Pascal Beltrán del Río
Londres.- Le dicen “la CNN del mundo árabe”, pero la televisora Al Jazira ha conseguido últimamente tantas noticias exclusivas de alcance internacional que la poderosa cadena de Atlanta se ha tenido que resignar, como muchas otras, a comprarle imágenes.
Lo que la CNN fue para la Guerra del Golfo –una fuente de información imprescindible sobre lo que ocurría en ese conflicto-, Al Jazira lo ha sido para la actual crisis en Asia Central.
Para comenzar, Al Jazira tiene la única cámara que transmite en vivo desde Kabul, con lo que ha podido mostrar escenas de los bombardeos estadunidenses y británicos sobre la capital afgana y la respuesta de las baterías antiaéreas de los talibán. Pero, además tiene acceso privilegiado a Osama Bin Laden, lo que le ha permitido dar a conocer los comunicados, en papel o video, del hombre más buscado del mundo.
Su influencia es tal que ni el secretario de Estado estadunidense, Colin Powell, no el primer ministro británico, Tony Blair, han podido ignorarla. Ambos le han dado entrevistas exclusivas a Al Jazira en días recientes. En el caso de Blair, fue él mismo quien la solicitó.
Pero su cobertura informativa –calificada por muchos como poco sesgada e incluso como muy objetiva- le ha valido criticas, lo mismo de extremistas musulmanes que de gobiernos árabes a los que ha criticado y del gobierno de Estados Unidos.
Powell hizo un llamado a la televisora para que no diera la voz a las posiciones radicales en el actual conflicto. Según un informe de Reporteros sin Fronteras, el 2 de octubre, la embajada de Estados Unidos en Qatar se dirigió oficialmente a las autoridades del país para protestar contra la actitud del canal. Lo acusó de dar una cobertura “sesgada” a los acontecimientos del 11 de septiembre, así como de “animar sentimientos antinorteamericanso en el Medio Oriente”. Un día después, el jeque Hamad Bin Khalifa Al Thani, emir de Qatar, principal accionista de la televisora, declaró que funcionarios norteamericanos le habían pedido usar su influencia para la cobertura de los acontecimientos. El jeque dijo que no pensaba intervenir en la línea editorial del canal.
Y el miércoles 10 se informó que la asesora de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Condoleezza Rice, se había reunido con ejecutivos de la televisión estadunidense para solicitarles que no transmitieran los videos que provinieran de Bin Laden y sus cercanos sin revisarlos antes, con el pretexto de que el material podía incluir mensajes en clave para terroristas bajo sus órdenes.
La petición parecía dirigida a limitar el impacto informativo de Al Jazira, única televisora que ha recibido videos de esa naturaleza. La CNN acató la solicitud gubernamental, diciendo que tomaría “en consideración la guía de las autoridades apropiadas”.
Nawal Assad, editora en jefe de la oficina de Al Jazira en Londres dijo a Proceso que la decisión de la CNN le parecía “lamentable”, ya que significaba un rechazo a los “valores occidentales de libertad de expresión y libertad de prensa”.
Al Jazira transmite –vía satélite y 24 horas al día- desde Qatar, un pequeño emirato del Golfo Pérsico. El nombre de la televisora significa literalmente “la isla” en árabe, y es también una de las formas de denominar a la Península Arábiga.
La cadena fue creada hace menos de cinco años a instancias del jeque Hamad Bin Khalifa Al Thani. Hamad, quien destronó a su padre para tomar el poder del emirato de 600 mil habitantes, ha invertido unos 10 millones de dólares en la cadena, interesado en proyectar a su país como el más moderno de la región.
Los directivos de Al Jazira afirman que la televisora tiene una audiencia de 35 millones de personas, repartido en los países árabes, pero también en Europa y Norteamérica.
Al Jazira tiene unos 350 empleados y 35 oficinas en todo el mundo. Muchos de los reporteros –en su mayoría palestinos, sirios y libaneses- se formaron en la BBC de Londres y fueron parte del frustrado proyecto en lengua árabe en que incursionó dicha cadena.
La programación de Al Jazira suele ser mucho más crítica que la de las televisoras del mundo árabe, donde aún campea el control estatal de la información. De hecho, la televisora ha hecho enojar a más de un gobierno árabe por su cobertura y análisis de temas polémicos en esa parte del globo: la desigualdad enfrentada por las mujeres, la ausencia de instituciones democráticas y la persecución de disidentes políticos. Por ejemplo, Kuwait y Jordania cerraron temporalmente las oficinas de Al Jazira con el argumento de que la cadena había insultado a los jefes de Estado de esos países.
Las transmisiones consisten en noticias, comentarios, talk shows e incluso un programa de reportajes de investigación. La diferencia con cadenas internacionales, como CNN y BBC, dice Nawal Assad, es que “nosotros ponemos el énfasis en el interés del público árabe, así que, por ejemplo, cuando la noticia del día para la BBC es la caída en las bolsas de valores del mundo, para nosotros es algún acontecimiento relevante en el Medio Oriente”.
La cercanía con Bin Laden
Algunos comentaristas occidentales han criticado a la cadena por no ir tan lejos como condenar abusos a los derechos humanos en Qatar, el país donde fue creada, o por tener una visión prejuiciada de Israel, pero todos coinciden en que lo logrado por Al Jazira en cinco años no tiene precedentes.
La cadena sostiene que su fama no es nueva, ya que había logrado penetrar en la audiencia del mundo árabe mediante su cobertura del conflicto palestino-israelí.
“La cobertura continua de los disturbios en los territorios ocupados (…) ha mantenido en alto la causa palestina en los hogares del mundo musulmán”, comentó recientemente el diario The New York Times. “Una y otra vez repitió el video de un niño palestino y su padre cubriéndose de los disparos en el costado de un edificio momentos antes de que el niño fuera muerto por soldados israelíes”.
Pero ha sido la relación que la televisora ha establecido con Bin Laden y su grupo Al Qaeda lo que la ha proyectado internacionalmente. El vínculo fue establecido hace tres años por el entonces corresponsal de Al Jazira en Paquistán, Gamal Ismail, quien también estaba encargado de cubrir Afganistán.
El corresponsal consiguió una de las pocas entrevistas televisadas que Bin Laden ha otorgado. Imágenes de la entrevista –realizada en un lugar de Afganistán en 1998- han sido retransmitidas con motivo de la actual crisis, y varias cadenas de otros países han pagado grande sumas por algunos segundos de video. La entrevista que hizo Bin Laden a los musulmanes para matar estadunidenses como una obligación religiosa.
Posteriormente, Al Jazira consiguió imágenes exclusivas de Bin Laden en la boda de su hijo, que también han sido transmitidas. Y fue la única televisora autorizada por el régimen Talibán para grabar la destrucción de los budas gigantes de Bamiyán, una acción que recibió una fuerte condena internacional.
La cadena, evidentemente, cuenta con la confianza del régimen Talibán, que, paradójicamente, ha prohibido el uso de la televisión en su país, en un esfuerzo explícito de hacer que sus habitantes vivan como en la época del profeta Mahoma.
Dotado de una radiodifusora en lengua pashto, cuya principal función es dar a conocer sus edictos, y de dos agencias de noticias –una nacional y otra internacional- sin credibilidad, el régimen Talibán ha dependido de Al Jazira para exponer sus posiciones.
La televisora había logrado acceso a la zona controlada por la opositora Alianza del Norte. Sin embargo, desde el atentado que costó la vida a su comandante Ahmad Shah Masud –una bomba escondida en la cámara de supuestos periodistas argentinos-, los aliancistas han restringido el acceso de muchos reporteros.
Una de las muestras concretas de confianza del régimen Talibán en Al Jazira fue permitirle abrir una oficina en Kabul, autorización con la que no cuenta ninguna otra televisora. La oficina afgana está enlazada vía satélite con Qatar y ha sido capaz de transmitir al mundo imágenes de los bombardeos que han ocurrido desde el domingo 7, así como opiniones de afganos sobre los ataques.
El periodista sirio Teyssir Allouni ha sido, desde hace dos años, el responsable de la oficina de Al Jazira en Kabul, aunque a raíz de los ataques se le han sumado otros periodistas de la cadena. Allouni viste shalwar kamiz, el ropaje que los talibán han convertido en obligatorio, y usa, como ellos, una barba crecida.
En medios internacionales, Allouni ha sido criticado por su supuesta cercanía con el régimen teocrático de Afganistán. Sin embargo, Nawal Assad rechaza esa observación.
“Teyssir es un periodista profesional que realiza su trabajo bajo mucha presión, con muchos riesgos para su vida. Yo nunca le he escuchado un comentarios que denote prejuicio.”
En entrevista con las oficinas de Al Jazira en el barrio de Soho, en pleno corazón de Londres, Nawal Assad dice que el personal de la televisora está emocionado con la publicidad que ha recibido en el último mes y comprometido “con los lineamientos editoriales, como la imparcialidad, con los que fue creada nuestra empresa”.
Palestina de origen, Nawal Assad trabajó, como muchos de sus compañeros, en el servicio en lengua árabe de la BBC, cancelado en 1996. Antes de su llegada a esta capital hace 13 años, fue asistente de producción de las cadenas estadunidenses ABC y National Public Radio, en Jerusalén.
-Llama la atención que una mujer ocupe un cargo de responsabilidad en una cadena cuyo auditorio vive primordialmente en países árabes donde se niegan derechos a las mujeres- se le comenta.
-Es verdad, pero afortunadamente las cosas han ido cambiando en nuestros países y en algunos de ellos las mujeres pueden acceder a cargos como el mío.
Aquí, en Al Jazira, tenemos muchas reporteras y comentaristas, pero tengo que admitir que casi no hay ejecutivas. Y eso es un reflejo lamentable de lo que pasa en la mayoría del mundo árabe.
-El conflicto palestino-israelí es uno de los principales temas de Al Jazira. Destinada su cobertura al mundo árabe, ¿se puede mantener la objetividad periodística en este tema?
-Sí, sí se puede y lo hemos hecho.
Nosotros informamos sobre acontecimientos noticiosos y en ese sentido no tomamos partido. Como sucede a menudo en cualquier asunto noticioso, hay diversos puntos de vista y hemos tratado de dar voz a todos. Por ejemplo, hemos transmitido entrevistas con el ministro israelí de Relaciones Exteriores, Shimon Peres, y con el exprimer ministro Ehud Barak. Esto nos ha valido críticas de algunos musulmanes radicales, pero el público árabe prefiere nuestra cobertura a la de CNN o la BBC porque nosotros proporcionamos un contexto histórico del problema que las otras cadenas internacionales suelen pasar por alto, y también porque, creo, tenemos un mayor entendimiento del problema.
-Ha causado sospecha su difusión de los videos de Bin Laden…
-Esas críticas son injustas. Se opine lo que se quiera sobre Bin Laden y Al Qaeda, ellos son una parte de esta historia Y creo que cualquier cadena que los recibiera los transmitiría. Nosotros hemos tenido la suerte de recibir información de los dos bandos.
-¿Qué opina de la petición de Condoleezza Rice a las cadenas estadunidenses de no transmitir los videos sin revisarlos antes?
-Como periodista, no debo comentar sobre las declaraciones de un funcionario gubernamental, pero me parece lamentable que la CNN haya accedido a esa solicitud. Pedirnos que censuremos nuestro trabajo es un ataque a dos valores esenciales de la civilización occidental: la libertad de expresión y la libertad de prensa








