Enrarecido el ambiente del país por el peculiar estilo de Vicente Fox, cuyos dislates durante la gira por Europa se han antepuesto a la discusión y solución de los problemas nacionales en un contexto mucho más complejo que cuando asumió la Presidencia, Manuel Camacho Solís urge la reflexión.
“Una cosa es la publicidad y otra el gobierno del país. Si no se miden las consecuencias de las palabras, se pagan los costos”, valora Camacho al analizar la gravedad de que el presidente emita declaraciones insólitas, cuyas consecuencias –advierte- no son anodinas.
“Es grave que el presidente no mida las consecuencias de sus declaraciones. Cada vez que el presidente habla, muchos queremos tomarlo totalmente en serio. Y si llega e momento en la gente ya no lo haga, Fox habrá destruido su principal instrumento político, que es la palabra.”
Se trata, dice Camacho, de un asunto de fondo: “El presidente de México, antes, ahora y mañana, es una figura fundamental. Y en un gobierno dividido, en una situación de recesión y de intereses sumamente confortados, el principal instrumento del presidente es su voz. La durabilidad de ese poder depende de la congruencia del mensaje y de la acción. Si no lo hay, ese poder se va debilitando rápidamente”.
Añade, “No es un problema de prohibición, de si está bien o está mal, es un asunto de que lo dice expresa comprensión o no comprensión de los fenómenos sociales, económicos, políticos; la claridad o no respecto de o que se quiere hacer; la coordinación o no respeto de estos propósitos. La palabra es, al final, todo”.
Camacho Solís, frustrado aspirante presidencial y de amplia trayectoria académica analiza la situación política del país, juzga que el Acuerdo Político para el Desarrollo Nacional, firmado por Fox y los presidentes de los partidos el domingo 7, ya se desinfló, y urge al gobierno no deponer el optimismo, pero no sólo mediante declaraciones “y menos (si son) contradictorias”.
“No se trata de ver a un presidente afligido, pero tampoco de ver a un presidente sin suficiente claridad ni definición en momentos en que no sólo el círculo rojo (los críticos de Fox, como él mismo los definió) lo percibe, sino amplios núcleos de la población que se preguntan qué está pasando.”
Y lo que se aprecia, añade, es que existe “un desfase” en el plan del gobierno de Fox, diseñado para circunstancias que ya no existen. No es tiempo, siquiera, de impulsar la reforma del Estado y desmontar las instituciones del viejo régimen –“ya no se pudo”-, sino cómo enfrentar la “emergencia económica” por la recesión.
Desde el punto de visto, añade, es fundamental la credibilidad presidencial que, si bien logró el Acuerdo Político, “no se amarró” y lo que siguió fue un “vacío político” con un agravante adicional.
“Estamos quemando uno de los instrumentos políticos que se tenían para darle un giro al rumbo de la administración y para meter orden en un proceso de negociación en el que falta mucho por concluir y del cual depende que se hagan las reformas que requiere el país.”
Lo negativo de este intento de consenso es que si no se aterrizan los acuerdos, si no existe una idea de Estado rectora, en la que se guarde congruencia entre las políticas interior, exterior, así como con la economía y la energética, “el proceso se vuelve a desordenar”.
¿Y esto es lo que está ocurriendo?
-Ésa es la realidad en la que estamos. Una buena idea –llegar a acuerdos siempre lo es- se debilita rápidamente y la gente deja de creer en todo. Va a dejar de creer en los acuerdos si en el Congreso hay diferencias mayores, pero al rato va a dejar de creer en el propio proceso de alternancia, y esto puede llevar a al decepción e inconformidad y a la frustración de expectativas.
Lo más grave es que Fox y su gobierno parecen no tener interés en armar la “nueva agenda política” para afrontar la recesión y los conflictos sociales.
“¿Qué va a hacer para administrar la crisis cuando no haya dinero, aún con la reforma fiscal? Se debe tener un plan político para enfrentar los conflictos sociales que inevitablemente se van a presentar en el campo y en las ciudades. La idea política no está. Están reaccionando a la antigüita.”
Domina la superficialidad
“Nos estamos yendo por la superficialidad. Es tan rico el anecdotario político de todos los días que termina por se distractor de los temas de fondo”, valora por su parte Diego Valadés, director del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM y responsable de una de las seis mesas de la Comisión para la Reforma del Estado, que encabezó Porfirio Muñoz Ledo.
Presidente de debates de la mesa “Forma de gobierno y organización de los poderes públicos”, cuyos resultados junto con las otras mesas fueron entregados a Fox en una ceremonia en el Museo de Antropología, el 22 de noviembre del año pasado, Valadés lamenta que prevalezca la frivolidad sobre temas de fondo, como las propuestas que arrojó esa labor.
“Sobre la reforma del Estado solamente el PAN y el PRD han hecho algunas formulaciones, y el gobierno no ha dado más que algunos indicios”, añade y recuerda que el tema quedó en el olvido desde el 5 de febrero, cuando el secretario de Gobernación, Santiago Creel, convocó a revisar la Constitución.
“No ha habido compromiso para una reforma”, lamenta el académico, aunque en noviembre Fox se comprometió a llevarla a cabo. “Pero se fue apagando ese entusiasmo.”
En entrevista por separado, coincide con Camacho en que las condiciones políticas del país han cambiado desde agosto, y no existe certidumbre del cambio que ofreció Fox:
“Habrá un aumento fuerte de la presión social por el desempleo. Si a esa circunstancia de presión social creciente se agrega que no hemos consolidado la democracia. Entonces las condiciones para la reforma serán progresivamente más difíciles”, advierte Valadés.
“La sociedad debe tener la certidumbre de que el proyecto democrático de cambio se está consolidando, y nadie tiene esa convicción. No recuerdo ningún gobierno que a estas alturas no haya tenido un proyecto de reforma política en marcha. Eso es gravísimo, y ahora que hablamos de cambio…no hay cambio.”
Dice que es claro que la prioridad del gobierno no es la reforma del Estado, sino la fiscal, la eléctrica y la petroquímica, pero tampoco aprecia habilidad política para impulsarlas y de ahí que no hayan sido aprobadas.
“El fracaso de las iniciativas del gobierno y los escollos en energéticos se deben a que no ha habido acuerdos políticos previos sobre reformas muy puntuales sobre la reorganización del poder. No pueden funcionar esas iniciativas si no existe, previamente, una política para impulsar la reforma del Estado.”
Como Camacho, Valadés dice que el gobierno debe ser el articulador de todas las fuerzas políticas y dar coordinación a su gobierno, porque un esfuerzo como el Acuerdo Nacional ha quedado rebasado por la falta de un mayor trabajo político de una parte del gobierno.
Esta falta de coordinación fue evidente luego de Fox anunció en Alemania que el viernes 19 se haría el anuncio del lugar donde se construirá el nuevo aeropuerto y el subsecretario de Gobernación, Ramón Martín Huerta, lo negó y dijo que no tenía “por qué saber” lo que declara el presidente.
“Eso también entorpece las posibilidades del acuerdo –dice Valadés-. Mientras todos los agentes político del país no confíen en el valor de la palabra, y mientras haya esta idea de incertidumbre y no queden claramente establecidos los compromisos –porque unas declaraciones sepultan, distorsionan, o contradicen declaraciones previas-, no habrá nada.”
Empujar a Fox
Con base en las condiciones actuales, distintas a las que había cuando Fox tomó el poder, Camacho Solís plantea la necesidad de un replanteamiento del gobierno, porque llegó con la idea de que la economía crecería rápido y habría dinero para combatir la pobreza.
“Esas ideas, al menos en el papel, tenían sentido, pero la situación económica cambió radicalmente. Hubo, además, un problema de optimismo exagerado respecto de la realidad, porque desde mayo de 2000 ya había signos de que la economía de Estados Unidos no crecería”, expone.
Critica: “Si no había claridad en las nuevas condiciones y si, por otra parte, no hubo la velocidad suficiente para amarrar reformas, ahora nos encontramos en una situación desafortunada. Por lo menos se tiene que reflexionar qué se necesita en las nuevas condiciones, pero esa reflexión no está a la vista en ninguna de las posiciones públicas”.
La “administración de la crisis” debe contener un plan para enfrentar los conflictos sociales, pero también establecer con claridad la posición ante Estados Unidos.
“La política exterior medio se arregló con la declaración del presidente condensada con el Senado. Pero no sólo es un asunto de repetir los principios de la política exterior, que es correcto, sino debe traducirse en todas las declaraciones del Ejecutivo, en las posiciones frente a grupos como ETA, porque si no se vana generar tensiones, vacíos, reacciones, que no ayudan a volver gobernable al país.”
Urge, además, añade, definir la política nacional de energéticos, un tema de por sí importante por la mayor necesidad de Estados Unidos por la guerra. “Si no hay un consenso político claro de cuál es esa política, otra vez se va a polarizar el país y vamos a meternos a un problema semejante o peor a lo que ha sido la negociación de la reforma fiscal, porque es un tema todavía más sensible”.
Otros temas importantes, según Camacho, son las reformas sobre educación y tecnología, así como el debate sobre la política económica. “Yo no digo que haya una solución sencilla, pero lo único que uno no puede decir es que frente un problema de gran magnitud no se discuta”.
-¿A qué lo atribuye?
-Es una confluencia de razones. Una es que la gente está presionada, otra que hay luchas interburocrática, hay compromisos personales con ciertas políticas, y modificarlas implica afectar intereses; y otra es que se ha visto lo difícil que es negociar y nadie quiere abrir el debate.
Acusa: “El presidente tiene limitaciones en su gestión política. Es uno de los datos que me duele decir, pero se debe reconocer que hay ciertas cosas que no hará, porque no cree en ellas, porque no le gustan o porque no responden a la coalición que lo llevó al gobierno, o por la razón que sea”.
La falta de negociación tiene responsable. “Ha sido responsabilidad del Ejecutivo. No cree suficientemente en la negociación, no ha creído suficientemente en el Congreso y los partidos”.
Una de las consecuencias de esta dejadez política es que ya no se logró desmontar el régimen priista: “Esta oportunidad no se aprovechó, y hoy lo más importante es tener un plan de navegación en la crisis, una idea con la cual transitar, un gobierno coordinado que permita operar en emergencias que, indudablemente, se nos van a presentar”.
-¿Hay un gobierno sin rumbo?
-Aprecio un gobierno con un rumbo que estaba hecho para circunstancias diferentes y que todavía no ha cambiado la dirección de las velas. Los vientos ya cambiaron. Con la misma orientación del timón, con la misma colocación de la velas no va a cambiar el país. No sólo eso, sino que en cualquier momento esto nos puede llevar a una grave turbulencia.
Y si Fox no quiere cambiar su programa, sus prioridades, su lenguaje o nada, entonces el reto es para las fuerzas públicas y la opinión pública, que cada quien haga su tarea. “Finalmente, qué es lo importante, ¿el presidente? No, lo mas importante es el país”.
“Habría que hacer el esfuerzo último para que el presidente haga una recapitulación personal y mida realmente cuál es el mar al que va a entrar la nave que le tocó conducir. Más allá de las declaraciones, contradicciones, viajes, las circunstancias han cambiado. Al regreso de su gira debe sentarse afijar una línea de Estado, reordenar las prioridades por la recesión y darle la coordinación debida a su gobierno.
“Si lo hace, de todas maneras no habrá cambio de régimen, sino un esfuerzo ante la situación tan complicada. Pero si no, habrá que pedirle al Congreso y a la opinión pública que le exijan al presidente que cumpla con la ciudadanía, que haga la tarea que se necesita. Hay que darle una última oportunidad.”








