“La prueba de las promesas”

Juan Ruiz de Alarcón es el autor más sobresaliente, junto con Sor Juana Inés de la Cruz, del Siglo de Oro mexicano. Ignorado y vapuleado en su tiempo, ahora existen un festival, un teatro, calles y hasta jardines con su nombre.

Su teatro se lleva a escena de vez en cuando, en particular sus obras más reconocidas: La verdad sospechosa, Las paredes oyen y El examen de maridos, y es por eso que llama la atención que la Compañía Nacional de Teatro presente La prueba de las promesas con la dirección de Carlos Corona, obra poco conocida pero sí una de las más sobresalientes de este autor.

Aunque nació en Taxco, a los 20 años se fue a estudiar leyes a España, donde radicó hasta su muerte. Volvió alguna vez a México, pero su estancia pasó sin pena ni gloria. Así, la mayoría de sus obras suceden en un ambiente español, en Toledo, como La prueba de las promesas, en Salamanca, Alcalá de Henares o en Madrid. Sus comedias estuvieron influidas fuertemente por las de Lope de Vega. Tanto que, por ejemplo, La verdad sospechosa fue atribuida por un tiempo a Lope y éste, sin ningún pudor, dejó que así se creyera. Por eso Juan Ruiz, en cuanto pudo, se dedicó a publicar sus obras, aunque en esa época no se acostumbraba.

La prueba de las promesas, que se considera fue escrita antes de 1616, utiliza un juego ingenioso de realidades para poner a prueba la sinceridad del amor. La obra aborda la historia de don Illán (en recuerdo del sabio Enrico Martínez), mago y sabio toledano que utiliza los secretos de la nigromancia y la alquimia para crear una ilusión, con el interés de develar la verdadera naturaleza de los dos pretendientes de su hija Blanca. Él quiere casarla con don Enrique, para ayudar a reconciliar a los Toledos y los Vargas, pero ella quiere a don Juan, que tiene fama de galán. A don Juan le da riquezas y honores y a Enrique puras dudas y desamor. Juan Ruiz de Alarcón busca resaltar los valores para él preciados: la humildad, la paciencia y la honestidad por encima del poder y la belleza. Claro que él se identificará con las primeras cualidades, pues su mayor desgracia y con lo que se ganó las burlas de dramaturgos como Lope y Tirso de Molina y poetas como Góngora y  Quevedo, fue su joroba delantera y trasera, su barba rojiza, el ser pequeño y zambo, y sobre todo, por ser pobre, de buenos modales y provenir de “las Indias”.

La prueba de las promesas, que se presenta ahora en la Casa de la Compañía Nacional de Teatro (CNT),contiene las cualidades características de la obra de Juan Ruiz, donde la comedia de enredos está afianzada en el teatro de caracteres; en ella, la psicología de los personajes es lo que principalmente mueve a sus acciones, más que una idea o un símbolo.

Escrita en verso, la puesta en escena de Carlos Corona corre de una manera fluida y natural en el decir de los textos, con el apoyo de Jorge Ávalos. La obra tiene ritmo, el trazo de la dirección es limpio y ágil, y logra que las transiciones y los giros dramáticos sean dinámicas. Como siempre en la CNT, las actuaciones son  sobresalientes, en particular el trabajo de Yulleni Pérez Vertti, quien interpreta a la criada y confidente de Blanca, la cual, además de tener chispa, imprime a su movimiento una gestualidad propositiva, seguramente apoyada por la experiencia en el trabajo corporal de Ruby Tagle.

Es agradable la aparente sencillez de la escenografía, diseñada por Patricia Gutiérrez a partir de una idea de Juliana Faesler, y el ir y venir, cerrar y abrir espacios contribuye a la agilidad de la obra y a su belleza estética y sobria.