Quienes presagiaron que con el fin de 72 años de gobierno priista se acabaría la retórica de la Revolución Mexicana se equivocaron. Desde su toma de posesión, Vicente Fox ha reivindicado la figura de Francisco I. Madero, el héroe olvidado o incómodo del régimen pasado, a quien el presidente ha llamado su inspirador.
Para el historiador Javier Garciadiego, sin embargo, la historia es patrimonio de todos los mexicanos y nadie, ni ningún partido político, puede atribuirse la propiedad de la Revolución Mexicana.
El exdirector del Centro de Estudios Históricos de El Colegio de México (Colmex), egresado del área de ciencias política en la UNAM y doctor en historia por la Universidad de Chicago, asumió recientemente la dirección del Instituto Nacional Mexicana (INHERM), que en 2003 celebrará sus 50 años de vida.
En entrevista con Proceso, el historiador adelanta algunos de los proyectos de su dirección y anuncia su propósito de promover la investigación de todo el siglo XX, no sólo de la década de la gesta revolucionaria, “sin amnesias ni exclusiones de problemas o personajes, por problemáticos que puedan parecer”.
Pues si bien considera a la Revolución como un “momento definidor” del pasado mismo, la urbanización de México y el proceso de democratización de los años treinta, como temas de investigación.
-¿Incluirán el 68 y la guerra sucia de los setenta?
-Absolutamente –contesta con determinación, e insiste:
“No hay exclusiones, amnesias ni miedos a la verdad, la única condicionante va a ser promover estudios rigurosos, serios, no partidistas ni ideologizados.”
-¿El que Santiago Creel no esté a favor de una Comisión de la Verdad que revise sucesos como la guerra sucia, no obstruirá las investigaciones del Instituto (dependiente de Gobernación), que sí pretende abarcar estos periodos?
-No, para nada. Donde yo recuerdo, lo que dijo el secretario de Gobernación es que era partidario de que esas investigaciones adecuadas. Esto es, dado que, probablemente, fueron hechos delictivos, ilegales, deben investigar las instituciones adecuadas.
Los cuestionamientos surgen porque, en opinión del historiador michoacano Luís González y González, “el director del INEHRM puede ser una persona que provenga de la academia (…) Sin embargo, un intelectual en el momento en que depende de un secretario de Gobernación se convierte en un político”. (Proceso, 1255)
Tras disentir con el historiador michoacano, Garciadiego asegura que la Secretaría de Gobernación no es la misma del pasado, pues además de animar la contienda democrática ha abandonado la investigación policiaca. Y esgrime:
“Acepté el cargo porque conocía la libertad de investigación y de acción que tiene el Instituto. He sido asesor, director de investigación, consejero técnico, y nunca hemos sentido presión, sino apoyo por parte de los diferentes secretarios de Gobernación.”
Juzga, además, que la labor de los historiadores no es suplantar a los agentes del Ministerio Público, sino revisar el pasado con un enfoque histórico:
“Además, el mismo nombre de Comisión de la Verdad me parece pretencioso y falaz. Este Instituto va a promover todo tipo de investigaciones desde una perspectiva histórica, incluso si hay un proyecto sobre eso que se llama la guerra sucia, pero no creo que de una investigación histórica resulte un dictamen penal. Las investigaciones policiales van por un lado y las históricas por otro.”
Los proyectos dependerán del interés de los propios historiadores, pues, señala, el director, el INEHRM no hace investigación, sino que brinda apoyo a los trabajos de otras instituciones académicas.
La Revolución no ha muerto
Pese a los certificados de defunción para la Revolución Mexicana extendidos en diversos momentos, Garciadiego la califica como “un fenómeno que atrae el interés no sólo en México, sino en el mundo entero”, y ve en ella una fuente inagotable de investigación.
Repasa algunos momentos en los que se dio por muerto el proceso revolucionario: en 1911, con la firma de los tratados de Ciudad Juárez; el triunfo de Venustiano Carranza; en 1927, cuando se modificó la Constitución para permitir la reelección; en 1940, al terminar las reformas cardenistas, y con las reformas del gobierno de Carlos Salinas de Gortari.
Al triunfo de Vicente Fox el 2 de julio del año pasado volvió a dársele por muerta. Luis Javier Garrido escribió en su columna del 20 de noviembre de 2000 en Proceso:
“El nuevo equipo gobernante no sólo abandonará la retórica sobre ‘la Revolución Mexicana’, sino que proseguirá en la vía que siguieron los últimos gobiernos tecnocráticos priistas, que fue la desmantelar las instituciones sociales creadas por el Estado que se reclamaba del movimiento armado de 1910-1917.”
En contraparte, Garciadiego juzga absurdo decretar la muerte de la Revolución con tal o cual fecha:
“Los procesos históricos no pueden ser aniquilados por una persona o por un partido, son causes históricos.”
El 2 de julio le representa un momento “muy importante” por ser, dice, la consecución en el avance del cumplimiento de uno de los postulados iniciales de la gesta, que fue la democracia y el sufragio efectivo. Y no ve un rompimiento entre el gobierno actual y la Revolución:
“El fortalecimiento del Instituto, la designación de un historiador especialista en Revolución Mexicana, son prueba del interés de este gobierno por su estudio.”
Luego explica que los gobiernos priistas, al no tener legitimidad electoral, salvo el último –aclara-, acudían a los héroes en busca de una legitimidad histórica. Sin embargo, destaca, el 20 de noviembre era una fecha “relativamente incómoda” para ellos y por eso dieron al desfile conmemorativo un carácter deportivo:
“No podían celebrar a Madero y organizaban una justa deportiva. Hoy, en cambio, el 20 de noviembre se celebra personalizándolo en Madero y no de manera abstracta en la Revolución.”
En efecto, la conmemoración foxista se olvidó del Monumento a la Revolución y de los socorridos héroes Zapata, Villa o Carranza, y se realizó en Los Pinos, en el monumento de bronce de Francisco I. Madero, en un ambiente en el que aún se recordaban las comparaciones que el asesor jurídico de la Presidencia, Juan de Dios Castro, había hecho en relación con las críticas a Madero en su época.
-El discurso cambió, pero, ¿sigue habiendo apropiación de símbolos?
-No, el actual gobierno no necesita apropiarse de símbolos, tiene legitimidad electoral, pero, eso sí, reconoce la importancia que tuvo para el proceso histórico nacional la propuesta inicial de Madero.
Según el historiador, el gobierno actual se siente heredero no sólo de la lucha de Madero, sino de los avances democráticos posteriores. Un proceso que, considera, ha beneficiado no sólo al PAN, sino también al PRI y al PRD, que también son gobierno.
-Usted dice que este gobierno no necesita legitimidad histórica, pero justo cuando la Presidencia tiene una crisis de imagen y no ha tenido resultados se invoca más a la figura de Madero y hasta se compara con el hecho de que la prensa quería tirarlo.
-No soy partidario de las comparaciones históricas. Como historiador profesional, estoy convencido de que las circunstancias históricas son las definitorias, y siempre son distintas.
Cada personaje –subraya- debe ser visto en su tiempo, espacio y circunstancias históricas, porque las comparaciones pueden ser “ejercicios intelectuales muy interesantes” pero sólo producen sofismas.
-Pero, al margen de que haya o no puntos de coincidencia, ¿ve en la invocación a Madero una necesidad de Fox de legitimarse o ampararse en la historia?
-No, si se le comprar con los llamados de otros partidos y de otros periodos, ha sido muy discreto. Compárelo usted con gobernantes de otros tiempos en los que prácticamente se vestían como el héroe invocado. La filiación del actual gobierno con los personajes del pasado no es ni remotamente parecida con la que otros partidos pretenden tener.
Hasta ve “hermoso” que la ceremonia del 20 de noviembre fuera “discreta y personalizada en Madero”.
-¿No se corre el riesgo de dejar afuera a otros personajes?
-No, de ninguna manera. Por lo menos aquí, en el Instituto, estamos conscientes de que la Revolución tuvo muchos actores y muchos componentes, muchas banderas.
Y garantiza que para el próximo año organizarán jornadas de análisis sobre la expropiación petrolera y el zapatismo, entre otros temas, en el marco de un programa que busca dar mayor contenido al calendario cívico nacional, con seminarios sobre hechos históricos.
Se ha propuesto también seguir favoreciendo la investigación sobre la Revolución Mexicana colaborando con otras instituciones de educación superior, ya que el INEHRM no hace estudios de punta, de hecho, tiene un cuerpo de investigadores de no más de cinco especialistas abocados fundamentalmente a investigaciones relacionadas con la organización de las actividades de la institución:
“No podemos competir académicamente con la UNAM, el Colmex o la UAM, ni podemos ni es nuestro objetivo, lo que estamos haciendo es dar becas a algunos investigadores –no tenemos recursos para todos, que están haciendo tesis de maestría o doctorado sobre la Revolución Mexicana.
El Instituto continuará otorgando esas becas, en total 10, así como el premio Salvador Azuela. Entre los propósitos de la gestión de Garciadiego está publicar las entrevistas de José C. Valadés a exrevolucionarios mexicanos, con apoyo de su hijo Diego Valadés, exprocurador de la República y ahora rector del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM.
Editará también las investigaciones del senador estadunidense Albert Fuall, quien se entrevistó en la primera década del siglo con senadores norteamericanos que habían tenido alguna experiencia con la Revolución Mexicana.
“El Instituto pretende hacer publicaciones de gran envergadura, que las editoriales comerciales o universitarias no están en capacidad de realizar.”
Garciadiego tiene también proyectos como investigador. Está preparando una breve historia de la Revolución Mexicana para la colección Biblioteca del Estudiante Universitario de la UNAM, un par de ensayos para la Historia de la Revolución Mexicana, que constará de 23 volúmenes y será editada por el Colmex, así como las biografías de Manuel Gómez Morín y Alfonso Reyes.








