China saluda al mundial

El gigante despierta al futbol de la mano de Bora:

90 el porcentaje de las universidades de China que cuentan con canchas de soccer

100 mil los dólares que obtendrá cada seleccionado chino por clasificar a la Copa del Mundo 2002

1.5 las televisiones promedio en los hogares urbanos

600 los dólares fijos que gana al mes un integrante de la selección china de futbol

650 millones de chinos que siguen el futbol por la televisión

325 los millones de familias que hay en china

 

PARÍS.- El partido de futbol realizado el domingo 7 entre la selección nacional china y su homóloga de Omán en la ciudad de Shenyang (norte de China), no fue el acontecimiento deportivo del siglo ni mucho menos.

Fue un partido apenas regular entre dos equipos de nivel bastante mediano y el resultado fue modesto -1-0 para China- fue tan sólo aceptable.

Sin embargo, ese partido intrascendente desde el punto de vista técnico se convirtió en un hecho histórico para centenares de millones de aficionados: por fin China había logrado calificarse a la fase final de un Mundial de Futbol.

Ante la mirada estupefacta de los reporteros internacionales, miles de chinos con el rostro pintado de rojo y amarillo (colores de la bandera nacional) prendieron cohetes por todas partes, invadieron la avenida Chang’An, los  “Campos Elíseos” de Beijing, y se volcaron en la famosa plaza Tienanmen.

Según los testigos, esa fiesta improvisada que provocó mucho nerviosismo en la policía capitalina, duró buena parte de la noche y no generó incidente alguno.

Tres meses después de haber celebrado la obtención de los Juegos Olímpicos de 2008, los chinos exultan. Para ellos reimponerse en un escenario internacional de que se sienten excluidos.

Pero las multitudes chinas no son las únicas en alegarse: los patrocinadores, ansiosos de apoderarse de nuevos mercados –y el chino es bastante prometedor- se frotan las manos. La FIFA no se queda atrás: los jugosos beneficios que espera sacar de la irrupción de China en el Mundial 2002 le abren nuevas perspectivas. Quizá la victoria china  aliviará la epidemia de migrañas que se abatió sobre los directivos de la FIFA a raíz de la quiebra de su socio ISMM-ISL, encargado del marketing de las actividades de la Federación Internacional y de la situación económica bastante compleja en la que se debaten.

Aunque parezca un tanto extraño, el futbol es objeto de una pasión colectiva desbordante en China. Según los historiadores, el amor de los chinos por los juegos de pelota se remonta a la noche de los tiempos…

Sea como sea, fue realmente en 1949 cuando el futbol se impuso en China y eso de debió indirectamente a Mao Zedung. Entre los objetivos del Gran Timonel destacaba uno: “Fortalecer la constitución física del pueblo”. Para lograrlo, Mao desarrolló esencialmente la gimnasia y el pingpong. El futbol no le llamaba particularmente la atención. Sólo lo practicaba una élite y, por lo tanto, el líder chino lo miraba con cierto recelo.

Sin embargo, poco a poco, el régimen comunista accedió a transformar  ese juego reservado a unos cuantos en un deporte de masas, y así, sin proponérselo realmente, contribuyó a su auge.

Por razones meramente políticas el mundo futbolístico internacional no pudo apreciar la evolución y la calidad del futbol chino: en 1949, Mao decidió sacar a su país de la FIFA –la Federación China de Futbol se fundó en 1924 y perteneció a la FIFA desde 1931- para protestar contra la presencia de Taiwán en el seno de esa organización.

Durante los 27 años desapareció el futbol chino del escenario mundial. Reapareció en 1976 con su participación en la Copa de Asia. Ese mismo año murió Mao y el país se abrió un poco al mundo exterior. En el campo futbolístico esa apertura permitió la reintegración de China a la FIFA en 1979 y su inscripción para el Mundial de 82.

Esa resurrección creó grandes expectativas en el mundo deportivo. Durante las eliminatorias, el equipo chino destacó entre los asiáticos pero fue vencido por Nueva Zelanda y se quedó fuera del Mundial. En 1984, China fue finalista  de la Copa de Asia y aseguró que esa vez sí participaría en el Mundial 86. Pero fracasó de nuevo. Y otra vez en 1990. Y luego en 1994…Estas sucesivas derrotas desesperaron a los aficionados, cada vez más numerosos en el país.

A principios de los noventa, Deng Xiao-ping emprendió una verdadera revolución económica de la que se benefició el futbol chino. Entre otras cosas, se autorizó la profesionalización de ciertos equipos y se creó en 1994 un campeonato de futbol abiertamente profesional que fue vendido por 1 millón de dólares a la empresa Philip Morris…

Cuentan que Xavier Barret y Pierre Justo, periodistas de la revista France Football: “Ese nuevo campeonato profesional se inició el 7 de abril de 1994 en la ciudad de Chengdu, capital de la provincia de Sichuan, con un partido entre el quipo local y el de Liaoning. Al lanzar ese acontecimiento Wang Junsheng, presidente de la Federación china de futbol, explicó  muy claramente el porqué se había creado el campeonato. Enfatizó: ‘Nuestro objetivo es calificarnos para el Mundial antes del fin del siglo. Si decidimos abrir nuestro futbol a la economía de mercado, fue exclusivamente para aumentar nuestro potencial y alcanzar cuanto antes un nivel mundial’”.

Siguen relatando Barret y Justo: “Los 12 clubes de primera división que participaron en ese primer campeonato profesional pudieron ser financiados por grandes empresas  y obtuvieron la autorización de contratar a jugadores extranjeros: cinco por club, pero solamente tres en la cancha…Sin embargo, los salarios ofrecidos a los extranjeros –mil dólares mensuales- sólo atrajeron a unos cuantos mercenarios futbolísticos británicos o a algunos jugadores de segunda categoría de la ex Unión Soviética…

“A pesar de todo, ese primer campeonato fue positivo. Mejoró un tanto el futbol chino y entusiasmo a los aficionados. Dos millones 700 mil espectadores asistieron a los partidos y varias decenas de millones se clavaron cada domingo por la tarde ante sus televisores para gozar el espectáculo…”

Los chinos sacaron las lecciones de esa primera experiencia y entendieron muy pronto que para tener a buenos jugadores internacionales debían repensar seriamente la cuestión financiera. No se sabe cuánto pagaron los clubes de Dalian, Chongquing, Shenyag y Yuan Hongta para contratar respectivamente al checo Vaclav Nemecek, al sudafricano Mark Williams, al polaco Marek Joswiak y al ruso Serguei Kiriakov. Pero se acaba de anunciar que el club Shenua, de Shangai, desembolsó 1 millón 400 mil dólares para contratar por seis meses al brasileño Junior Baiano.

Ese club es uno de los más pujantes de China. Cuenta con un estadio ultra moderno que puede acoger a 35 mil espectadores y esta dotado de lujosos salones para los VIP (personas muy importantes) e impresionantes galerías comerciales que ocupan dos pisos. Los ingresos anuales del Shangai Shenua son de 5 millones de dólares. Uno de los patrocinadores del club es la empresa japonesa Sharp, que le entrega anualmente 1 millón de dólares…Estas cifras son estratosféricas para China.

Adidas gasta fortunas para seguir siendo patrocinador de la Selección Nacional hasta 2004. Pepsi Cola tuvo que pagar alrededor de 60 millones de dólares para arrancar a Coca Cola una concesión exclusiva con el campeonato profesional hasta 2006. La empresa Shide desembolsó alrededor de 17 millones de dólares para comprar al club de Dalian al grupo hotelero Wanda…

El Dalian es el mejor club de China. Desde 94 ganó cinco veces el campeonato profesional y cuenta con uno de los centros de formación más eficiente del país.

Según cuenta Henri Kasperczak, entrenador franco-polaco, que estuvo involucrado en la revolución futbolística China, todos los clubes disponen de dinámicas escuelas de futbol. La del club Shenyang atiende a 400 alumnos, cuya edad oscila entre 7 y 18 años pero actualmente esta ampliando sus infraestructuras para acoger pronto a 4 mil.

“Los chinos entrenan a estos jóvenes –precisa kasperczak-, pero para entrenar a los jugadores ahora se puede acudir a los técnicos extranjeros.”

Al principio las autoridades chinas sólo autorizaron que un extranjero entrenara a la Selección Nacional. Se sucedieron así el alemán Klaus Schappner, el británico Bob Houghton y finalmente el serbio Bora Milutinovic, considerado ahora como un héroe nacional en China, ya que logró la clasificación al Mundial 2002.

Bora es el primer técnico  en 72 años de copas del mundo en lograr participar en cinco ocasiones consecutivas con cinco selecciones distintas. Dirigió a México en 1986, a Costa Rica en el 90, a Estados Unidos en el 94, a Nigeria en el 98 y ahora a China.

Poco a poco los clubes pudieron contratar también a entrenadores extranjeros. Shangai contrató al brasileño Sebstiao Lazaroni, seleccionador de Brasil para el Mundial 90. Entre los entrenadores que trabajaron en China y ayudaron a la evolución del futbol cabe mencionar al coreano Cha Bum-Kun que llevó a la selección coreana al Mundial 98, y su compatriota Lee Jang-Soo, que fue elegido mejor entrenador del año 2000 o Henri Kasperczak.

Fue el equipo de Irak el que impidió que China participara en el Mundial de 94. Esa nueva derrota consternó tanto a los aficionados como a los profesionales. Se produjo entonces una nueva revolución: se autorizó  a los jugadores profesionales  que salieran del país. Los dirigentes deportivos pensaron que era muy importante que pudieran adquirir experiencia en las canchas internacionales. En 1998 el club londinense Crystal Palace contrató a dos chinos defensores: Fan Zhiyi y Sun Jiha; Yang Chen se fue al Eintracht Francfurt (Alemania), Li Jinyu fue acogido por el Nancy (Francia). Unos meses más tarde Zhang Enhua llegó al club británico de Grimsby Town y Ma Mingyu se fue a Perusa (Italia)

Esa expatriación de los mejores elementos del futbol chino no fue exitosa. La mayoría no aguantó el ambiente europeo y se precipitó de regreso a su país. Al tomar las riendas de la selección Bora aconsejó que se evitara la exportación de jugadores. Las altas instancias del futbol lo tomaron al pie de la letra y cancelaron toda transacción con clubes extranjeros.

El internacional francés Christian Perez jugó durante dos años en el club de Shangai. Se quedó impresionado por la pasión  que sienten los chinos hacia los futbolistas. Recuerda: “Es increíble, ven a todos los jugadores como estrellas. En Francia sólo se celebra a unos cuantos, allá consideraban a todos como dioses”.

Habla también de algunos problemas culturales: “Era difícil dar consejos a mis compañeros. Si lo hacía en forma directa, como solemos hacerlo aquí en Europa, hería su dignidad, los deshonraba. Me demoré mucho tiempo en entender su código de honor. Después les decía que lo que hacían era súper, pero si cambiaban eso y eso, pues alcanzarían un nivel aun superior…Funcionó.”

Las comidas que le tocaron a lo largo de sus dos años en el club de Shangai le dejaron recuerdos inolvidables: “Cuando pasaba cerca del acuario del comedor, miraba a los sapos y a las serpientes que chapoteaban por allí. Sabía que era lo que, entre otras cosas, me iban a poner en mi plato. Al principio no fue fácil. Pero comí de todo y nunca me enfermé”.

Sobre el potencial del futbol chino Pérez tiene ideas precisas: “Todavía les falta bastante en la formación. Pero siguen contratando a buenos entrenadores que les dan una sólida cultura táctica, lo pueden hacer muy bien. Ahora bien, en el Mundial 2002 no hay que esperar proezas. Creo que jugarán de manera decente y con mucho entusiasmo, no más”.

Aimé Jacquet, el entrenado que llevó al equipo francés hasta la cúspide de la gloria en el Mundial 98, explica:

“Los chinos tienen que mejorar su organización y canalizar mas sus esfuerzos, pero ese país es un verdadero vivero para el futbol. Necesitan estructuras, buenos técnicos, más coordinación nacional. Les falta mucho en cuanto al juego y lo atlético. Pero los chinos son vivos, hábiles, determinados.”
N. de R. El viernes 12 por la tarde la FIFA se quedó sin compañía de seguros para el mundial de 2002. Axa, la empresa contratada decidió rescindir el convenio de 20 millones de dólares porque las condiciones de riesgo son completamente distintas a las que hubo cuando la firma del trato. La situación de peligro es mucho más elevada que entonces, dijo el portavoz de la aseguradora, Ingo Koch.