Obsesiones

La información televisiva  está pasando por un momento negro. Hay pocas emisoras que sean capaces de registrar y enviar imágenes de lo que sucede en Afganistán. A ello se agrega ahora que la Casa Blanca ordenó “cautela” para difundir lo que viene de esa parte del mundo, en especial los comunicados de Bin Laden.

La censura en Estados Unidos puede acabar con las pocas noticias que se tiene acerca de los bombardeos y sus consecuencias. Veremos si en México el gobierno no considera conveniente apoyar a los estadunidenses también en esta medida.

Por otra parte, los cambios en las televisoras culturales continúan. Canal Once renueva sus cortes de estación, sus promocionales y aumenta con otros programas su barra infantil. Se suman a la misma el Capitán Z y El Travieso Ralph, series inglesas. El rango de edades consideradas en la programación incluye ahora a los preescolares con el título Mi gran amigo, producido por el canal y Tweenies, de la BBC para adolescentes. El propio Canal Once ya anuncia la salida del aire de otra serie producida por ellos: El Diván de Valentina. Todo el segmento va de las 13:00 a las 16:30, y está bajo la coordinación de Patricia Arriaga.

El noticiario adquiere, en cambio, un tono cada día más oficial y al mismo tiempo es el segmento durante el cual la televisora viola la ley de manera más flagrante. Ya en la administración anterior se vendía el espacio del canal y se insertaban algunos anuncios, como podemos verlos en la televisión comercial. Sin embargo, se hacía con discreción, tal vez uno por corte y entre programa y programa. El resto eran promocionales de la emisora y también los logotipos de los patrocinadores. Con esta figura se lograba obtener ingresos sin faltar del todo a la prohibición de lucrar cuando se tienen un permiso. Hoy se insertan dos o tres anuncios en cortes del noticiario y hasta se incluye una sección de los estados que paga el gobierno federal.

Por su parte, Canal 22 anunciará en breve otras modificaciones a sus producciones. Cada vez habrá mayor número de horas dedicadas a los jóvenes , y los modelos de realización serán muy similares a los que ha desarrollado la pantalla casera de lucro, en especial los canales como MTV, Ritmo Son, Discovery. Van a darle un giro también al actual noticiario cultural para hacerlo, según su concepto, más ágil y dinámico. El patrón a seguir parece ser el de Cultura en línea que supuestamente ha logrado aumentar el raiting del canal. Es decir, más información, más breve, más superficial y menos reflexión y análisis. Todo a un ritmo de dos o tres minutos por segmento.

En la televisión comercial, la preocupación central es el raiting  porque de ahí se derivan los mejores contratos de publicidad y porque es su medida de éxito, su capacidad de competir y su razón de ser. En México, la pantalla chica llamada cultural o del Estado se ha dejado contagiar, de tiempo en tiempo, por esa motivación. Eso le pasó a Inmevisión  al querer quitarle su público a Televisa y ya vemos cómo acabó. Y eso le viene sucediendo, al parecer, a los canales que dependen del gobierno en este sexenio. Los directivos están haciendo todo lo posible por aumentar su auditorio. La legítima preocupación por llegar a un público más amplio se ha canalizado hacia la torpe e ineficiente tendencia a emular a lo comercial. Ir a lo seguro, a lo probado sin innovar porque no se ve, según ellos o porque es elitista.

Lo mismo sucede en el rubro del financiamiento. No se buscan maneras nuevas y creativas de obtener ingresos  sin afectar el estilo de la pantalla. Se va otra vez a lo probado: vender tiempo y vender audiencia. Pero así los canales culturales se meten en el difícil y peligroso terreno de las televisoras comerciales que, tanto porque la ley está de su lado como porque no están dispuestos a aceptar nuevos competidores, comienzan a atacar a los canales culturales. Y se va a desatar la guerra.

Sin televidentes fieles por que no obtienen algo distinto, los canales culturales no van a encontrar quién los defienda. Y de ahí a su privatización no hay más que un pequeño paso. No es casualidad que se esté hablando de vender Canal 22 y de que los concesionarios pugnen porque así sea.