Se conocen muchas modalidades de golpes destinados a acabar con periódicos. Este semanario surgió de uno de esos ataques a la libertad periodística. Pero inédito un episodio en que un periódico intentara acabar con otro, que es de su propiedad, por razones oscuras. Esta es la historia de ese golpe, fallido por fortuna, que La Jornada p pretendió asestar a su socio guerrerense.
Hace casi nueve años que se fundó El Sur, un periódico destinado a superar la uniformidad de la plétora periodística en Guerrero, caracterizada por su adhesión al gobierno a cambio de una soldada. Lo editó un grupo de periodistas encabezado por Juan Angulo Osorio y Maribel Gutiérrez, que habían participado en La Jornada, ella como reportera y él como responsable en tareas de edición. Angulo fue nombrado director del periódico, que se consolidó al punto de que el 7 de enero de 1999 se convirtió en un diario editado por Medios del Sur, SA de CV, una empresa en la que la mayoría de las acciones pertenecían a Demos, SA de CV, la empresa editora de La Jornada, y el resto a personal de El Sur.
Dos años y medio después de esa fecha, cuando la empresa suriana mostraba ya números negros, el 28 de septiembre pasado en la redacción de El Sur, cuyo cabezal llevaba hasta entonces el nombre de La Jornada, se recibió desde la sede empresarial de ese diario en la Ciudad de México, un anuncio que en otras circunstancias hubiera sido letal: era el aviso de que ya no sería impreso El Sur en los talleres de La Jornada, ni distribuido a través de sus canales comerciales. Simultáneamente fue desconectada la red mediante la cual desde Acapulco se enviaba a la Ciudad de México el contenido del diario para su impresión, y se recibía la información del diario capitalino. Todavía hasta el 6 de octubre, sin embargo, aquel periódico apareció con la mención de ambas empresas en su cabezal. Hace dos semanas, el 8 de octubre, El Sur recobró su personalidad original y se edita sin ningún vínculo con La Jornada.
De ese modo abrupto, que aun desde el mirador mercantil revelaba una enorme periodística mostraba una incongruencia gravísima, hizo crisis la relación entre el diario guerrerense y el de la Ciudad de México. Habían surgido discrepancias sobre el futuro de aquel periódico. Angulo pretendía expandirlo, para lo cual exploraba la posibilidad de editar una versión destinada a la población guerrerense que reside en Chicago, formada por más de 200 mil personas.
Sin base ninguna para esa sospecha, los representantes del socio mayoritario conjeturaron que Angulo emprendería aquel proyecto por su cuenta y declararon haberle perdido la confianza y le revocaron los poderes administrativos, que ejercía simultáneamente con su papel de director general; y nombraron a un “coordinador general de la empresa con facultades gerenciales”. Sólo que ese funcionario se quedó sin periódico. En La Jornada se pretendió continuar la edición del diario suriano sin Angulo, o contratar personal para montar con su estructura otro periódico. Ninguno de esos torcidos caminos pudo ser recorrido. Es probable que se igualmente estéril la pretensión de mostrar las fallas administrativas de Angulo, pues se encargó una auditoría de su gestión al despacho Manuel Reza, que ya realizó dos análisis de esa naturaleza, correspondientes a los ejercicios de 1999 y 2000, que concluyeron con dictámenes aprobatorios.
Angulo explicó al público interesado en El Sur la índole de la ruptura instrumentada desde la Ciudad de México, concluida con la tentativa de evitar la salida de ese diario el 29 de septiembre:
“No obstante ese golpe, que se pretendía mortal, que se ideó para humillarnos, para demostrar quién manda, el periódico circuló, como lo ha venido haciendo desde entonces gracias al trabajo de todos –todos- los trabajadores y colaboradores de El Sur, y a la solidaridad y comprensión de compañeros del gremio. Nosotros no podíamos quedarnos cruzados de brazos y desatender nuestros compromisos con lectores y anunciantes. Habríamos sido cómplices de un fraude. El periodismo es un oficio que exige mucha responsabilidad. Exige de quienes estamos en puestos de dirección capacidad para escuchar, para aprender con los demás. Obliga a evitar los prejuicios. Es una profesión más de escuchar a los demás que de hablar. Es insostenible la situación actual con nuestro socio mayoritario. No hay posibilidades de un reencuentro con el actual grupo que dirige la empresa Desarrollo de Medios. En consecuencia de ello…informo de mi decisión de separarme de mi cargo de director general y anuncio que emprenderé las acciones legales pertinentes para defender mis derechos legales pertinentes para defender mis derechos laborales y también mis derechos como periodista.”
Angulo no adoptó esa posición en soledad. Sus compañeros, todos, lo siguieron en su actitud:
Tras denunciar que “La Jornada busca contratar reporteros que nos desplazarían de nuestro periódico, quitándonos la fuente de trabajo que se construyó hace ocho años entre adversidades y luchas constantes por su defensa”, consideraron que se trataba de “la concreción de un plan escalonado de agresiones que hemos resistido”. Confesaron su decepción: “Pensamos que por los antecedentes democráticos de La Jornada habría un cambio de actitud, y que reconsideraría su política hacia nosotros, impulsando nuestra tarea periodística en este estado de por sí olvidado y marginado, pero eso no ocurrió”.
De allí que los reporteros, corresponsales, reporteros gráficos, caricaturistas, editores, auxiliares de redacción, trabajadores de sistemas, administrativos, distribuidores y de intendencia manifestaran:
“1.- No permitiremos que en una actitud centralista La Jornada quisiera avasallar un proyecto periodístico regional.
2.- Anunciamos que ejerceremos acción legal para defender nuestros derechos laborales.
3.- Que enterados de que el director general Juan Angulo se separa del cargo, congruentes con nuestros principios y convicciones, damos a conocer que de igual forma nos sumamos a su decisión.
4.- Refrendamos nuestra disposición de continuar trabajando diariamente en nuestro periódico El Sur.”
Y es que El Sur también existe.








