no es especialista en la materia, como fue el caso de Hugo Gutiérrez Vega–, o para acudir a la llamada LéaLA, que según la cúpula directiva de la UdeG es el acrónimo de la Feria del Libro en Español en Los Ángeles.
Sobraría decir que los millones de dólares que la cúpula udegeísta ha gastado en este y otros caprichos “internacionales” del exrector Raúl Padilla hacen falta aquí, básicamente para ampliar y mejorar los rezagados servicios que la UdeG está obligada a prestar en su lugar de origen. Lo más grave del asunto es que, según el informe de Cortés Guardado, esto no es una anomalía por corregir, sino uno de los logros de la administración que nominalmente encabeza el susodicho, aun cuando en la práctica sea punto menos que un cortalistones.
Alguien se podría preguntar de qué partida presupuestal de la UdeG sale el dinero para estos despilfarros en el extranjero. La respuesta es que básicamente de la dependencia que en un principio se llamó Secretaría de Extensión, para después ser rebautizada como Secretaría de Vinculación y Difusión, cuyo titular es Igor Lozada, alguien ajeno a la realidad de la UdeG y de Jalisco y a quien no obstante se trajo de Guanajuato el mandamás de la UdeG (no Cortés Guardado, claro está, sino el jeque de jeques). Desde el encumbramiento de Lozada, dicha dependencia, a la que se le suele llamar también Cultura UdeG, está convertida en la caja chica de las empresas y proyectos del exrector Raúl Padilla, pues la mayor parte del presupuesto que se asigna a la dependencia se usa para financiar el Festival Internacional de Cine en Guadalajara, la Feria Internacional del Libro, la Feria Internacional de la Música, la ya mencionada LéaLA y otras ocurrencias que han tenido y siguen teniendo por sede la mencionada ciudad estadunidense.
A fin de que Cultura UdeG pudiera ser una caja chica más eficaz para la causa “cultural” de su jefe, el señor Lozada fue instruido para liquidar y disolver los grupos artísticos institucionales que tenían algún costo para la dependencia, entre ellos la Compañía de Teatro (que funcionaba desde finales de los años setenta) y los grupos de danza Anzar y Gineceo. Y si la guadaña “cultural” de Padilla y Lozada no arrasó también con el Ballet Folclórico de la UdeG fue porque, a diferencia de los integrantes de las otras agrupaciones, los folclóricos nunca han recibido un sueldo.
En otras palabras, fuera de algunas actividades más bien aisladas, en la UdeG prácticamente se ha renunciado, desde hace años, a tener una producción artística propia y sin comillas. En lugar de ello, en la cartelera universitaria destacan espectáculos descaradamente comerciales (Ricardo Arjona, Enrique Iglesias, Mónica Naranjo, Yuridia, Jo Jo Jorge Falcón…), propios para la arena VFG y el teatro Galerías. El colmo es que este tipo de actividades figuran como ejemplo de promoción “de la cultura” en el más reciente informe del rector de la UdeG, que más bien desinforma y, al tiempo que minimiza rezagos y carencias institucionales atribuibles a quienes regentean la institución, anuncia la próxima apertura de una “Universidad de la Tercera Edad”, entre otras ocurrencias.
Por fortuna, la UdeG es mucho más que su cúpula directiva, que si en algo se ha empeñado es en degradar a la institución. La universidad pública de Jalisco también tiene una parte luminosa, en la que se destaca la valiosa labor cotidiana de no pocos maestros, investigadores, estudiantes y trabajadores de distintas áreas, quienes tal vez sin proponérselo encarnan lo mejor y lo más presumible de la casa de estudios que se sostiene con el dinero de los contribuyentes.








