Sanjuana Martínez y Roberto Ponce
MADRID.- La sala de la bahía de San Sebastían explotó en aplausos a mitad de la proyección de la cinta danesa Et Rigtit Menneske (Un ser humano de a de veras), comedia del director y guionista sueco Äke Sandgren, dando un triunfo más al movimiento cinematográfico del revolucionario grupo danés Dogma.
Filmada en el puerto de Copenhague y producida por Ib Tardini para Zentropa Productions, la cinta maravilló de principio a fin con el concurso fílmico y, al finalizar, otra enorme ovación la convirtió en una de las consentidas para la Concha de Oro.
Sandgren, quien comenzó en 1983 como asistente de director de Udenrigskorrespondanten (Haití Express) y debutó dos años más tarde con Johannes´Hemmelighed (El secreto de Juan), declaró acerca de su trabajo al diario El País:
“Mi intención fue hacer una película simple, sin pretensiones cinematográficas. Obviamente, la filosofía que hay detrás del Manifiesto Dogma95 (creado en la primavera de 1995 por el prestigioso cineasta danés Lars von Trier) se presta totalmente para sacar este tipo de proyectos. Tomamos la decisión de no discutir a cerca del estilo ni la estética. El resultado fue que Un ser humano de a de veras se hizo con un tipo de energía muy especial y que es realmente un trabajo repleto de alegría.”
Loado por el diario como “una metáfora muy divertida y penetrante, astuta e inteligentemente desplegada”, el filme fue también aclamado por el crítico mexicano Tomás Pérez Turrent en El Universal, quien al entroncarla con el movimiento Doma, escribió que “funciona a la perfección (siendo) una obra de interés real”.
Cruz y cuernos
En 1994, Lars von Trier (Copenhague, 1956) apareció de Tacache en las pantallas de televisión danesa presentando su serie de episodios en un hospital, Rigdom (el reino), que iban entre lo zúrrela y lo extraordinario, con el consejo: “Tomen lo bueno, con lo malo”, al tiempo que hacía con su mano la señal de la cruz y unos cuernos.
Dogma nació contra la artificiosidad y la estandarización del cine actual al estilo La guerra de las galaxias, con un Manifiesto que Lars von Trier y su paisano Thomas Vinterberg redactaron para crear un movimiento vanguardista. Fundaron “una hermandad” a la que invitaron a otros dos cineastas escandinavos: Kristian Levring y Sören Kragh-Jacobsen. El resultado: decenas de directores de todo el mundo intentan obtener el certificado Dogma para sus películas, uniéndose cada día más actores y productores a esta ola creativa.
Dogma realizó cintas como Festen (Celebración) de Vinterberg, Idioteme (Los idiotas), de Von Trier y Mifunes´Sidste Sang (Mifune o La última canción de Mifune) de Kragh-Jacobsen, para después venir varia más con la tremenda Breaking the waves (Rompiendo en la oscuridad) del fundador de Dogma, Palma de Oro en Cannes y mejor interpretación para roquera islandesa Björk.
Ni armas ni crímenes
Para Dogma, lo importante es combatir el cine de ilusión bajo el siguiente juramento o “voto de castidad”, decálogo redactado el lunes 13 de marzo de 1995:
1.- Los rodajes tienen que llevarse a cabo en decorados naturales. No se puede decorar ni crear un set (si un artículo u objeto es necesario para el desarrollo de la historia, se debe buscar una locación donde estén los objetos necesarios).
2.- El sonido no se mezclará separadamente de las imágenes o viceversa (no deberá usarse música, a menos que ésta sea grabada en el mismo lugar donde se suceda la escena).
3.- La cámara debe manejarse a mano o apoyarse en los hombros (la película no sucederá donde esté la cámara; el rodaje tendrá que realizarse donde suceda la película).
4.- La película tiene que ser en color. No se permite el uso de luz especial o artificial (si la luz no alcanza para filmar una determinada escena, ésta se eliminará o, en rigor, se puede enchufar un foco simple a la cámara)
5.- Prohibido utilizar efectos especiales o filtros de cualquier tipo.
6.- La película no puede tener una acción o desarrollo superficial (no puede haber armas ni crímenes en la historia)
7.- Las alteraciones de tiempo y espacio están prohibidas o, lo que es lo mismo, la película ocurre aquí y ahora.
8.- No se admiten películas “de género”.
9.- El formato debe de ser de35 milímetros.
10.- El director no debe aparecer en los créditos.
Von Trier aclaró en noviembre de 1999.
“Todos somos pecadores. La cinta perfecta Dogma no se ha filmado y no puede rodarse, pues como muchos de lo diez mandamientos de La Biblia, las reglas de Dogma son imposibles de respetar. Pero las intenciones son nobles.”
Para entonces, ya se habían sumando al voto de castidad directores de diversos países y enviaron sus películas esperando el “Certificado Dogma”, que cuesta 5 mil coronas danesas (640 dólares). Ahí están Fuckland del argentino José Luis Marques o la española Era Outra Vez de Juan Pinzás.
Libro y escuela
Dogma es todo un fenómeno social, y Editorial Alba ha publicado el El título de este libro es Dogma95 del periodista británico Richard T. Kelly (colaborador de The Guardian), quien reunió el dossier de lo que llama “un movimiento radical” dentro del cine europeo, abriendo nuevos y opuestos caminos al cine hecho en Hollywood.
En él, Von Trier recuerda que cuando leyó su Manifiesto en París, en una reunión con el ministro francés de Cultura ante un teatro lleno, la gente lo increpó: “¿Y para qué vienes aquí si tanto odias al cine?”, por lo que alegó:
“Porque no le digo a nadie que tiene que hacer una película de Dogma, sólo que yo me disponía a hacer una. Lo subversivo de verdad es ponerse limitaciones uno mismo aunque eso, si lo piensan bien, es algo que se hace a todas horas. Desde luego, lo que resulta provocador es hacerlo público.”
El Manifiesto afirma que el cine de Dogma no es personal.
Lars Von Trier no ve cintas comerciales y, si lo hace, es en video; atesora un proyecto de ciudad cinema en Internet: armybase.com. Y en otra entrevista incluida por Kelly, el director Vinteberg (autollamado “misionero de la iglesia Dogma”) se muestra sorprendido:
“La gente no parece haber agarrado la idea tal y como yo esperaba. Pensaba en que se crearía una atmósfera polémica y que incitaría a la gente a realizar algo importante, quizás algo totalmente opuesto a Dogma: a rodar películas grandiosas para demostrar que también se puede ir por el lado contrario. De hecho, Dogma casi se ha vuelto algo convencional en la cultura danesa, hay ‘arquitectura Dogma’, ‘anuncios Dogma’…
“Dentro de la industria publicitaria, ya uno se encuentra en esos focos carísimos y atroces ‘para que parezca Dogma’. Vamos, no iba por ahí la cosa. La cuestión era hacer alfo diferente con mala leche, mostrar al mundo tal como es, no darte otro color. Pero para muchos, Dogma ha significado ‘películas hechas cámara en mano o en video digital’ y nada más.”
Finalmente, para Kristian Levring una de las reglas de Dogma más duras de cumplir es la que señala que las películas no deben buscar estética; para Ángel Fernández Santos de El País, la cinta Un ser humano de a de veras de Sandgren destacó en San Sebastián precisamente por ir más allá de cuestiones de estética o de estilo:
“Filme urdido con sagaz olfato para la captura del trazo de la verdadera originalidad y que está formalizado en un transparente y matemático vuelo de comedia. Por que bajo la ligereza de la trama soñada de este filme de raro humor onírico, hay una comedia respirable a pleno pulmón, como prueban los minutos de ovación cerrada (presagiados por una unánime interrupción entusiasmada a mitad del metraje) que esta humilde gran película arranco de la atestada sala de la sesión matinal de ayer en el Kursaal donostiarra del Festival de San Sebastián.”








