No quiso Don Neto hablar de sí mismo. Sí, en cambio, Ofelia su hija. Accedió a trazar ante Julio Scherer García una veloz, sumaria semblanza de su padre, Ernesto Fonseca Carrillo. Ambos están presos en La Palma, uno de los dos penales de Máxima seguridad a que corresponde el título del libro mas reciente del antiguo director general de esta revista.
Cuando el periodista buscó a Fonseca Carrillo –como lo hizo en Almoloya con Rafael Caro Quintero, Mario Villanueva y los generales J. Jesús Gutiérrez Rebollo y Alfredo Navarro Lara, todos presos en relación con el narcotráfico-, Don Neto ya había conseguido una primera exoneración por delitos contra la salud, pero no se había dicho la última palabra al respecto. Ahora así: como regalo de Navidad, Fonseca Carrillo recibió la revocación de la sentencia a 11 años que se le habían impuesto por cultivar mariguana en ranchos de Chihuahua. Como no saldrá libre, porque otras sentencias y procesos se lo impiden, y además ya permaneció en prisión más tiempo (16 años) que el de aquella condena, lo que de seguro vale más para Don Neto es la consecuencia material de esa revocación: se le devolverán seis ranchos y casas, la mayor parte de ellas en Jalisco; y cuentas bancarias por más de 33 millones de pesos.
Tan buena noticia quizá reanime el doble decano de La Palma, “el interno más antiguo y el hombre más viejo en Almoloya”, según palabras de Scherer, que lo vio como una persona “que ya se está yendo”. Con su mirada mas de pintor que de fotógrafo, el periodista lo retrató: “Sus ojos opacos se parecen a la voz desganada”. Apenas sintió su negativa al pedido de una conversación.
Caro Quintero, al que la frágil justicia atribuye los mismos delitos que a Don Neto, confirma el diagnóstico reporteril: “Está mal. Busca en la mesa un vaso y encuentra una taza”.
Completa el perfil Ofelia Fonseca Núñez (Ofelia F. Núñez, como se firma desde que el parentesco paterno la ponía en riesgo, tanto que está como él presa en Almoloya). Ignora, o dice ignorar, la causa de su detención. Habla de su padre, a quien conoce ahora como nunca. Antes lo veía poco, si caso en vacaciones. Su madre casó de nuevo y “él respetaba esa relación”, por lo que frecuentaba a sus siete hijos e hijas. “Cuando fue detenido empecé a tener más contacto con él…Habla poco y cuando la hace me da consejos. No es cariñoso. Sus cariños son palmadas en la cabeza. Ahora que estoy aquí, la vez que lo vi fue un abrazo sin el menor cariño lo que me dio”.
Don Neto aconsejó a Ofelia cómo sobrellevar la prisión: concentrarse en la vida carcelaria, no contrastarla con nada: “Piensa que no existe más que esto. Tú no conoces nada más y si no conoces no puedes extrañar…Piensa que no existe nada más. Si no, no vas a poder sobrevivir”.
Él ha podido, a pesar de sus tres lustros en la cárcel. Cayó preso por casualidad. El 7 de abril de 1985 una operación de la policía preventiva de Puerto Vallarta, en busca de carteristas, descubrió una casa protegida por hombres con armas largas. Eso ya era otra cosa, de modo que se dio aviso a la zona militar. Y de allí salieron soldados que capturaron a los protectores y al protegido. Era Don Neto, a quien la DEA buscaba desde hacía exactamente dos meses. Como a Caro Quintero. Ambos estaban señalados como autores de secuestro, tortura y asesinado de Enrique Camarena, un agente estadunidense de la oficina antinarcóticos de Estados Unidos. En noviembre anterior, los informes de Camarena había conducido a dar “el golpe del siglo”, como lo llamó la revista Time.
El rancho El búfalo era un prodigio de ingeniería agronómica. Y también de ingeniería financiera y de mercadotecnia. Situado en el municipio de Jiménez, no lejos del Estado de Durango,, cuando fue descubierto oficialmente, los investigadores emplearo dos días en recorrerlo. Fueron decomisadas más de 5 mil toneladas de mariguana, sin semilla, de alto grado. Vendida en la calle hubiera importado unos 2 mil 500 millones de dólares. Auxiliados por un completo sistema de riego con agua de pozos, la cultivaban 7 mil campesinos, la mayor parte de los cuales recibieron aviso de sus jefes para que se marcharan: estaban sobre aviso de la operación forzada por la DEA, que canceló tareas a veces protegidas por miembros del Ejército.
Caro Quintero y Fonseca Carrillo reaccionaron con violencia ante el embate que, sin embargo, no los alcanzó personalmente. Decidieron castigar a Camarena y en febrero siguiente lo asesinaron después de torturarlo. Fonseca Carrillo ha negado su participación en el crimen. No en el secuestro, pero sí en su secuela. Por eso, a pesar de que se le sentenció a 40 años de prisión por esos delitos, ha conseguido que se ordene reponer todo el procedimiento. No sería extraño que obtuviera en ese juicio una nueva victoria.
La que le alegró la Navidad, en su víspera, lo exculpa de su participación en El Búfalo. El segundo tribuna colegiado confirmó la revocación de sentencia dictada por el primer tribunal unitario, porque la resolución condenatoria “carecía de la debida fundamentación y motivación”, ya que se había confiado sólo en testimonios indirectos:
“De las declaraciones en el proceso, incluida la de Rafael Caro Quintero, no se obtuvieron elementos para determinar cuándo, dónde y cómo fue que Fonseca hubiese acordado con otras personas sembrar, cosechar y transportar mariguana en el año de 1984 en Chihuahua, específicamente en el rancho El Búfalo… en el rancho Los Juncos, en el municipio de Coyame, toda vez que los testigos aseguraron que el dueño de esas propiedades y de la droga era Caro Quintero, sin que se hubiese hecho imputación alguna a Fonseca”
Nacido en Badiraguato, como Caro Quintero, Don Neto había dejado lejos la pobreza cuando lo aprehendió el Ejército, por posesión y portación de armas de uso prohibido. Tenía sólo en una cuenta de inversión, 29 millones de pesos, y predios y ranchos en Juanacatlán, Jalisco, que miden más de 35 hectáreas. No es una extensión como la de El Búfalo, pero es inequívocamente suya. Cuando se concrete la devolución de sus bienes, la vigorosa defensa de Fonseca Carrillo se hará todavía más poderosa.








