Jinete de acero

Convertido en actor y guionista, el diputado federal Félix Salgado Macedonio decide encauzar su talento histriónico al cine en vez de andar haciéndole pasar más vergüenzas a su partido.

Dirigida por Benjamín Escamilla (Casos de Alarma, Lo negro del negro), Guerrero (México, 2000) es el retrato de un héroe de origen campesino con una inquebrantable vocación de líder político y luchador social, tan férrea como su afición por la motocicleta, de la que da muestras aun antes de iniciar su larga serie de enfrentamientos contra el corrupto gobierno de su natal estado de Guerrero.

Más allá del exhibicionismo evidente, se aprecia el tripe salto mortal que se avienta Salgado Macedonio, con todo y moto, aprovechando la publicidad que su extravagante personalidad ha suscitado en los medios de comunicación para denunciar sin tapujos, como nadie lo había hecho hasta ahora, al régimen de los Figueroa. Ahí está la representación –lo mejor logrado de la cinta- de la matanza de campesinos en Aguas Blancas, además de fragmentos  del video original; el control absoluto por parte de los gobernadores, padre e hijo, de la prensa local; la represión criminal contra cualquier intento de denuncia. Por mucho menos se intentó censurar a La ley de Herodes.

“Eres un loquito, pero muy apasionado”, reclama la madre del héroe cuando éste se rehúsa a abandonar la moto. Benjamín Escamilla y Félix Salgado tenían todos los elementos para forjar el mito de un verdadero héroe: personaje predestinado desde la cuna a enfrentarse con animales ponzoñosos, denuncia abierta y valiente contra la injusticia, tiranos devoradores como los gobernadores (bien protagonizados por Manuel Ojeda y Jorge Reynoso) que fungirían como la Némesis de Félix, en una serie de aventuras, encarcelamientos, ataques y persecuciones que podían haber servido para ilustrar la evolución moral y mental del diputado.

Desafortunadamente, todos estos elementos quedan sepultados bajo la carga de sentimentalismo y el afán hagiográfico en una serie de viñetas que aplanan por completo la personalidad de Salgado Macedonio. “Tú siempre pensando en los demás y luego nomás te critican”.

Como se preveía de antemano, la película está resultando taquillera; se habla incluso de una secuencia. Pero Guerrero quema todos sus cartuchos en un solo disparo. Una vez establecidas, sin matices, las buenas intenciones y la inocencia a prueba de fuego de Félix, queda poco que contar; incluso después del escándalo ocurrido en la colonia Condesa en el enfrentamiento con los policías, que una escena nos muestra embriagándolo a la fuerza (hasta aquí parece perseguirlo la sombra del caudillo); menos aún, depuse de retomar en forma documental, los mejores episodios en el Congreso como cuando mostró las urnas quemadas del fraude electoral de Guerrero, y hasta las veces en las que le ha torcido el cuello al cisne de la retórica con su famoso “mañanero” y la salud afectada de los niños por el cambio de horario de verano.

Quizá la película recaude mucho dinero; si el hombre es tan generoso como se pinta, seguramente invertirá en la lucha por reivindicar los derechos de la gente de su amado estado; ojalá no sea pura estridencia como la de la frase que canta su corrido: “Allá va el jinete de acero haciendo un ruido infernal”.

Pero ahora, no hay duda de que se desperdicia un capital político de lo más incendiario por el manejo maniqueo de buenos y malos; la participación de la gente del pueblo –con tan pocas oportunidades para exponer sus demandas en los medios- queda supeditada a engrandecer la figura de este easy rider guerrerense. El público mexicano está más que preparado para concebir un héroe carismático auténtico, con defectos y virtudes.