Sanjuana Martínez
La escritora y periodista estaduidense Elaine Landau revela las claves del fundamentalismo islámico en su libro Osama Bin Laden: El terrorismo del siglo XX. Autora de una decena de libros, entre los que destacan The new nuclear reality y The White power movement, Landay expone –tras una exhaustiva investigación- detalles sobre la red internacional del terrorismo islamita: sus entrenamientos, victorias militares y recursos financieros. Editorial Planeta accedió a entregar a la corresponsal de Proceso en Madrid las galeras del libro, que en las próximas semanas llegará a las librerías de España y Latinoamérica. Ofrecemos aquí algunos extractos:
Gran parte de la implicación posterior de Bin Laden en grupos terroristas surgió de su relación con el Hassan Abdallah al-Turabi, el líder espiritual de Sudán. En muchos sentidos, Bin Laden se convirtió en uno de los favoritos de este líder religioso. Turabi trabajó con Bin Laden en el fortalecimiento de su desarrollo espiritual, mientras que Bin Laden ayudó a Turabi en sus planes para llevar a cabo una revolución islámica de largo alcance. Bin Laden aportó generosamente su tiempo y su capacidad para ayudar a fomentar el crecimiento del grupo de la jihad de Turabi, la Organización Internacional Popular (OIP). Turabi había definido la misión del grupo de este modo: “Desarrollar un plan de acción global para desafiar al Occidente tiránico, porque Alá no puede seguir n nuestro mundo, haciendo frente al poder absoluto del materialismo.”
En algunos momentos, la experiencia de Bin Laden en los negocios y las cuestiones financieras contribuyó a mantener activa la creciente red terrorista. Era algo más que la enorme suma de dinero que había dejado en Arabia Saudita, Bin Laden también tenía conexiones con numerosas instituciones financieras internacionales (algunas más escrupulosas que otras) y podía disponer de sus propios acuerdos comerciales y cuentas para canalizar grandes sumas de dinero con fines terroristas allí donde fuese necesario. Con este fin, estableció una serie de cuentas en bancos de Medio Oriente, Europa y Asia, que combinaban sus propios fondos con los de otros acaudalados hombres de negocios musulmanes que apoyaban la revolución islámica.
Con la colaboración de islamitas extremadamente ricos, como lo había hecho durante la guerra en Afganistán, Bin Laden ayudó a Turabi a fundar el Shamal (Norte) Islamic Bank. El único propósito de esta flamante institución financiera era proporcionar fondos al terrorismo islámico radical. Se calcula que la aportación económica de Bin Laden al banco fue de aproximadamente 50 millones de dólares de su propio dinero. A cambio de su ayuda, el gobierno sudanés aparentemente le entregó casi 400 mil hectáreas de tierras, que Bin Laden utilizó para tareas agrícolas y la cría de ganado.
Bin Laden también fue el cerebro de una entidad financiera completamente separada conocida como Broterhood Group (Grupo de la Hermandad). A través de esta institución, más de 125 de los hombres pro islámicos más ricos de Medio Oriente tuvieron la posibilidad de apoyar generosamente las acciones terroristas en forma discreta. El objetivo de Bin Laden era ocultar las fuentes de financiación del terrorismo a las operaciones de vigilancia occidentales, y lo consiguió mediante la utilización de las operaciones comerciales legales de estos hombres.
Puesto que muchos miembros del Broterhood Group poseían grandes compañías en Estados Unidos, Bin Laden también fue capaz de introducir elementos terroristas en territorio norteamericano como si fuesen empleados de estas compañías. Esta acción distorsionaba el verdadero objetivo de su presencia en Estados Unidos al tiempo que les permitía entrar en el país sin despertar sospechas y permanecer allí con visados de negocios completamente legales. Bin Laden hizo los mismos arreglos con un número elevado de miembros del Broterhood Group que poseían empresas en numerosos países europeos.
En 1994, aunque manifiestamente incapaces de seguir la pista o detener este flujo de dinero, fuentes de los servicios de inteligencia egipcios comprobaron que las cantidades de dinero en metálico que se destinaban a propósitos terrositas eran elevadísimas. Al describir las operaciones del Broterhood Group se observó que “el dinero es empleado para la adquisición de armas y explosivos” y también “para pagar los salarios de aquellos que llevan a cabo las operaciones terroristas”.
Bin Laden diseñó también diversas formas de ampliar el apoyo a los terroristas islámicos en Bosnia-Herzegovina (en la ex Yugoslavia). A través de esta red canalizó fondos entre 4 mil y 6 mil terrositas valiéndose de numerosas instituciones de caridad islámicas de cuestionable legitimidad. En otros lugares del mundo también había instituciones de caridad similares patrocinadas por Bin Laden. Naturalmente, parte del dinero se destinaba a los menesterosos y enfermos, y esa ayuda contribuyó a construir la base necesaria para una futura revolución islámica y también a mantener las operaciones bajo una apariencia de legalidad.
A parte de crear una red financiera fundamental para la revolución islámica durante los primeros años de la década de 1990, Osama Bin Laden ayudó a la causa de otro modo igualmente vital para su supervivencia. Aplicó los conocimientos y capacidades adquiridos en la industria de la construcción para aumentar la extensión del terrorismo y creó la compañía constructora como Al-Jirah para la Construcción y el Desarrollo, Ltd. El propósito exclusivo de esta empresa de construcción era montar en Sudán la infraestructura necesaria para trasladar el equipo, los vehículos y el armamento necesarios para la realización de actos terroristas. Se construyeron carreteras que unían cuidades, puertos y bases de entrenamiento terrorista. También se construyó un aeropuerto lo bastante grande y completo como para alojar aviones de combate.
Las numerosas contribuciones de Bin Laden a la revolución islámica le valieron la confianza y el respeto de los líderes más importantes del movimiento. No había ninguna duda de que Osama Bin Laden había establecido una diferencia en formas de actuación que complacerían a los militantes islámicos y finalmente aterrorizarían a Occidente. Un informe presentado por Human Rights Watch, una división de Amnistía Internacional, afirmaba que Bin Laden “estaba en condiciones de establecer una poderosa presencia militar y política en Sudán”. El informe añadía que los combatientes islámicos reunidos en ese país incluían a “tunecinos, argelinos, sudaneses, sauditas, iraquíes, marroquíes, somalíes, etíopes, eritreos, chechenos, bosnios y seis afroamericanos”. Bin Laden era obviamente capaz de ayudar a formar una considerable fuerza terrorista. Gracias a su trabajo y al de otros como él, hacia mediados de la década de los noventa, la red terrorista islámica había aumentado y mejorado…
En Somalia
Un segundo propósito de los radicales islámicos era liberar la zona conocida como el Cuerno de África, una región que incluye las naciones de Etiopía, Eritrea, Somalia y Yibuti (…) Se trataba de una región de enorme valor estratégico debido a su ubicación geográfica. Situada en el extremo oriental del continente, es una zona vital para la navegación internacional, ya que aquí es donde el Mar Rojo se une con el océano Índico. Si se bloqueasen los accesos estratégicos existentes en la costa de Somalia, los barcos no podrían alcanzar el canal de Suez. Ello interrumpiría el tráfico marítimo entre Europa y Estados Unidos, y también entre Europa y el este de Asia y, en algunos casos el efecto sobre el comercio sería devastador…
El movimiento islámico armado en Somalia crecía rápidamente y se preparaba para la lucha. Para combatientes de la jihad¸como Osama Bin Laden, era cuestión de estar atentos a los intereses islámicos a escala internacional.
Entre tanto, en Somalia, las fuerzas islámicas se preparaban para lanzar ataques guerrilleros contra Estados Unidos. Los fundamentalistas también dedicaron sus mejores esfuerzos a incitar a la población local. Tal como señalaba un observador: “La hostilidad hacia la presencia de los soldados de las Naciones Unidas se manifiesta en los sermones de los viernes de las mezquitas de Somalia”. También se planeó un ataque contra objetivos estadunidenses en Adén, Yemen, donde se estaban ultimando los preparativos para la ayuda humanitaria a Somalia. Puesto que Bin Laden tenía extensas conexiones con excombatientes de Afganistán instalados ahora en Yemen, fue elegido como coordinador de proyecto.
Un equipo de aproximadamente 500 experimentos terrorista fue llamado a reunirse en la zona, mientras los fondos para financiar la operación eran canalizados rápidamente hacia las cuentas de Bin Laden en los bancos de Yemen. Se había llamado a expertos en explosivos y se había reunido todo el material necesario. El jeque Tariq al-Fadi, quien había estado en el exilio en Londres, llegó a Yemen para ayudar a los preparativos y organizar a los combatientes…
La carrera como terrorista de Bin Laden no había hecho más que comenzar. Continuó siendo una pieza muy útil mientras centenares de terroristas islámicos se trasladaban desde diversas partas del mundo a Sudán, que se había convertido en su base de operaciones. Entre ellos, se incluían unidades de combate islámicas separadas y diferentes que habían accedido a trabajar juntas para obligar a las fuerzas de Estados Unidos y las Naciones Unidas a abandonar Somalia. Había militantes libaneses de Hezbolá y también miembros del Frente Islámico de Sudán. Se decía que muchos de los hombres reclutados para Somalia estaban especializados en “guerras de bandas, lucha callejera, coches bomba, operaciones comando y operaciones con francotiradores”. La idea general era “hacer frente a los norteamericanos en Somalia” con el objetivo último de “arrastrarlos a una guerra a campo abierto, batallas callejeras, ataques y retiradas y emboscadas, como se había hecho en Vietnam”…
El 3 de octubre de 1993, las tropas norteamericanas sufrieron numerosas bajas durante un combate con las fuerzas islámicas. 18 soldados murieron y muchos más resultaron heridos. Al día siguiente, para celebrar su victoria, los fundamentalistas islámicos arrastraron los cadáveres de varios soldados estadunidenses por las calles de la ciudad. Más tarde se sabría que los hombres que participaron en aquellos combates habían sido “entrenados por Al-Qaeda”.
Después, Bin Laden se refirió con orgullo al papel de los combatientes de la jihad en la victoria de Somalia, diciendo: “Es verdad que mis compañeros lucharon contra las tropas norteamericanas en Somalia. Pero estamos luchando contra el terrorismo de Estados Unidos. Bajo la fachada de las Naciones Unidas, Estamos Unidos intentó instalar sus bases en Somalia para así poder controlar Sudán y Yemen. Mis compañeros mataron norteamericanos. No nos avergonzamos de nuestra jihad. Un centenar de norteamericanos murieron a causa de una explosión, luego otros 18 murieron en combate. Un día nuestros hombres derribaron un helicóptero norteamericano. El piloto consiguió salir del aparato. Lo atrapamos, le atamos las piernas y lo arrastramos por las calles. Después de eso, 28 mil soldados norteamericanos huyeron de Somalia. Los norteamericanos son unos cobardes”…
Bin Laden consideró la retirada de las tropas norteamericanas como una de las tropas norteamericanas como una de sus victorias más significativas contra Estados Unidos. En la estela de ese éxito, pensó que si era posible expulsar a Estados Unidos de Somalia, era posible liberar a todo Medio Oriente de las influencias occidentales. Más tarde expresaría sus sentimientos a un periodista en estos términos:
“Nosotros creemos que Dios utilizó nuestra guerra santa en Afganistán para destruir al Ejército ruso y a la Unión Soviética… y ahora le pedimos a Dios que nos utilice una vez más para poder hacer lo mismo con los norteamericanos, para convertir a Estados Unidos en una sombra de sí mismo. También creemos que nuestra guerra contra Estados Unidos es mucho más simple que nuestra guerra contra la Unión Soviética, por que algunos de nuestros mujahidin (jóvenes guerreros) que combatieron en Afganistán también participaron en operaciones contra los norteamericanos en Somalia y estaban sorprendidos por el derrumbe de la moral norteamericana. Esto nos ha convencido de que Estados Unidos es un tigre de papel.”
El “héroe islámico”
Osama Bin Laden sigue siendo un héroe para los jóvenes islámicos. Ello es especialmente cierto en aquellos que asisten a los seminarios religiosos musulmanes dirigidos por fundamentalistas. Estas escuelas, donde el alojamiento, la comida y la enseñanza son gratuitos, recogen a sus alumnos de los estratos más pobres de la sociedad. A los estudiantes, todos ellos varones, cuyas edades oscilan entre los nueve y los 30 años, se les enseña que las respuestas a todos los problemas de la sociedad se encuentran en el fundamentalismo islámico. Estas instituciones de enseñanza han sido caracterizadas, con frecuencia, como campos de entrenamiento temprano para los luchadores santos. Ciertamente, muchos jóvenes se trasladaron a una de las bases de entrenamiento terroristas establecidas por Bin Laden.
Además de estudiar el Corán, los estudiantes de estas escuelas aprenden que Bin Laden es un héroe que debe ser emulado. Como le dijo Wali, uno de esos estudiantes en una escuela de Pakistán, a un periodista extranjero: “Osama Bin Laden es un gran musulmán. Occidente teme a los musulmanes, por eso los ha convertido en su enemigo. Osama quiere mantener al Islam libre de la contaminación de los infieles. Él cree que el Islam es el camino para todo el mundo”.
Allí, como en muchas instituciones similares, el orgullo de la escuela e incluso el sentido de la excelencia e identidad parecen unidos en forma innata a Bin Laden, un hombre considerado como alguien que no puede hacer nada malo. Cuando el periodista les preguntó a los jóvenes de la misma escuela si esperaban ver a Osama Bin Laden en posesión de armas nucleares, todas manos se alzaron simultáneamente y algunos estudiantes inclusive irrumpieron en aplausos. Luego, el periodista les preguntó qué harían ellos si Bin Laden fuese capturado y llevado a Estados Unidos para ser juzgado. Un estudiante, llamado Mohamed, quien respondió en nombre de toda la clase, dijo: “Sacrificaríamos nuestras vidas por Osama. Mataríamos norteamericanos”. Cuando el periodista le preguntó qué clase de norteamericanos, refiriéndose a soldados o civiles, Mohamed se limitó a contestar: “A todos los norteamericanos”.
Bin Laden puede haber hecho más daño del que generalmente se cree. La semilla de futuras jihad quizá ya esté sembrada.
¿Cómo es de poderoso Osama Bin Laden? A pesar de los numerosos intentos por acabar con su vida, Bin Laden sigue vivo. Algunos consideran asombroso este hecho, teniendo en cuenta que la recompensa de 5 millones de dólares que Estados Unidos ofreció por su cabeza lo convirtió en el hombre más buscado de la Tierra. Sin duda, su captura ha sido un frustrante desafío para Estados Unidos…
Existe cierta preocupación de que al haberlo convertido en el “hombre vivo más buscado”, Estados Unidos puede haber aumentado inadvertidamente su atractivo popular. Como surgió Larry Johnson, exsubdirector de contraterrorismo del Departamento de Estado, “Estamos Unidos tendía a convertir a Osama Bin Laden en una especie de supermán vestido de musulmán: mide tres metros, está en todas partes, tiene un montón de dinero y no se le puede desafiar”.
¿Puede haber sido contraproducente la campaña lanzada por Estados Unidos contra Osama Bin Laden, aumentando su mística como una leyenda? En muchos lugares parece rodearlo una admiración casi religiosa. En gran parte de Medio Oriente, hay una enorme demanda tanto de pegatinas y pósters con su imagen como de libros y cintas grabadas con sus discursos. Muchas parejas de fundamentalistas islámicos bautizan a sus recién nacidos con el nombre de Osama…
Obviamente, la popularidad y los seguidores de Osama Bin Laden han aumentado a lo largo de las décadas. El director de la CIA, George Tenet, quien advierte que Occidente no puede permitirse el lujo de bajar la guardia, declaró ante un subcomité del Senado que él no tenía “la menor duda de que Bin Laden volvería a atacar”…
Hassan al-Turabi, el líder religioso sudanés, que sigue siendo un íntimo amigo de Bin Laden, describió el fenómeno de esta manera: “Ellos (los líderes norteamericanos) han convertido a Osama Bin Laden en un campeón, en un símbolo del Islam para todos los jóvenes en el mundo musulmán. Aunque consiga atraparlo y matarlo, no harán más que generar miles de Bin Laden, miles de ellos”.
Si esto es verdad, Estados Unidos puede enfrentarse a un reto aún mayor en el futuro. Acabar con el mito es probable que sea más difícil que capturar al hombre. De modo que, de una manera u otra, Osama Bin Laden estará con nosotros durante algún tiempo.








