Partidero

Tan conocedor, como pocos, del derecho –al fin doctor–, Jorge Carpizo McGregor (que en paz esté) no sólo manipuló hechos concretos a su conveniencia o conforme lo deseaba su jefe, el presidente Carlos Salinas de Gortari; también manipuló el derecho para salirse con la suya, específicamente en el enredado caso Posadas Ocampo, que él enredó más. Recuérdese que su primera versión fue que el cardenal fue alcanzado por los tiros debido a un fuego cruzado entre narcotraficantes. Y hasta mostró por televisión nacional el famoso juego del “nintendo”, en el que nadie creyó por estos lugares; y menos quienes estuvimos presentes en el estacionamiento del Aeropuerto Internacional poco después de la masacre –murieron seis personas más, entre ellas el chofer del cardenal–, cuando ninguna autoridad se había hecho presente en la escena del crimen, que estaba intacta y así duró varias horas. Ahí se pudo hablar con testigos que vieron cómo tres sicarios rodearon el auto del purpurado y lo atacaron, si no en fuego cruzado, sí en diagonal hacia el pastor católico y el conductor de su Grand Marquis: uno a la derecha, por donde descendía el purpurado, otro por la parte delantera y el tercero por el lado del chofer. Luego, tras las afirmaciones del forense Mario Rivas Souza, quien declaró que los 14 balazos que recibió Posadas “fueron directísimos”, el entonces procurador general de la República tuvo que cambiar su afirmación primera por la tesis de la confusión. Y fue cuando la PGR señaló que al corpulento Posadas Ocampo lo habían confundido con el bajito Joaquín Guzmán, El Chapo. Y un detalle que ignoro si alguien más notó: cuando en la Casa Jalisco se citó a los medios informativos para las dos primeras conferencias de prensa, el boletín que leía el procurador estatal, Leobardo Larios Guzmán (que también en paz descanse), era una copia fotostática del fax enviado directamente desde la PGR de la Ciudad de México, aunque el acontecimiento haya sucedido aquí. Nadie me lo contó. Yo lo miré y por eso doy mi testimonio. ¿Sería para obedecer al pie de la letra los dictados desde el Poder Ejecutivo y entonces, lo que pudo haber sido efectivamente una confusión, lo convirtieron en un crimen de Estado? Ahora bien, ¿por qué quedaron en el estacionamiento del aeropuerto tantas armas largas y uniformes militares y de la Policía Judicial Federal en varias camionetas?

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A propósito del arranque de las campañas políticas, algún desilusionado escribió hace muchos años la fábula “La lección”. Aquí, un fragmento:

El león falleció; ¡triste desgracia!
y van, con la más pura democracia,
a nombrar nuevo rey los animales.
Las propagandas hubo electorales.
Prometieron la mar los oradores,
y… aquí tenéis algunos electores:
aunque parézcales a ustedes bobo,
las ovejas votaron por el lobo.
Como son unos buenos corazones
por el gato votaron los ratones;
a pesar de su fama de ladinas
por la zorra votaron las gallinas;
la paloma inocente,
inocente votó por la serpiente;
las moscas, nada hurañas,
querían que reinaran las arañas…

Gracias al doctor Daniel Ortega por enviar estos versos, publicados en El Cronista del Valle, de Brownsville, Texas, el 26 de mayo de 1926. La hipótesis del especialista Antonio Saborit es que el poema fue escrito por Guillermo Aguirre y Fierro, autor de “El brindis del bohemio”.

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