Becas y jóvenes creadores

Las becas del Fonca (Fondo Nacional para la Cultura y las Artes) son uno de los temas más espinosos y ambivalentes de la administración gubernamental de la cultura.

Ambivalente porque los argumentos a favor y en contra son igualmente elocuentes: si bien es cierto que en México el mercado y los consumos artísticos no son lo suficientemente dinámicos como para absorber la numerosa producción plástica que generan los creadores, también es cierto que no son claras las ventajas que tiene la ciudadanía al financiar becas mensuales durante varios años para una producción plástica que, muchas veces, ni se ve ni se admira ni se justifica como una necesidad estética.

Espinoso porque, si en un acto de responsabilidad y valentía las autoridades decidieran retirar esos estímulos, tendrían que enfrentarse a severas críticas y disgustos de la comunidad artística.

En el Programa de Trabajo 2001-2006 del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, aun cuando se plantean objetivos y líneas de acción que buscan corregir algunos vicios de la gestión pasada, se mantienen sin cambios de criterios los programas  de becas para creadores. Es un acierto que se trate de corregir la iniquidad, la indefinición en los criterios de selección, la falta de transparencia en la información a la sociedad, el predominio de proyectos de beneficio individual, el centralismo, el insignificante impacto de las acciones culturales en el devenir social, y la carencia de proyectos que dinamicen el desarrollo económico.

Sin embargo, es un gran desacierto que no se trata de corregir la pasividad que hoy en día caracteriza al escenario del arte contemporáneo en México y que, desde mi punto de vista, fue originado muy especialmente por el sistema de becas que en 1989 sustituyó a los estímulos por concurso.

Algunas  ventajas y desventajas del sistema de becas en la creación artística de los jóvenes –definidos oficialmente como menores de 35 años-, puede evaluarse en estos días a través de la muestra que bajo el título de Creación en movimiento se presenta en el Centro Nacional de las Artes. En ella se presentan algunos trabajos realizados durante 1999-2000.

Al igual que toda exposición colectiva, la muestra permite confrontar preferencias en géneros y poéticas. En este evento, así como en otros presentados a lo largo del año, sobresale la preferencia por la pintura, la cual se manifiesta en diversos lenguajes expresivos: neoexpresionismo de corte romántico en Eric Pérez, neobarroquismo en Daniel Lezama, percepción nal en Sergio González y, en Fabián Ugalde, su conocido neopop. Entre lo más interesante, una obra de Heriberto Quesnel, en la cual el autor confronta valores opuestos a través de metáforas amorosas y brutales del futbol.

Las obras tridimensionales son escasas, pobres en concepto y la mayoría también en factura: las cabezas geométricas en cerámicas de Alejandro Castaño, y el ensamblado de muro prefabricado con materiales de construcción, de Guillermo Álvarez, demuestran la carencia de criterios de calidad en la selección y en la evaluación de los trabajos. En fotografía no hay sorpresas, predomina la buena factura y la simplicidad de conceptos. La sección de medios alternativos y de multimedia sorprende más por la confusión curatorial en la definición de géneros –extensiva también a la fotografía- que por las propuestas visuales. En cambio, la gráfica resalta por las propuestas, como los ensamblados bidimensionales en blanco y negro con los que Cecilia León Hernández evoca el anonimato y hacinamiento de la vida urbana, o las románticas palabras sin sentido de Ximena Pérez Grobert.

En general, es notoria una política que incide en la representación de tiempos simultáneos a través de círculos que se enciman con imágenes distintas. Y también es notoria la repetición de artistas que, o bien ya han sido beneficiados otros años con esta beca –pueden tenerla tres veces- o han expuestos en varios lugares al mismo tiempo.

Como resultado es evidente que las becas no promueven especialmente ni la innovación ni la pluralidad de oportunidades. Por el contrario, abunda la producción y escasean las posibilidades de difusión y de consumos artísticos. Estas becas, tal como están estructuradas, no dinamizan el panorama; por el contrario, lo saturan.