PARÍS.- Por primera vez en 33 años de lucha incansable a favor de la paz entre israelíes y palestinos, Michel Warschawski parece haber perdido su legendaria serenidad y se muestra desanimado.
Escritor, ensayista político agudo y crítico, este intelectual israelí de 52 años y renombre internacional –colabora en numerosos diarios y revistas de Europa, Le Monde Diplomatique, entre otros- dirigió hasta el año pasado el destacado Centro de Información Alternativa (AIC) de Jerusalén, del cual sigue siendo presidente.
A principios de 2001, Warschawski publicó en Francia un libro apasionante y valiente: Israel-Palestina, el desafío binacional, en el que, después de un análisis sin complacencia de la historia y de la esencia del Estado israelí, de la Guerra de los Seis Días y de Líbano, de la primera Intifada, demostraba que, a la larga, la única solución para vivir en paz en la llamada “tierra santa” era la creación de un Estado binacional.
Su denso ensayo empezaba con estas palabras: “El tercer milenio verá probablemente la creación del Estado de Palestina. Lo que llamamos la segunda Intifada es en realidad la guerra de independencia de los palestinos. La violencia sin precedente desplegada por el Ejército israelí y los colonos es tan sólo la expresión a la vez sanguinaria y patética, de una rabia colonia y vengativa ante una rebeldía cuya conclusión es ineludible”.
Hoy Michel Warschawski no escribiría su libro de la misma manera como lo hizo hace un año. No cambiaría su condena de la colonización israelí de Gaza y Cisjordania, pero sería mucho más cauto en cuanto al futuro de los palestinos.
“Desde el proceso de Oslo, yo había excluido la hipótesis de una guerra total contra los palestinos, o de su deportación masiva hacia Jordania. Pero el intento de destrucción de los logros de Oslo –es decir, de una autoridad nacional legítima reconocida por los palestinos- me lleva a pensar de nuevo en hipótesis que parecían caducas y que actualmente son temas de múltiples debates públicos en Israel”, confiesa.
Entrevistado vía telefónica en Jerusalén, donde radica, este inagotable “militante de la paz” conversó largamente con la corresponsal, dejando aflorar de vez en cuando un inmenso desasosiego que comparte con una minoría de compatriotas suyos cada vez más aislados en un país que, al igual que los territorios palestinos, se sumerge progresivamente en el odio.
Y es que la tensión extrema se mantiene entre israelíes y palestinos después de la decisión de Ariel Sharon de rechazar a Yaser Arafat como un interlocutor válido.
En un discurso, que el mismo Ariel Sharon aseguró no haber querido oír, fue considerado como “vana promesa” por casi toda la clase política israelí. Washington lo acogió con prudencia, la Unión Europea lo aplaudió, mientras que los países árabes se dividieron al respecto: Egipto y Jordania apoyaron las decisiones de Arafat; Siria, Irak y Arabia Saudita denuncian su “capitulación”.
En su primer momento, las organizaciones armadas palestinas rehusaron acatar la orden de Arafat, pero el pasado 21 de diciembre Hamas anunció que suspendía sus operativos en Israel; lo mismo hizo Yihad Islámica el 26 de diciembre.
Le costó trabajo al presidente de la Autoridad Palestina arrancar ese acuerdo a los líderes islámicos radicales porque antes, durante y después de su discurso del 16 de diciembre las fuerzas aéreas israelíes siguieron bombardeando los territorios autónomos palestinos, mientras que las fuerzas terrestres mataron a un militante de Hamas y a varios civiles palestinos; detuvieron a decenas de “sospechosos” –el 26 de diciembre no vacilaron en arrestar a 18 militantes de Al-Fatah, organización liderada por Arafat-; arrasaron casas de quienes consideran involucrados en atentados y hostigaron a sus familiares.
Por si fura poco, en un arranque de prepotencia, Ariel Sharon prohibió a Yaser Arafat salir de Ramalah para asistir a la Misa de Gallo en Belén. Ello le provocó críticas a nivel internacional e, inclusive, dentro de la clase política israelí. Ramalah y Belén son dos ciudades autónomas palestinas incomunicadas entre sí por retenes israelíes y esporádicamente invadidas por las Fuerzas Armadas de Israel. Desde que regresó a la tierra palestina en 1995, Arafat suele asistir a esa misa, pero este año no pudo hacerlo: desde el 3 de diciembre está “preso” en su cuartel general de Ramalah, cercado por tanques israelíes.
El Plan Dagan
Otra señal inquietante: la publicación reciente en el importante diario israelí Yedor Aharonot de un amplio artículo en el que e reconocido periodista Alex Fishman describe el Plan Dagan. Ese plan fue elaborado por el general de reserva Meir Dagan antes de que Sharon accediera al poder en febrero de 2001. Dagan se desempeñó como consejero para cuestiones de seguridad durante la campaña electoral del hoy primer ministro israelí. El plan prevé desacreditar y aislar progresivamente a Arafat, tanto en los territorios palestinos como a escala internacional y, una vez reprimida la Intifada, negociar por separado con líderes locales de los territorios palestinos, transformados en un mosaico de “cantones” divididos entre sí y totalmente bajo el control de Israel.
Las “revelaciones” del diario Yedot Ahoronot no sorprendieron a Warschawski.
“El Plan Dagan corresponde a la concepción que es hace de la entidad palestina una parte importante de la clase política y del aparato militar de Israel. Para ellos, esa entidad debería ser una especie de mosaico de ‘bantustanes’ (territorios asignados en función de una raza y una lengua durante el apartheid en Sudáfrica), encabezados por colaboracionistas palestinos comprados y dóciles. Pero las ideas expuestas en ese plan no son nada nuevas. Hace 20 años denunciamos ese proyecto de ‘bantustanización’. Esa opción, por paradójico que pueda parecer, se consolidó a raíz del proceso de negociaciones de Oslo.”
-¿Qué quiere decir?
-En dichas negociaciones, la correlación de fuerzas era sumamente favorable a Israel. Eso obligó a los palestinos a multiplicar las concesiones y a aceptar que se parcelaran sus territorios. Mientras más cedían los palestinos más “soñaban” los israelíes. Y después de parcelar el espacio palestino, los israelíes empezaron a querer parcelar el movimiento nacional y la comunidad palestina.
-¿Es lo que está haciendo ahora Sharon?
-Es lo que planea realizar, pero no creo que lo logre. Los intentos por encontrar potentados locales dóciles son tan viejos como la ocupación. Sharo ya trató de hacerlo en 1982-1983, cuando era ministro de Agricultura. Creó las ligas de pobladores en los territorios ocupados. Luego hubo otros intentos de instalar direcciones palestinas locales sometidas a Israel. Todo eso fracasó. Si Israel no pudo lograr su cometido en épocas en que la OLP tenía menos peso que ahora en los territorios palestinos, me parece difícil que pueda lograrlo actualmente. Apartar el juego político a la Autoridad Palestina me pareces poco factible, pero, por supuesto, no del todo imposible. Si finalmente Sharon lo hace, él debe saber que, en lugar de Arafat, se topará con una dirección nacionalista mucho más radical, o, peor aún para él, con una dirección nacionalista y fundamentalista…
-¿Cómo analiza el discurso de Arafat del pasado 16 de diciembre?
-Arafat está con la espalda contra la pared. Las presiones en contra son múltiples: primero la presión de la violencia de las Fuerzas Armadas israelíes en los territorios palestinos y de los golpes asestados no sólo a los palestinos en general, sino también a la Autoridad Palestina, a sus símbolos, a sus instituciones…Luego tiene encima la presión de Estados Unidos, de Europa y de ciertos países árabes que intenta convencerlo de llevar una política que siempre rehusó aplicar.
-¿Usted alude a la detención de los comandos que perpetran atentados?
-No. Arafat ya dio pruebas de que estaba dispuesto a detenerlos. Estoy hablando de otra cosa. Bajo presión israelí, Estados Unidos, Europa y algunos países árabes quieren llevar a Arafat a atacar lo que Barak antes y ahora Sharon llaman la “infraestructura del terrorismo”. Es un eufemismo para pedirle desmantelar Hamas. Pero Hamas es en realidad un movimiento popular que tiene una sólida base de masas y que encabeza numerosas instituciones civiles.
“Arafat no quiere ni puede desmantelarlo. Antes de ser asesinado, Yitzhak Rabin había entendido que era demasiado exigir eso de Arafat. Rabin se había dado cuenta de que Arafat estaba dispuesto a reprimir a grupos políticos, impedir atentados y operativos en Israel, pero que no podía desmantelar la infraestructura social de Hamas porque eso hubiera llevado directamente a la guerra civil entre palestinos.”
-¿Sharon no entiende lo que entendió Rabin?
-Sharon no quiere solucionar la crisis actual. Sharon quiere que desaparezcan todas las organizaciones que no están dispuestas a acatar en forma incondicional los diktats israelíes. Pedir el desmantelamiento de toda la infraestructura social y popular de Hamas es atacar a 20% de la población palestina. Fue lo que se hizo en Argelia cuando se quiso derrumbar al FIS. Allí están los resultados: años de enfrentamientos sangrientos entre argelinos. Arafat está perfectamente consciente del precio exorbitante que le tocará pagar si intenta desmantelar Hamas. Por eso pienso que no lo hará.
-A su juicio, ¿Sharon busca provocar una guerra civil entre palestinos?
-Sharon quiere mantener la inestabilidad porque cada vez que se logra una tregua o un cese del fuego se plantea la necesidad de echar a andar las recomendaciones del informe Mitchell. Sharon rechaza rotundamente ese informe, que está en total contradicción con su política.
-El informe Mitchell pide detener de inmediato la colonización de los territorios palestinos…
-Por supuesto, y eso Sharon no lo quiere hacer. El informe Mitchell pide también entrar en negociaciones serias. Es decir, hablar de política. Pero Sharon no tiene solución política alguna que pueda negociar con los palestinos. Lo que quiere es el despedazamiento total de Gaza y Cisjordania, y eso sólo lo puede imponer militarmente. Por eso cada vez que Arafat logra arrancar una tregua o un cese de fuego a Hamas, Israel se las arregla para provocar nuevas olas de atentados palestinos. Basta revisar la cronología de los hechos ocurridos en los últimos meses para darse cuenta de eso. De todos modos, Sharon es muy claro al respecto. Se la pasa repitiendo que no hay nada qué negociar…Lo “bueno” de Sharon es que dice lo que piensa y hace lo que dice. O es como Shimon Peres, quien vive haciendo lo contrario de lo que dice y diciendo lo contrario de lo que hace.
Sin opciones
-A nivel internacional, la actitud de Shimon Peres causa perplejidad. Amenaza siempre con salirse del gobierno de unión nacional encabezado por Ariel Sharon, pero nunca lo hace. Hace poco, mientras Sharon desconocía a Arafat como interlocutor, Shimon Peres afirmó que era “posible” concluir un acuerdo con la actual dirección palestina”…
-En Israel, nadie absolutamente nadie, se interroga sobre la actitud de Shimon Peres.
-No entiendo… ¿Nadie está sorprendido, quizás en shock, por las contradicciones del actual ministro de Relaciones Exteriores?
-Nadie. Para todos los israelíes, cualquiera que sea su color político, incluyendo a los mismos laboristas, queda claro que Shimon Peres es el político menos fiable que haya tenido Israel en los últimos 30 años.
-Pero estamos hablando de alguien que tiene un gran prestigio internacional.
-Lo sé. Ese prestigio es incomprensible para los israelíes. Peres, el famoso político de izquierda, es un gran mito. La mejor prueba de que en Israel nadie cree en él es que perdió, en todos los niveles posibles e imaginables, las elecciones en las que se presentó. También tiene fama por eso. Es el único político del país que nunca logró ganar una mínima elección.
-¿Cómo lo definiría?
-Yitzhak Rabin, también laborista, lo calificó de “chanchullero impenitente”. No encuentro mejor definición para este político tramposo que vive engañando a todo el mundo, que traiciona a sus aliados ya los miembros de su propio partido. Sólo le citaré un ejemplo que ocurrió hace pocos días. Los ministros laboristas que participan en el gobierno de unión nacional, incluyendo al canciller Shimon Peres, se pusieron de acuerdo para votar en contra del presupuesto presentado por Sharon. El día del voto, Peres “desapareció”, no votó y dejó solos a los ministros de su partido. Hasta donde se sabe, para “recompensarlo” Sharon le hubiera permitido seguirse entrevistando con dirigentes palestinos, pero siempre acompañado por un emisario suyo…Los diputados laboristas piden a Peres y a los otros ministros del partido salirse del gobierno. Peres, quien encabeza a estos ministros, no hace caso.
-A escala internacional, por lo menos, esa salida tendría un cierto impacto. ¿No cree?
-¡Pero por supuesto que lo tendría! A nivel nacional, la ruptura de la unión nacional debilitaría la posición de Sharon, a nivel internacional dejaría mucho más margen de acción a la Unión Europea y también a Estados Unidos.
-¿El Partido Laborista no puede ejercer presión alguna sobre Shimon Peres?
-Hoy en día el Partido Laborista sólo es la sombra de lo que fue, ya casi no tiene presencia en Israel. Actualmente ni siquiera tiene un jefe. Lleva seis meses así, sin nadie a su cabeza.
-Hubo una especie de empate entre Abraham Burga y Benyamin En Eliezer, los dos candidatos a la presidencia del Partido Laborista, ¿no es así?
-No fue una cuestión de empate. Lo que pasó es que estos dos candidatos reconocieron haber cometido fraudes en las elecciones que los oponían para alzarse a la cabeza del partido. Y desde entonces, no logran ponerse de acuerdo sobre la manera de llevar a cabo nuevas elecciones.
(Finalmente, el 26 de diciembre, algunos días después de la entrevista con Michel Warschawski, Benyamin Ben Elieser fue designado como líder del Partido Laborista. La prensa israelí sólo dedicó algunas líneas a la noticia. Ben Eliese, actual ministro de Defensa del gobierno de unión nacional, está considerado como un “halcón” del Partido Laborista y tiene muchas más coincidencias con Ariel Sharon que con sus congéneres laboristas. Su contrincante Abraham Burga aboga a favor del retiro de los laboristas del gobierno encabezado por Sharon, lo que rechaza rotundamente Ben Elieser.)
-Es una situación patética.
-Así es. El Partido Laborista se derrumbó por completo. Si mañana hubiera elecciones legislativas, es probable que no lograría tener una representación parlamentaria superior a la del Meretz, ese partido de izquierda que cuenta actualmente con 10 diputados. El Partido Laborista se derrumbó ideológicamente hace bastante tiempo, pero ahora está perdiendo toda su infraestructura. No tiene un dirigente carismático, ni siquiera tiene a uno que sea un tanto popular.
-Eso significa que Sharon no tiene a nadie que se le oponga.
-Nadie. Y eso es válido tanto a nivel de la clase política como de la opinión pública. Hoy 75% de a población apoya a Sharon, lo que implica que buena parte del electorado de izquierda lo apoya.
-¡No lo puedo creer!
-Pero le garantizo que así es. No hay otra alternativa en este momento en Israel. O más bien, la única alternativa es Benyamin Netanyau, también del Likud (partido de derecha al que pertenece Sharon), quien es política interior es aún más derechista que Sharon. El electorado de izquierda le tiene pavor a Netanyau y, por lo tanto, está con Sharon.
-Según un sondeo reciente, 32% está integrado por el 25 % que no apoya a Sharon, y el 7% restante se recluta entre quienes están con Sharon. A mi juicio, debe haber mucha más gente que ese 7% hundida en tales condiciones.
-Es difícil entender eso.
-Hay que vivir en Israel para entender que la realidad actual provoca un sentimiento doble y contradictorio en la opinión pública. Por un lado, la gente piensa: “No tenemos otra alternativa. Hay que golpear. Hay que vengarse. Hay que darles una buena lección a todos esos palestinos”. Pero, por otro lado, la misma gente está tan harta que dice: “Hay que negociar de una buena vez, devolverles sus territorios y acabar con tanta violencia”. Hace 10 años que vivimos con ese doble discurso. A veces predomina un aspecto de discurso, otras veces el otro.
-Es un poco esquizofrénico.
-Bastante. La mayoría de mis amigos, que distan de se extremistas, que llevan años militando a favor de la paz, que votan por el Meretz o la izquierda laborista, tienen hoy ese doble lenguaje. Algunos inclusive votaron por Sharon. Ese doble discurso lo oigo todos los días.
-¿Cuál es la posición y la situación del Meretz en ese contexto?
-Con sus 10 diputados, ese partido es la única fuerza de oposición…¡Usted se da cuenta! Su líder y portavoz se llama Yosi Sarid: es un personaje conocido, más no carismático. El Meretz no tiene la capacidad de convocatoria que tuvo hace años el Partido Laborista. Además, sus planteamientos dejan, a mi juicio, bastante qué desear: 80% de sus críticas tiene como blanco a Yaser Arafat y 20% a Ariel Sharon. El Meretz dice que Arafat no es digno de fiar, que apoya el terrorismo y que la política de Sharon no es adecuada. Es todo.
-Por lo tanto, hoy en día no existe en Israel un partido político que tenga un discurso alternativo al de Sharon.
-No lo hay.
Regresión política
-¿Y qué pasa con el amplio movimiento a favor de la paz que fue tan activo en las últimas décadas? Recuerdo a Paz Ahora…
-Ya no queda casi nada de Paz Ahora. Hay varias organizaciones, como Gush Shalom, el movimiento de las mujeres y el de los soldados refractarios, que constituyen una forma de resistencia. ¡Pero esa resistencia es tan irrisoria comparada con lo que hoy se requiere y con lo que fue durante la primera Intifada! En ese entonces, decenas de miles de personas se movilizaban para denunciar la represión en los territorios ocupados. Hoy esa represión es mucho peor y ya no se oye una voz ética que diga: ¡Basta!
-¿Ese movimiento a favor de la paz no puede intervenir en el debate público?
-Sí, sí interviene.- Nos entrevistan, nos publican en la prensa israelí. Hay pequeñas manifestaciones. ¿Pero quiénes nos oyen y quiénes nos ven? El pasado 14 de diciembre, destacados intelectuales israelíes publicaron un gran desplegado de media página en el diario Haaretz, denunciando la situación actual. Pues no pasó nada.
-¿Predican en el desierto?
-Llevo 32 años totalmente sumergido en ese combate a favor de la paz entre israelíes y palestinos, y tengo la impresión de que hemos hecho un gigantesco retroceso de por lo menos 20 años. La guerra de Líbano fue una ruptura en la sociedad israelí: acabó con el consenso, con la unión sagrada, con el discurso único. Por la primera vez en la historia de Israel hubo debates contradictorios en la clase política, en el Parlamento y en la calle. Hoy hemos regresado a lo que era Israel antes de la guerra de Líbano.
Después de un momento de reflexión, Michel Warschawski precisa: “Inclusive, en ciertos aspectos hemos regresado a la época de Golda Meir (ministra de Relaciones Exteriores de Israel de 1956 a 1966 y primera ministra de 1969 a 1974). Para el libro que estoy escribiendo, ahora me toca releer los discursos políticos de esa época. Pues, palabra por palabra, son los de Ariel Sharon: ‘El mundo entero está en contra nuestra. Los árabes quieren destruirnos. Nuestra única opción es combatir’. Al igual que en los tiempos de Golda Mier, se blande una interpretación de la historia judía presentada como un largo pogrom que no ha parado nunca a lo largo de 2 mil años…En los años ochenta se había logrado romper ese discurso. Hoy vuelve con fuerza.
-Lo que describe es una grave regresión política.
-Obviamente. Es también una grave regresión cultural.
-¿Cuál podría ser, digamos, el “detonante” capaz de parar esa regresión?
-Se necesitaría una fuerte crítica, una intervención política e inclusive física de la comunidad internacional. Eso se dio ya en el pasado, durante la guerra de Líbano y durante la primera Intifada. Pero hoy Israel se siente apoyado por Estados Unidos y no realmente censurado por la Unión Europea. Estamos Unidos es el principal socio político de Israel, y Europa su principal socio económico. Si estos socios no ejercen presiones sobre Israel, pues Sharon seguirá sintiéndose fortalecido en su política.
-Hasta ahora es más bien Yaser Arafat quien ha sido objeto de presiones.
-La comunidad internacional no se da cuenta o no quier darse cuenta de su inmensa responsabilidad en la situación actual.
-Por lo visto, a corto plazo no se vislumbra posibilidad alguna de parar esa regresión política y cultural que usted describe.
-No. No quiero ser trágico. La historia siempre da vueltas. Pero por el momento solamente tenemos perspectivas muy oscuras. Aparece de nuevo la opción de un conflicto que no acabará nunca. Peor aún, lo que hicieron primero Barak y luego Sharon fue hacer surgir de nuevo Masada.
Michel Warschawski se refiere al episodio en el año 70 después de nuestra era, cuando los romanos conquistaron Jerusalén y masacraron judíos. Unos 750 sobrevivientes se refugiaron en la ciudad de Masada y resistieron durante tres años al asedio romano. Finalmente, para no rendirse, se suicidaron todos. Ese suicidio colectivo está profundamente anclado en la memoria colectiva judía.
-No me queda muy clara su alusión a Masada. ¿Piensa usted que la política israelí es suicida?
-A largo plazo, por supuesto que lo es. Hoy los palestinos son las víctimas inmediatas de esa política. Como sociedad pagan un precio exorbitante. No estoy hablando solamente de los 800 muertos que cayeron ya en esa segunda Intifada, sino de esa sociedad que, bajo la violencia israelí, se van desmembrando, despedazando, desmantelando con todo lo que eso implica en salud mental para las futuras generaciones…Pero a la larga, quienes pagarán un precio aún más alto no son los palestinos.
-¿Es decir?
-Si sigue esa guerra total y sin piedad, los palestinos sobrevivirán, quizás no en su tierra, sino sumergidos entre 150 millones de árabes. ¿Pero qué pasará con esa comunidad de 6 millones de judíos que se empeña por la guerra? Rechazada y aislada en medio de 150 millones de árabes hostiles, ¿logrará sobrevivir? Lo dudo. Hace 26 años escribí en hebreo un librito cuyo título era La paz o Masada. Con el paso del tiempo yo llegué a pensar que la tesis que exponía en ese ensayo se habían vuelto caducas. Hoy más que nunca están al orden del día. Es más, en el libro que estoy escribiendo ahora, Masada se ha vuelto de nuevo uno de mis temas de reflexión. Pero no soy el único en pensar así. Por lo visto, el presidente Mubarak, de Egipto, piensa igual.
-¿Qué lo lleva a decir eso?
-Hace algunos días, Mubarak fue largamente entrevistado por la televisión israelí. Era obvio que había perdido esa entrevista, que fue en realidad un llamado muy serio a la sociedad israelí. En síntesis, dijo a los israelíes: Hoy ustedes son los más fuertes. ¿Pero cuánto tiempo piensan que va durar esa situación? ¿Cien años? Están locos. Esta situación no va durar tanto. Egipto les ofreció un lugar en la región (gracias al tratado de paz firmado por Menahem Begin y Anuar el Sadat el 26 de marzo de 1979). Los palestinos, que son las primeras víctimas de su presencia en la región, también acabaron por aceptarlos. Pero en lugar de apretar su mano tendida, ustedes empezaron a regatear, a exigir esto y lo otro, y más y más…Y ahora ya rechazan esa mano tendida. Es una locura…
-El panorama que usted pinta es terrible.
-Es nuestra existencia como comunidad lo que está en juego en este momento. Ayer hablaba con mi hija y le contaba que a lo largo de los 30 últimos años, los israelíes y los palestinos tuvieron la suerte de no odiarse. Obviamente los palestinos que vivían bajo la ocupación israelí luchaban contra esa ocupación, había hostilidad de ambas partes. Pero hoy se está desatando un odio étnico, un odio religioso, un odio implacable e inmundo.
-¿Un deseo de matar al otro? ¿El hecho de alegrarse de su muerte?
-Eso es. En ambas partes cada uno dice: O se mueren ustedes o somos nosotros. Es abyecto. Tengo un amigo palestino maravilloso, de muchos años. Juntos llevamos años abregando por la paz. Hace poco lo vi en Ramalah. Ese hombre tan dulce me dijo: “Si no fuera tan cobarde y miedoso, me echaría explosivos encima y me suicidaría en algún lugar atestado de gente de Israelí”. Me dejó sin palabra la profundidad de su desesperanza. A eso hemos llegado.
-Usted acaba de decir que la sociedad palestina se estaba destrozando económica, social y moralmente. ¿Pasa lo mismo con la sociedad israelí?
-Moralmente ya estamos bastante golpeados. En cuanto a la degeneración cultural y social, pues el proceso está en marcha, y si seguimos así, se va a acelerar.
Antes de dar por concluida nuestra conversación, Michel Warschawski “se permite” una confidencia: “Mi hija tiene 20 años. ¿Sabe lo que le estoy aconsejando? Pues que se vaya del país. Desde que tengo 19 años dediqué toda mi vida a la lucha por la paz entre palestinos e israelíes. Creí en esa lucha con toda mi fuerza. Y hoy le digo a mi hija: ‘Vete de aquí’. Ella hará lo que le parezca. Es mayor de edad…Pero yo nunca hubiera podido pensar llegar a eso”.








