Una capilla histórica, en el olvido

Señor director:

Casi sobre la carretera de Saltillo a Monterrey, existe un agónico poblado llamado Santa María, que fue una importante hacienda durante la Colonia. En 1811, cuando Miguel Hidalgo avanzaba penosamente hacia la frontera con Estados Unidos, el cura ofició allí su última misa, en la capilla conocida como la Iglesia de Santa María. Al amanecer, partió para encontrar la muerte poco después.

El paisaje de Santa María es desolador por el olvido total de autoridades municipales, estatales y federales. La capilla tiene un precario mantenimiento arquitectónico y alberga una bandera mexicana decolorada, un sillón desvencijado y una roída banca de madera que los vecinos guardan con celo por ser, según dicen, el lugar donde durmió el Padre de la Independencia.

Algunos sujetos que, según lugareños, viven holgadamente cerca del recinto, sustrajeron mobiliario valioso que se conservaba desde el siglo XIX. En los municipios de Ramos Arizpe y de Saltillo nunca se investigó para recuperar los bienes y castigar a los responsables. La capilla  aún es utilizada litúrgicamente por un párroco de Ramos Arizpe que a las limosnas de sus empobrecidos feligreses les da un destino ignoto pero que, seguramente, ha de incidir en el provecho espiritual de la región.

El hecho es que a los voluntarios que desinteresadamente cuidan el templo, las autoridades y los párrocos les dicen que no hay recursos para realizar los trabajos indispensables de preservación.

Este lugar (cuyo equivalente histórico en otros países sería convertido en un museo con vigilancia militar) es visitado por algunos extranjros, que parecen más preocupados por la memoria y la identidad cultural de los mexicanos que las autoridades del país, las cuales, año tras año, se limitan a dar “el Grito de la Independencia”. (Carta resumida.)

Atentamente

JONATHAN MOSTACERO MAGADÁN

moustardieur@hotmail.com