Sanjuana Martínez
MADRID-. ¿Hay intereses políticos o económicos en la concesión del Nobel de Literatura? ¿Existen grupos de poder que ejercen presión sobre los académicos? ¿Cuántos lobbys trabajan alrededor de la Academia en Estocolmo? Y, ¿cuál es la labor de las grandes editoriales?
A cien años del nacimiento de este anhelado premio creado por Alfred Nobel, la polémica y las inconformidades han perseguido al galardón dotado con casi un millón de dólares.
La lista incluye a grandes nombres, pero las graves ausencias desde Tolstoi, Proust, Joyce, Pessoa, Rilke, Brecht y Borges son tan notorias como algunas presencias: Sully Prudhomme, Johnson, Churchill, Sachs, Agnon o Echegaray…
Los entresijos, los movimientos tras bambalinas y en concreto las deliberaciones entre los académicos a la hora de la elección, no se han conocido; la transparencia brilla por su ausencia.
En junio de 1900, el rey Oscar II de Suecia promulgó los estatutos de la Fundación Nobel, y estableció que las deliberaciones del jurado entre 1901 y 1951 deberán publicarse después de cien años, en un libro que saldrá el próximo mes.
Alrededor del galardón por antonomasia se han registrado verdaderos escándalos, algunos con dimensiones incluidas en el seno de la Academia como el ocurrido en 1989 cuando tres académicos: Kerstin Ekten, presentaron su dimisión en protesta por la pasividad demostrada en el caso de Salman Rushdie.
Luego llegó la conmoción en las letras españolas, cuando en 1996 Knut Ahlund, el único miembro hispanohablante de la Academia que tradujo a Camilo José Cela y Sustituyó a Arthur Lundkvist, renunció en cierto conflicto con el secretario permanente de la Academia, Sture Allen.
“La literatura en español está en peligro, porque la Academia no tienen ningún especialista en literaturas españolas. El conocimiento de estas literaturas es de segunda mano, ya que cuando la leen en sueco no es lo mismo. Es indispensable que las grandes obras se lean en su lengua original”, dijo en ese entonces Ahlund, al tiempo que renunciaba el académico Torgny Lindgren.
Ante el conflicto armado en Afganistán, los rumores sobre la concesión de este año se centraban en que la Academia premiaría a un autor en lengua árabe o inglesa.
El premio para Naipaul estaba en las eternas quinielas.
Entusiasmado, Ricardo García, de Plaza y Janés, filial del poderoso grupo Random House y Bertelssman, como la editorial Debate, que publica al nuevo Nobel, reconoce que existen grupos de presión que ejercen influencia entre los académicos, “pero nosotros no sabemos exactamente cómo operan”.
-Sin embargo su grupo es suficientemente poderoso y podría ejercerlas, sobre todo después de la fusión con Random House.
-Sí, pero sinceramente no creo que esa influencia llegue hasta allí. Lo que mas les interesó a los académicos de la literatura de Naipaul es que no haya una frontera tajante entre la acción y la realidad.
Editorial Debate ha traducido siete libros del escritor premiado desde 1981:
“Era una apuesta comercial discreta, pero suponemos que esto va a disparar las ventas.”
Reconoce que Naipaul no es un autor muy conocido, pero sí prestigioso:
“Aquí no se le conocía cuando lo empezamos a publicar. Y queríamos traerlo en enero”, dice al referirse a la edición de la novela El sanador místico, que ahora pondrán a la venta en noviembre.
Pilar Lucas, de Editorial Destino, está convencida de que en el otorgamiento del Nobel influyen aspectos políticos y muchos intereses de grupos poderosos:
“Lo creo, porque vemos que algunos de los premiados son cuestionables y fueron elegidos por una razón política o coyuntural.
“Por ejemplo, hay problemas de respecto a los derechos humanos en China, pues se lo dan a Gao Xingjiang.”
Pero rechaza que los grupos editoriales hagan lobby para que se premie a sus autores, “al menos españoles no”. Afirma en cambio que en general los premios para un escritor sirven para darse a conocer:
“Por ejemplo, nunca se han comprado libros de Camilo José Cela como cuando le dieron el Nobel, libros que no eran muy leídos. Ahora se le conoce internacionalmente. El Nobel, le da reputación internacional al escritor.”
Sin embargo, Pilar del Río, esposa de José Saramago, premiado en 1998, asegura que su esposo es la prueba de que lo políticamente correcto ya no prima, y añade:
“Conociendo a los miembros de la Academia no creo que haya lobbys. La Academia es lo suficientemente seria para no permitirlo.”
Saramago dijo, antes de que le dieran el Nobel, que si tenía que renunciar a su ideología para que se lo otorgaran prefería no tenerlo, y hoy critica las injusticias que se han cometido con algunas ausencias – con ciertas presencias:
“La verdadera literatura, con Nobel y sin él, segura llegando al corazón de la gente. Cuando por primera vez en 1901 la Academia Sueca consultó a la Academia Francesa los nombres de los candidatos Zolá y Tolstoi, y Francia los rechazó por un autor que consideraron maravilloso: Sully-Prudhomme. Hoy ese Nobel es un perfecto desconocido.”
Saramago dice que los tres escritores que definen el siglo XX son Kafka, Borges y Pessoa, aunque ninguno de ellos recibió el Nobel; por eso Pilar insiste en que no hay lobbys:
“Lo que hay son informadores. La Academia tiene contactos en todo el mundo para enterarse de lo que se publica; porque los 17 solos no podrían.”
Y añade: “Siempre hay una lista de eternos candidatos al Nobel, que parece que nunca llega. En esa lista influye la gente que los presenta; gente que a veces no es muy objetiva.”








