Estar en la danza al ciento por ciento. Nacho Duato: “Ganas de aprender, interés, pasión”

Desesperado por haber tomado tarde el tren que lo llevaría a Zurich, Nacho Duato, tan sólo un adolescente, llegó al final de la audición que realizaba Maurice Béjart para seleccionar, entre un centenar de jóvenes, a los futuros alumnos de su Mudra School.

Con el número 29, sólo alcanzó a hacer un arabesque, posición favorita del gran coreógrafo para finalizar sus audiciones. Béjart lo vio y fue al único que aceptó.

Hoy en día, a sus 44 años de edad, Nacho Duato es una de las figuras artísticas más notables del mundo: encumbró a la Compañía Nacional de Danza de España que dirge desde 1990; sus montajes coreográficos son solicitados como repertorio para los grupos más destacados, como el Nederlands Dans Theater, Cullberg Ballet, American Ballet Theater y Stuttgart Ballet, entre otros; los premios y distinciones que ha recibido son innumerables, y sigue siendo considerado como uno de los mejores bailarines de todas las épocas.

Está en el pináculo del éxito.

Sudoroso, en mallas y un tanto fatigado, Duato concede la entrevista a Proceso en su camerino, durante el ensayo previo de su espectáculo Multiplicidad. Formas del silencio y vacío, presentado los días 18 y 20 de octubre en el Palacio de Bellas Artes. Irá también a Monterrey, y en Guanajuato estará dentro del Festival Internacional Cervantino.

El rigor

-Usted ha trabajado todo tipo de temáticas dentro de su creación, de lo colectivo a lo poético. ¿Cómo definiría su obra?

-Para que un trabajo sea importante, para que perdure, tiene que estar el alma del que lo hace, sino se desmorona en seguida, no dura. Mi trabajo tiene que ver mucho o con las relaciones humanas, conmigo, con mi experiencia con las personas y cómo veo el mundo. Yo no podía hacer una coreografía sin que esté ahí el ciento por ciento de mi personalidad, lo que yo siento. Además, yo trato de hacerme un autoanálisis, a hacer una búsqueda interior. Cada vez que haces un ballet, descubres cosas nuevas acerca de ti mismo.

-Su búsqueda ¿es a través del movimiento? ¿Tiene usted un lenguaje propio?

-Poco a poco he ido formando mi propio lenguaje, mi propio vocabulario coreográfico, mi propio estilo. Pero no es mi preocupación crear un nuevo lenguaje. Esto surge si cada vez te pones nuevas metas, si cada vez quieres ir más adelante, si no estas nunca satisfecho con lo que haces. Es como un escritor en búsqueda de nuevas palabras: eso no existe, el escritor está en búsqueda de nuevas ideas y en la indagación de nuevos conceptos.

“El movimiento está todo ahí y yo soy muy rápido a la hora de crear en el estudio. A veces, el bailarín no me puede seguir, es una cosa muy natural mía y que está muy desarrollada. Lo difícil es buscar lo que quieres decir, qué emoción quieres utilizar, el concepto de la obra, eso sí que lleva micho tiempo. Luego el trabajo en el estudio son cinco semanas

-¿Trabaja usted a partir de su propio cuerpo o del de sus bailarines?

-Mucho a través de mi cuerpo, de cómo siento la música y mis propias reacciones hacia ella. Por supuesto el bailarín que tengo adelante es importantísimo, no es una marioneta a merced del coreógrafo. Pero yo estoy ahí al ciento por ciento y quiero lo mismo de mis bailarines. Por eso soy tan exigente a la hora de crear: Si yo me desabrocho toda la camisa quiero lo mismo del otro, no uno o dos botones. Cuanto más interés tenga el bailarín en el trabajo y cuanto más me dé, más se logrará. Es algo muy personal, muy de piel.

-Para usted, ¿forma es contenido?

-Claro, totalmente y sobre todo en mi caso. Porque la forma siempre viene de la música y siempre viene por algo. Lo que hago no es mero entretenimiento o decoración. No es como el ballet en el que el movimiento es casi siempre lo mismo y está para enseñar una técnica, un control y un equilibrio. Por esto pienso que el clásico ha perdido la voz, porque su vocabulario se ha quedado estancado y es siempre el mismo.

-Pero usted y su compañía se entrenan con ballet clásico.

-Yo creo que el clásico es la base de toda técnica. El saber y tener lo sólido del ballet para después desecharlo es importantísimo.

-O sea que usted nunca le interesó interpretar un Sigfrido.

-Desde el momento en que empecé a bailar tuve muy claro que yo quería hacer contemporáneo, nunca me atrajo el ballet clásico, aunque me gusta verlo.

-La inspiración, ¿viene siempre de la música?

-Casi siempre, por lo menos al principio, en mis primeros años. Luego hay muchas coreografías de las cuales tengo una imagen o una idea y voy luego en búsqueda de la música. Otras veces he trabajado con un compositor.

-¿Cuál es su antimodelo de coreógrafo?

-No me gusta lo que únicamente es decoración, entretenimiento fácil, lo bonito y agradable. La belleza tiene que ver con la verdad y la honestidad y ese tipo de trabajos no son verdaderos. Hay mucha gente que encuentra una receta de cómo hacer un ballet y los hacen como si fueran pizzas: saben   poner los ingredientes y más o menos siempre les sale bien. Yo no podría hacer eso, es muy aburrido.

Cita como ejemplo la obra que estrenará en noviembre en España: White Darkness:

“Le puse el título en inglés porque suena mejor así, no creas que es por snobismo, es que Blanca obscuridad no me gusta para nada. Es una obra que tiene que ver con la drogadicción, con el cómo la gente joven jugando se queda atrapada en algo tan terrible como es la droga. Para hacerla, estoy usando casi tres mil kilos de sal. Es terrible porque es muy difícil y eso a mí me gusta mucho. Hay muchos retos, los bailarines se resbalan y todavía no se qué hacer para evitarlo, luego tengo que ver por dónde va a caer y después cómo sacar la sal del escenario. Me encanta el reto de ver qué es lo que pasa. De tener un elemento fundamento que lo complique todo.

La vocación

Las seis hermanas de Nacho Duato tomaban clase de ballet en el desván de la casa de la familia en Valencia; ahí, una señorita tocaba el piano y les enseñaba lo básico. A Nacho le gustaba mucho bailar pero no se atrevió a decírselo a sus padres:

“Quizá si hubiese venido de otra familia, tal vez me hubieran dejado, pero en la mía tenías que ir a la universidad y hacer algo más convencional. Pero la danza es una vocación muy fuerte, te llama desde muy pequeño. Uno no decide que quiere bailar a los 20 o a los 25 años. Desde muy pequeño lo sientes, es casi como ir al convento. Ir al convento no se te ocurre a los 30 años.

“Y por más impedimentos, si en verdad quieres hacer algo, lo vas a hacer: vas a desobedecer a tus padres y vas a conseguir el dinero para pagar la escuela y vas a engañar a quien sea e ir a escondidas a la academia, que es lo que yo hacía. Hasta que al final a los 17 años me fui de España y empecé a trabajar en serio con fuerza y pasión.

-Con la reputación que tiene como bailarín, ¿no se intimidan sus bailarines cuando están junto a usted?

-No. A mi edad ya tengo madurez en el escenario. A lo mejor no tengo la elasticidad y esa frescura de mis bailarines, pero disfruto el escenario mucho más que antes, entiendo más lo que es estar arriba, lo importante y lo sagrado que tiene ese momento que no se va a volver a repetir. Eso de joven no lo puedes casi ni entender. A ellos les da confianza que yo siga bailando.

-¿Cuándo decidió ser coreógrafo?

-Uno no quiere ser coreógrafo. Uno quiere ser bailarín y expresarse a través de la danza, y de pronto un día te dedicas a hacer coreografía y no sabes por qué. Yo empecé con Maurice Béjart, llevaba asignaturas que consistían en improvisar  y hacer pequeñas coreografías, ahí empecé a notar que se me daba bien, que no tenía ningún problema en buscar una música y pone a dos personas a hacer un paso a dos.

-El ser discípulo de Jiri Kylian, ¿no ha minimizado su trabajo, no ha sido como una especie de persecución?

-Un poco sí. Hubo un crítico ruso que dijo: ‘lo que pasa con Nacho no es que su trabajo sea una influencia de Kyliam o que sea un Kyliam B, lo que pasa es que su trabajo está al nivel de Kyliam, y como es bueno y musical, en seguida lo comparan con él’.

“Y si es como vivir perseguido. Y es que a los dos nos gusta la música y somos fieles a ella y nuestra base de movimiento es muy clásica y el movimiento es el centro de nuestro trabajo y, bueno, tengo la mala pata de que es así. Pero prefiero que me comparen con él a con alguien que no me guste, alguien de menor calidad, por ejemplo, además, es verdad que tengo mucho de él.”

-¿Fue Kyliam un buen maestro de coreografía?

-Él nunca fue a ver mis ballets mientras yo los estaba haciendo. Nunca hablé con él para escoger una música. Jiri venia a los estrenos. Nunca me asesoró en nada. Nunca me hizo cambiar nada. Cuando hice mi tercer ballet y le dije ‘no sé si quiero hacer coreografía, yo lo que quiero es bailar’, él me dijo: “Mira, Nacho, tú en muchos terrenos me has superado. No te preocupes, tienes que hacer coreografía. Un trabajo será mejor o peor, pero tú eres un coreógrafo y tienes que convencerte de ello, debes seguir adelante’.

“Es importantísimo con quién has trabajado, con quién has bailado, de qué fuentes has bebido, pero, por ejemplo, por Jiri Kyliam han pasado tantísimos bailarines, y por lo visto sólo yo he captado algo. Muchos han pasado por ahí y no se han enterado de nada. Esto quiere decir que no porque uno trabaje con buenos profesores va a llegar a ser un buen coreógrafo.”

Sus experiencias en la Mudra School o en el Nederlands Dans Theater, donde mientras sus compañeros se iban a los bares y discotecas y él se desvelaba preparándose en sus improvisaciones, lo hacen exclamar:

-No es sólo talento, sino ganas de aprender, interés y pasión.”

-Usted era uno de los mejores bailarines de la compañía de Kyliam.

-La coreografía me empujó muy pronto fuera del escenario. Con Jiri estuve seis años creando dos ballets al año y bailando todo. Fue agotador. Poco a poco me fui entregando más a la coreografía.

El marketing

-Aquí en México mucha gente se refiere a usted como Nacho Guapo. ¿El ser guapo le ayudó a descollar?

-No puedes leer un libro sólo por la cubierta, pero de que ayuda, ayuda mucho, por supuesto. Yo lo he usado como cebo para traer gente a ver la compañía. Las funciones siempre estaban vacías antes de que yo llegara. Así que decidí hacer portadas de revistas, modelar y de todo, y se llenó el teatro. Al principio eran muchas chicas, luego eran las chicas, sus novios, los padres, las abuelas y así hemos creado un público. Pero junto a la foto de la revista siempre hay un texto en el que trato de hablar de danza no de mi o de Armani.

“Siempre hablo fuerte y en contra de la burocracia de los ministros. Me acuerdo de una vez en un bar oí una periodista que al verme entrar dijo: ‘ese chico no puede ser listo porque es muy guapo’: Y ésa es un poco la idea que la gente tiene de mi. Al mimo tiempo, no estoy tan guapo como me ven, pero a mi me da igual, en mi familia hay mucho más guapos.”

-¿Ha logrado todo lo que quería?

-De niño yo quería bailar y eso es lo que yo hago. No me gusta lo de ser famoso. En Holanda me llamaban el príncipe heredero del Dans Theater, una lata. Porque entonces la gente ya no llega a preguntarme sobre danza, sino sobre otras cosas. Ahora me invitan a coloquios sobre política y me preguntan sobre las torres gemelas.

-¿No le agota pasar tanto tiempo de gira?

-Si. Viajamos todo el tiempo sin parar. Hoy hablaba con el pianista y le dije: ‘es que ya no aguanto mas’. Veo la maleta y la quemaría. Estoy harto de andar por ciudades que me gustan, como México, pero que no conozco, y estar en hoteles que por muy bien que estén, no son mi casa. Cada vez una cama que mira diferente lado. Ya llegó 21 años así y últimamente me cuesta bastante. Me apetece estar más tiempo en mi casa y con mi gente. Te vas haciendo mayor y buscas más lo tuyo.”

La danza no es la única pasión de Duato, hacer cine y televisión también es su delirio. Hasta el momento, ha hecho varios papeles con los que lo mismo ha encarnado al conde de Aranda que a un asesino.

Próximamente se estrenarán dos películas donde él interviene: Piedras y El forastero.  En esta última, el coreógrafo hace el papel de un extraterrestre cuya nave espacial se estrella en Machu Pichu. El personaje aparece desnudo y la gente de la localidad cree que se trata del arcángel San Gabriel.