Guanajuato, Gto.- En el campamento de la Yerbabuena hay jóvenes durmiendo desde que se inauguró el Cervantino. Fastidiados por los problemas para transportarse a la ciudad, enojados porque los policías no los dejan vender sus artesanías, tocar su guitarra en las calles ni mucho menos leer poemas que ya han publicado, reclaman:
“nos quieren segregar aquí. No quieren que vayamos a la ciudad”.
Dijeron a la corresponsal de Proceso el miércoles 17 dos días antes de que este foro pruebe su capacidad como alternativa juvenil del FIC:
“El lugar está muy padre, pero la bronca es que no hay transporte para el centro. Es una manera de decirnos: ustedes quédense allá…y se supone que es un festival cultural para todos.”
Jéssica Quetzamán y Lía, de Ecatepec, y su amiga Luna Parra, del Distrito Federal, llegaron el lunes 15 cerca de la medianoche, e instalaron su casa de campaña en Yerbabuena, a unos metros de la explanada donde los técnicos del FIC instalaron el enorme foro de 40 mil watts para los conciertos del fin de semana.
Viajaron en autobús, con 600 pesos en promedio en la bolsa. El martes se fueron a la explanada de la Alhóndiga a ver el grupo musical Legen, de Croacia. Fuera de este escenario gratuito, no aspiran a entrar a teatro alguno:
“Más bien somos de escasos recursos”.
Pero piensan quedarse hasta el martes.
A unos metros está la casa de campaña de otro grupo que llegó desde el lunes de la semana anterior. Algunos viajaron en autobús, otros de aventón.
“Muchos se vinieron sin dinero porque se sabía que en el Cervantino se podía vender artesanías a los extranjeros. Todos traían sus artesanías –incienso, pulseras, trenzas-. Y también hay músicos que se quedaron esperando la oportunidad de tocar en alguna plaza, como Alejandro Escalante.”
El resto del grupo de amigos lo integran Argenis Camargo, Arturo Amaya y Mario Miranda. Su plan es regresarse cuando concluya el festival.
“Hasta que el dinero nos alcance, no importa. Podemos morirnos de hambre, morir por la cultura.”
Todos estudian, aunque en carreras muy diversas: música con profesor particular; preparatoria en el Conalep “pero está muy chafa”; literatura en la UAM de Iztapalapa; antropología en la ENAH; sociología, idiomas, y lengua y literatura hispánica en la UNAM. Jéssica y Argenis escriben poesía, y ya les publicaron un libro a cada una.
Ya hicieron migas, y entre todos hacen la plática a la corresponsal.
-¿Qué esperan con los grupos que van a presentarse aquí en Yerbabuena?
-Nosotros estamos aquí porque es un lugar tranquilo y seguro. Pero estamos más interesados por los espectáculos que están allá, en las funciones de los teatros, pero a la vez son muy caros, y con ese impedimento que nos ponen para sacar dinero, pues no podemos entrar.
Mario intentó vender su incienso en el centro, “pero ya me dijeron los policías que si me ven vendiendo, me van a agarrar”.
-¿Qué espectáculo les interesaba?
-Yo quiero ver a Carlos Prieto, pero está muy caro- dice uno de ellos.
-¿Algún otro?
-El ballet flamenco…pero como no sacamos dinero, ya esta se agotaron los boletos.
Pero Arturo Escalante, alias El Cacahuate, venía mas bien a cantar:
“Se tiene la idea de que al Cervantino viene gente de muchos lados a traer la cultura, y nosotros de alguna manera también le ayudamos a Guanajuato a difundir esta cultura, traer lo de nosotros para mostrarlo, más que para volvernos millonarios. Claro que sí se puede subsistir aquí y pasarla sin muchos problemas, pues bueno.”
-¿Les hubiera gustado encontrar un foro para cantar o leer?
-Sí, claro que sí. Nos preguntábamos qué había pasado con el Cervantino callejero, porque un festival no debe ser sólo en unos cuantos puntos cerrados de una ciudad, sino que todo se interrelacione, una alquimia buena con todo lo que haya. Pero aquí nos encontramos con muchas limitantes: no podemos sentarnos a tocar, porque llega la policía y nos levanta.








