Rodolfo Elizondo, a reparar lo descompuesto

José Gil Olmos y María Scherer Ibarra

Tercer intento de Vicente Fox por establecer una relación eficaz entre la Presidencia de la República y los medios de comunicación, el nombramiento de Rodolfo Elizondo al frente de la Dirección General de Comunicación Social tiene en realidad propósito, no enunciado, de tratar de componer lo que dejaron dañado, a lo largo de sus gestiones, Martha Sahagún y Francisco Ortíz Ortíz. Habrá que ver lo que puede lograr quien carece de experiencia en el manejo político de la información.

 

A partir del 7 de enero, cuando ocupe su cargo, el nuevo vocero presidencial Rodolfo Elizondo, el coordinador presidencial para la Alianza Ciudadana, tendrá que recomponer la relación con los medios de comunicación, la mas rozada del gobierno de Vicente Fox.

En entrevista, Elizondo, próximo titular de la Dirección General de Comunicación Social de la Presidencia, aceptó el deterioro de la relación con los medios, particularmente los escritos.

Una vez que el nombramiento sea oficial, la Dirección General de Comunicación Social de la Presidencia, impondrá récord de cambios, con tres titulares en lo que va del sexenio foxista. Rodolfo Elizondo Torres será el tercer titular al frente de dicha área, terreno escabroso y de riesgos donde sus antecesores –Martha Sahagún y Francisco Ortíz- sólo duraron seis meses.

Inexperto en las lides del tratamiento político de la información, Elizondo ha buscado entrevistarse las últimas semanas con representantes de medios y con quienes en las últimas administraciones fueron los responsables del área de comunicación social de la Presidencia.

Así, desayunó en distintos días con los responsables de la comunicación de Ernesto Zedillo y Carlos Salinas: Fernando Lerdo de Tejada y José Carreño Carlón, con quienes intercambió  impresiones sobre el manejo de la oficina de comunicación social y la vocería de Los Pinos.

Lerdo de Tejada ahora a atender su compañía  de estrategia de comunicación a través de la cual ofrece sus servicios a distintos clientes, entre ellos al gobernador del Estado de México, Arturo Montiel, sobre todo para el manejo informativo del nuevo aeropuerto internacional.

Carreño por su lado, luego de sus tareas como embajador en Holanda, permanece como director del Departamento de Comunicación de la Universidad Iberoamericana. No obstante, desde la academia ha mantenido activo su contacto con los medios, mismo que fue aprovechado por su hijo Paulo Carreño King para la presentación del libro de Carlos Salinas de Gortari, a través de la agencia Burson-Marsteller.

Pero no es la primera vez que Elizondo  suple la inexperiencia  en el manejo de los medios de comunicación con ayuda externa. Siendo coordinador de campaña de Fox, contrató los servicios de la empresa Contacto en Medios de los experiodistas José Luis Gaona y Rosario Avilés, quienes diseñaron una estrategia y sirvieron de sparring para enfrentar las conferencias de prensa no sólo a Elizondo, sino también a Fox candidato.

El Empresario maderero de 56 años, hijo de Jesús Elizondo (fundador del PAN en Durango, donde nació el nuevo vocero presidencial) y militante panista desde 1983, cuando ganó la presidencia municipal de Durango, el Negro Elizondo se ha reunido con periodistas al tiempo que construía un plan de trabajo, centrado en  una estrategia  para aminorar el impacto de las refriegas internas en el gabinete presidencial, entre foxistas y panistas.

A principios de diciembre ya estaba tomada la decisión de sustituir a Francisco Ortíz en la Coordinación de Comunicación Social de la Presidencia, aunque se manejaron otros nombres además del de Elizondo. En Bucareli se habló de un panista cercano al secretario de Gobernación, Santiago Creel: se mencionó a José Luis Durán Reveles, subsecretario de Comunicación  Social de la Secretaria de Gobernación, sobre todo después de que su secretario particular, José Antonio Díaz –ingeniero sin ninguna experiencia en medios de información- , se proponía como sustituto de Francisco Ortíz Pinchetti en la dirección de Notimex (inhabilitado por la Secodam para ocupar cargos públicos), con lo cual se intentaba cerrar la pinza en el manejo de la información presidencial.

En estos movimientos, Francisco Ortiz volverá a la Coordinación de Opinión Pública e Imagen, oficina que ocupaba hasta antes del 3 de julio, cuando se casó Martha Sahagún.

Buenas intenciones

Días antes de la toma de posesión de Vicente Fox, su equipo –a través de la entonces vocera Martha Sahagún- dio a conocer las políticas de Comunicación Sobre que debían seguir coordinadores y directores generales de esa área en cada una de las secretarias de Estado y en las oficinas del gabinete ampliado.

Un documento plagado de “buenas intenciones”, dijo entonces Ernesto Villanueva, voz experta en el tema.

El viernes 29 de noviembre, ante funcionarios involucrados, Sahagún advirtió que “el nuevo gobierno” no toleraría ni impunidad ni libertinaje de parte de los medios de comunicación.

Las recomendaciones de Sahagún, de acuerdo con las políticas recién diseñadas, indicaban que los responsables de las oficinas de comunicación de toda dependencia debían evitar filtraciones y entrevistas “de banqueta” así como alejar a los funcionarios de “conflictos necesarios” con la prensa.

Según los lineamientos, estaban obligados a también “desterrar los viejos vicios y obstáculos que limitan el derecho a la información y la libertad de expresión”, es decir, debían mostrarse “abiertos a la crítica”, y “estar a favor de la información objetiva y de los juicios fundados en hechos y datos, no de los rumores y mucho menos de las mentiras”.

Si bien el documento aclaraba que “el ciudadano y los medios de comunicación no tienen el derecho de acceder a toda la información que está en manos del gobierno”, el gobierno foxista se comprometió a consultar al Congreso de la Unión, al Poder Judicial y a la sociedad para decidir qué casos se abrirían y cuáles se mantendrían “en secreto”.

En el texto figuró otra promesa: no limitar la libertad de expresión. Y ya que en las políticas de comunicación social se reconoció que el marco legal regula la libertad de expresión y el derecho a la información era “insuficiente y desfasado”, anunció que se elaboraría otro que hiciera “plenamente” efectivas ambas garantías. Entonces se ofreció, incluso, la creación de la figura del Ombudsman de los periodistas.

Cinco días después, a principios de diciembre, Martha Sahagún- todavía vocera- dijo a los reporteros de la fuente de Presidencia que Vicente Fox consideraba “que un gobierno que no es capaz de comunicar, es un gobierno que no es del todo eficaz”.  Adelantó que ella, o un secretario de Estado, daría una conferencia de prensa cotidianamente. Si fuera necesario, lo haría el presidente, en persona. En punto de las 9:30 de la mañana, los reporteros serían citados y obtendrían información recabada que  atendiera a sus solicitudes informativas.

La vocera y jefa de Comunicación Social de la Presidencia de la República tardó poco en acoplarse a sus funciones. Para finales de año, hablaba de cualquier tema sobre el que se le preguntara y centralizaba la información del gobierno federal. Pero los compromisos en materia de comunicación fueron desvaneciéndose.

Uno de los peores tropiezos de la vocera presidencial ocurrió en mayo, cuando  Castañeda tacho de “ardidos” a los cubanos en respuesta a una crítica del ministro cubano de Relaciones Exteriores, Felipe Pérez Roque. Martha Sahagún dijo que Castañeda había utilizado una palabra “innecesaria”, que hada tenía que ver con la política exterior mexicana. En conferencia de prensa en Los Pinos trató de escurrirse afirmando que el asunto estaba agotado.

No fue así. El presidente Fox festejó el dicho del Canciller como expresión “muy mexicana”: “Él dijo lo que tenía que decir, además, muy bien dicho”. Un par de días más tarde, Sahagún culpó a los medios de buscar contradicciones en el grupo foxista.

En aquellas fechas, era público que el proyecto que garantizaría a los ciudadanos al acceso a la información pública federal había confrontado a los secretarios Santiago Creel y Francisco Barrio. Para frenarlos, Fox designó a Martha Sahagún responsable del proyecto de la Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública. La vocera anunció que la iniciativa sería enviada al Congreso en septiembre, después de incorporar las respuestas de la sociedad.

Ese proyecto fue criticado severamente por expertos periodistas. La ley, en síntesis, parecía estar elaborada a conveniencia del gobierno: entre muchos otros defectos, le otorgaba al presidente absoluta discrecionalidad para reservarse la información que considerara debía guardarse en secreto, y habia mantenido  a los ciudadanos al margen de su elaboración.

En medio de la crítica a la iniciativa de ley de acceso a la información y al gobierno de Vicente Fox por falta de resultados, Martha Sahagún informó a Proceso que el presidente, además del informe constitucional, rendiría cada tres meses informes adicionales “menos formales” y que los secretarios de Estado harían lo mismo mes a mes.

“Dijimos que éste sería un gobierno que permanentemente estaría informando. Creo que no hace daño más información”, anotó.

El primer y último informes trimestrales decepcionaron. El 16 de mayo en el salón Adolfo López Mateos de Los Pinos, Fox leyó un “balance” a casi seis meses de inicio de su gobierno. El discurso no duró más de 15 minutos, y lo atestiguaron sólo reporteros y directivos de medios de comunicación.

El 2 julio, aniversario de la elección y cumpleaños del presidente, Vicente Fox y Martha Sahagún contrajeron matrimonio civil. El relevo de la vocera se impuso y el cargo quedó en alguien de confianza que la sustituyó en la Coordinación  de Comunicación Social de la Presidencia de la República Francisco Ortiz Ortiz.

Además de esa función, por acuerdo publicado en el Diario Oficial de la Federación, Ortiz quedó también al frente de Coordinación de Opinión Pública e Imagen, como lo había hecho desde un principio. El doble cargo incluía ser vocero del presidente, dirigir las relaciones públicas, coordinar con la Secretaría de Gobernación la difusión de la información generada por la Presidencia y elaborar estudios de opinión, entre otras tareas.

Plumas tan respetadas como la de Miguel Ángel Granados Chapa cuestionaron que un “imagólogo” asumiera ese puesto. En Reforma, Granados escribió que se abría el riesgo de convertir la información en propaganda.

Segundo en la cadena de mando, Juan Ignacio Zavala había escandalizado poco antes. Todavía director de Comunicación Social de la Secretaría de Relaciones Exteriores, publicó en su artículo en Milenio una respuesta inusual a los críticos del presidente: “No mamen”.

Animada por las encuestas que, aseguraba, señalaban que el presidente recuperaba la popularidad perdida por el Toallagate, en la oficina de Ortiz se analizaba la desaparición de la vocería. Supuestamente, se sostenían las conferencias de prensa de los lunes para anunciar las actividades del prensa de los lunes para anunciar las actividades del presidente (la frecuencia había disminuido del diario a lo semanal) y se proponía procurar una mayor presencia de las secretarías de Estado y otras dependencias gubernamentales para hacer pública la toma de decisiones, y la definición de proyectos y estrategias. Había que descentralizar la información del gobierno federal. De esta manera, habría más de un vocero y la figura presidencial no sufría tal desgaste. Pero no fue así.

Luego de las controversias que generó Martha Sahagún cuando fijaba las posiciones del gobierno federal, Ortiz declaró a Proceso que esperaba que no se cruzaran más las líneas del gabinete.

Posteriormente, cundió el rumor de que Carlos Salomón Cámara, director de Comunicación Social a principios del gobierno de Ernesto Zedillo, y colaborador de Martha Sahagún, había dejado su oficina en Los Pinos. En un principio, se dijo que el funcionario sanaba de una operación reciente; luego se confirmó que se le había dado de baja.

La presencia de Salomón en el equipo de Sahagún había generado cuestionamientos por las irregularidades detectadas durante su paso como director de la Lotería Nacional, aunque fue exonerad por la Secodam, según informó Sahagún a principios de abril.

No obstante, el cambio de encargado en Comunicación Social no mejoró las relaciones entre la prensa y el gobierno foxista.

En la segunda mitad de su primer año de gobierno, Vicente Fox se mostró locuaz y despreocupado. En su última gira por Europa besó a su esposa en la Plaza de San Pedro, aunque visitaron al Papa por separado, presumió las botas de charol que usaría en la cena con los reyes de España, y en la Real Academia de la Lengua Española cambió el nombre y el apellido a Jorge Luis Borges.

A su regreso, Fox se quejó. Amargo, reclamo que no se tomaran en cuenta los alcances de sus logros. En su programa sabatino de radio, el presidente clamó encontrarse “bajo una metralla impresionante de ataques” y se declaró “víctima de una sarta de babosadas que no tiene la menos importancia para nuestro país”. Rompió con los medios cuando advirtió: “Ni se crean que me van a tumbar a mí con críticas de periódicos”.

Más tarde quiso corregir. Sostuvo que “no estaba enojado” con la prensa, pero en entrevistas con Jacobo Zbludovsky y Pedro Ferriz, había añadido que los medios desgastaban, debilitaban y erosionaban a la Presidencia porque les había suspendido los embustes y los sobornos.

A los 10 días de cumplir su primer año de gobierno, el presidente sabía bien que no contaba con la prensa que lo apapachó en campaña. Reunido su gabinete, lo instruyó a publicitar las acciones realizadas en el gobierno, particularmente en materia de desarrollo social. La orden fue su promesa de hace un año: “Informar, informar, informar”.

Vacunado contra los alacranes

Apenas el jueves 6 de diciembre, Rodolfo Elizondo dijo en una entrevista en el periódico El financiero: “¡Por supuesto, ya estoy vacunado contra todo tipo de alacranes!”.

La expresión hacía referencia a los alacranes que había en su tierra duranguense, y aludía a los problemas que enfrentará no sólo con los medios de información, sino también con los políticos, porque a lo largo de su carrera política El Negro Elizondo ha tenido fuertes conflictos con algunos de sus compañeros, entre ellos Diego Fernández de Cevallos

Elizondo ha sido cinco veces candidato a puestos de elección popular y de ellos ha perdido en dos ocasiones como aspirante a la gubernatura de Durango. En 1992 fue el primero que logró una alianza del PAN y PRD, partidos que lo lanzaron como aspirante al gobierno de su estado. Fue ahí cuando El Negro recibió  los primeros desaires de Fernández de Cevallos, pues éste “nunca estuvo de acuerdo con la alianza; de hecho, cuando se votó en el Comité Ejecutivo Nacional, Diego no asistió”, reconoció Elizondo. (Proceso 1195)

Más tarde, en 1993, durante la contienda interna por la presidencia del PAN, los dos personajes nuevamente se enfrentaron. Elizondo había lanzado como candidato a la dirigencia del partido, con el apoyo de Fox, mientras que Carlos Castillo Peraza constituía la oposición junto con Diego. Al final, Elizondo y Fox fueron derrotados y Fernández de Cevallos festinó el triunfó como si le hubieran ganado al PRI.

Pero las más fuertes reyertas se dieron en marzo de este año, cuando Fernández de Cevallos acusó a Elizondo de ser el responsable de presionar a los senadores desde su posicón de coordinador presidencial para la Alianza Ciudadana, para lograr que el subcomandante Marcos o miembros del EZLN pudieran participar en el Congreso de la Unión donde se discutía la ley de derechos indígenas.

El 25 de marzo, en el marco de la Asamblea Nacional del PAN en Guadalajara, el senador Fernández de Cevallos espetó en un desayuno: “Respeto a Fox, pero luego manda a sus mamarrachos a presionar”, dirigiéndose a Elizondo que ocupaba otra mesa en el hotel Hilton.

-No seas hablador Diego, eres puro hablador. Sólo fui una vez al Senado. Pero yo hago las cosas de manera abierta, nada a escondidas –revivó el duranguense para terminar el breve enfrentamiento público.

Una semana después, el 2 de abril, en una entrevista en El financiero, Elizondo definiría su posición frente a Diego: “Definitivamente, debemos dejar bien claro que al hablar del partido no estamos hablando de una persona. Es decir, Diego Fernández no es el partido, es sólo una parte de un partido; tiene un peso específico reconocido, pero no es la persona que toma las decisiones en el partido por sí sola, y el partido siempre ha primado el interés nacional a los intereses personales”.

Único miembro del llamado “Grupo Pinos” que tiene lugar en el Comité Ejecutivo Nacional del PAN, El Negro Elizondo es, además, integrante de la Comisión de la Vinculación entre el gobierno de Fox y el panismo, creada para servir como “puente” en las difíciles relaciones entre ambas partes.

Cuando se le pregunta por qué no es considerado un panista “típico”, contesta: “Tuve una formación muy apegada a la ideología del partido pero no viví exclusivamente para él. Siempre he sido muy abierto con la gente de diferentes ideologías, de manera de pensar, será por eso. Pero me queda claro que comparto plenamente los principios y la ideología del PAN”.

Elizondo es administrador egresado del Tecnológico de Monterrey donde participó en la única huelga del instituto hace tres décadas.

Con Fox se liga el trabajo que hicieron juntos como diputados en 1988, durante la LIV Legislatura en la que  fue el subcoordinador del grupo parlamento del PAN, y los meses que duró la campaña presidencial que le coordinó al guanajuatense durante el 2000. Pero también los vincula su profunda admiración por Manuel J. Clouthier.

Por su apertura, Elizondo siempre ha gozado de exposición en los medios. La mayor de éstas ha sido, quizá, durante los primeros años del conflicto armado de Chiapas, cuando fue miembro de la Comisión de Concordia y Pacificación (Cocopa), participando en los diálogos de San Andrés y en varios encuentros privados con el subcomandante Marcos.

Aunque no ha manejado cargos de Comunicación Social, tiene sus propias tesis sobre el papel de los medios de comunicación, las cuales explicó en una entrevista publicada en el libro Transición 2000 Frágil, manéjese con cuidado de Rosa Elba Arrollo y Regina Santiago, editado por la Universidad Iberoamericana el año pasado.

Hablaríamos de una nueva concepción del papel de los medios en el nuevo gobierno, donde se tiene que cumplir con un acuerdo importantísimo que es el informar de verdad a la ciudadanía. Pero además, donde también haya disposición por parte de quienes van a generar estas reformas, de comunicarlas correctamente. Esta nueva relación de los gobernadores con la sociedad también implicará la necesidad de una transformación de los medios de comunicación. Será necesario que retomen su carácter social, su contacto con la sociedad. Hay también un reto en el sentido de que los medios informativos se vuelvan más profesionales, que haya una actitud más profesional por parte de los medios que pretenden, igual que nosotros, al igual que este gobierno de transición, la transformación de un país.

Fumador de una cajetilla de cigarros al día, Elizondo sostiene en ese libro que los medios son actores del cambio. Pero también asegura que el presidente Fox es el principal comunicador del país y que por ello es quien debe mostrarse ante la sociedad para “comunicar correctamente cuantas veces sea necesario”, los beneficios de las reformas que propone.

De este modo, “si la gente lo entiende, podrá exigirle a los legisladores que sean aprobadas las iniciativas y éstas beneficiarán al pueblo de México”.