Mauricio Mejía
“Ha habido equivocaciones de algunos exjugadores de Pumas. Han hecho manifestaciones que dañaron al club. No debió de existir esa falta de respeto. Al revés, debieron dar palabras de agradecimiento y de cariño hacia un equipo que los formó como profesionales, como futbolistas y como hombres”.
“Estoy convencido de que la experiencia y la madurez que adquirí en mi primer año como técnico me han ayudado para no repetir situaciones difíciles. Que cosas que hice y dije que no las volveré a cometer”.
“Desde que fui niño, no quise ser un mexicano que pasara inadvertido toda la vida.”
Después de haber pronunciado tales palabras, exclamó:
“De niño quería llamar la atención, demostrar que la vida me la gané para hacer algo importante, para dejar huella. Nunca quise ser común y corriente. Siempre busqué ser el mejor en todo. El mejor hijo, el mejor hermano, el mejor futbolista, el mejor amante, el mejor esposo, el mejor dentista, el mejor en todo. Me gusta llamar la atención, me gusta sobresalir.”
-¿Cuántas de esas asignaturas has exentado Hugo Sánchez? ¿En cuántas es efectivamente el mejor, el campeón?
-Yo no lo voy a demostrar. Lo tendrá que responder la gente que está dentro de este camino de lo que pretendo ser. Si soy el mejor hijo, habrá que preguntarle a mis padres. Si el mejor hermano, a mis hermanos; luego a mis amigos, a mis colegas, y así, a todos. Sé que para muchos de ellos, para bastantes, para muchísimos, para casi todos, no soy el mejor. Pero si tengo la mentalidad de ser el mejor, estoy más cerca de serlo que otros que no la tienen.
-¿Se siente tranquilo, en paz?
-Todavía no. Hasta que no termine el campeonato no puedo hablar de cumplir las nuevas metas que me he trazado. Entonces, voy a estar tranquilo.
-¿Duerme bien Hugo Sánchez?
-Hasta el domingo (23 de septiembre), no había dormido bien. Después del partido en el que cumplimos la primera meta con una victoria, caí rendido. Desde que me avisaron que había sido elegido para regresar a casa, me dio el síndrome del entrenador. No podía dormir, dormitaba. Daba vueltas y vueltas. Mi cabeza daba tácticas, estrategias y soluciones a jugadas dadas. Dormí tres horas diarias. Tenía poco tiempo para planear el partido de mi regreso.
De eso y más habló Hugo Sánchez en la cancha del estadio de Ciudad Universitaria en el templado mediodía del jueves 27 de septiembre de este abrumador 2001. Fue justo una semana después de haber sido confirmado como técnico del Club Universidad de Futbol.
¿Por qué desperdiciar la escena? El estadio está abandonado, no hay guerra en la tribuna es un fantasma de un estadio. La pradera verde reposa después del interescuadras recién acabado. Tampoco jugadores en batalla. Este esqueleto de silencio es una esfera universal para el nuevo entrenador de los Pumas de la UNAM, que concidentemente es el mejor futbolista que México ha traído al mundo:
“Aquí soy feliz. El futbol es mi vida. Hubiese deseado seguir en el futbol como jugador. Pero hay que dar chance a los jóvenes y, sobre todo, saber cuál es el momento de decir adiós. Debo dar continuidad a lo que más me gusta. ¿Y qué es lo más cercano? Ser director técnico y seguir en el ambiente.”
Un ecosistema vive ahí adentro del rectángulo de ilusiones que limitan las rectas de cal, ¿qué dijo Hugo Sánchez sobre eso?
“Es un mundo maravilloso. Maravilloso porque el futbol mueve de todo. Aparte de ser el deporte más seguido del mundo, es el único agradecido con todo tipo de gente. Lo pueden jugar los bajitos, los altos, los de mediana estatura; los flacos, los gordos. Y, lógico, en ese mundo tienen que haber política, intereses, pasiones y tristeza. El futbol lo tiene todo.”
Días de pena y gloria
Pero este universo de silencio no existía hace 20 años. Entonces fue la parroquia de los ruidos. En 1981, cuando jugaba con el 11 de la Universidad en la espalda, Hugo Sánchez tuvo un año axial. En poco más de tres meses padeció los extremos del deporte. En este estadio, el 19 de agosto se coronó en la liga después de un triunfo de 4-1 (suyo fue el primer gol) sobre el Cruz Azul. Ese día se despidió de México y cruzó el mar para “conquistar Europa”, según dijo. Lo hizo a base de “amígdalas”. Pero, como Dante, antes de llegar al paraíso pasó por el purgatorio.
El 22 de noviembre –apenas 15 domingos después del título-, falló un penalti cuando jugaba con la Selección Mexicana un partido decisivo en la eliminatoria para el Mundial de España 82, que terminó empatado a cero y marginó a México en la fase final de la Copa del Mundo. Hugo no tendría la misma oportunidad que Diego Armando Maradona de lucirse ante su nuevo público con los colores de su equipo nacional.
Mientras el Barcelona se preguntaba durante el mes mundialista si no había pagado mucho por Diego, el Atlético Madrid no tenía oportunidad de hacerse ninguna pregunta sobre Hugo. Era el campeón goleador y el mejor jugador en años en el futbol mexicano, cierto, pero en el futbol mexicano.
Allí estaba el vacío para ser llenado. En 1985, Hugo ganó su primer Pichichi como el mejor goleador del futbol español. Después obtuvo otros cuatro, ya con el Real Madrid. Pero el paso por el infierno no se olvida en el próximo mayo. Hugo dijo a la prensa en ese año: “Soy feliz ahora, debo reconocer que he tenido experiencias sumamente dolorosas, como la eliminación en Honduras. También fue difícil mi primer año con el Atlético. No encontraba el marco y el equipo estaba en pésima situación. Las cosas cambiaron, y ahora estoy como triunfador. En la vida no debe uno dejarse derrotar”. Era abril de 1985, 200 goles antes de su salida del balompié ibérico.
Una cosa en presente, en este regreso a la Universidad: ¿Hugo Sánchez se siente patrimonio nacional? ¿Le estorba el crédito?
“Lo acepto, y como sé que es de forma positiva y como yo no puedo calificarme, agradezco la valoración que se hace de mi trabajo, dándole importancia a lo que he hecho a lo largo de mi trayectoria, no solamente como futbolista.”
Aquellos días de 1985 fueron un banquete para Hugo. Los aficionados del Atlético habían cambiado el grito de “indio cabrón”, por el de “Hugo, quédate por favor”.
Por razones que nadie ha explorado aún, por las mismas fechas la gente le quitó el apellido. Únicamente los rivales se referían a él como Hugo Sánchez Márquez. Los acérrimos enemigos le arrojarían un “Sánchez”, un “el 9 del Madrid” o un desagradable “hijo de Sánchez”. Los aficionados de la televisión de cada sábado le llamarían sencillamente Hugo, con la misma irreverencia que se otorga a los primos, a los cuales de cuadra o a los compañeros de salón de clase.
A limpiar la casa
“Hugo, bienvenido a casa”, dice una pancarta que cuelga del primer piso del estadio en la mañana del domingo 23 de septiembre, día en que se formalizó la vuelta de Hugo a la dirección técnica de los Pumas, que enfretaron a los Tigres de la Universidad Autónoma de Nuevo León, en cuyas filas aparecían nada menos que cinco exuniversitarios: Claudio Suárez, Antonio Sancho, Jesús Olalde, David Oteo y el técnico Tuca Ferreti. Este último, miembro de aquel equipo que se coronó en 1981 vestido de blanco con un enorme puma azul sobre la superficie que ocupan el pecho y el abdomen de los jugadores. Por si fuera poco en el segundo tiempo ingresó a la cancha otro más: Jorge Santillana.
-Demasiados muchachos fuera de casa, ¿no es cierto, Hugo?
-Creo que ha habido equivocaciones de algunos exjugadores de Pumas. Han hecho manifestaciones que dañaron al club. No debió existir esa falta de respeto. Al revés, debieron dar palabras de agradecimiento y de cariño hacia un equipo que los formó como profesionales, como futbolistas y como hombres. La UNAM también les dio tiempo de formación para que pudiesen ganar un dinero importante. Espero que esas declaraciones no vuelvan a repetirse. Los que hemos crecido en esta institución debemos defenderla a muerte.
-¿Acaso Hugo puede ocultar el tiradero que encontró?
-No lo oculto, pero defiendo a la casa. Hubo una pausa en la evolución del equipo de la Universidad. Llevar la camiseta de los Pumas es tener una responsabilidad con la imagen de toda la institución. Tener la responsabilidad de ser ejemplar, ganador y una mentalidad de lucha y sacrificio, esas cosas las recibí aquí en este club. A veces, los cambios de personas ayudan o hacen que las cosas se detengan, pero la institución debe seguir con la misma imagen. Hubo acciones que no ayudaron a limpiar la cara de la Universidad, pero los que estamos aquí estamos para defenderla.
Así habló Hugo Sánchez:
“Estoy interesado en colaborar para que aquellos medios o personas que por algún motivo ensuciaron la imagen del club encuentren el lugar que se merecen. Nosotros estamos aquí para darle su lugar. La voy a defender a muerte porque no se pueden tocar ni manchar la camiseta de Pumas ni la imagen de la institución”.
-Imagen: con el nuevo diseño de la camiseta de los Pumas, los jugadores parecen más arlequines que futbolistas. Nada que ver con sus tiempos, Hugo, cuando el Puma hablaba por el espíritu.
-Respeto a quien haya diseñado el uniforme. Hay gustos de todo género. Estamos aquí para sugerir y comentar las cosas que no nos agradan o que no nos atraen. Lo que se busca es sumar y mejorar. En esta nueva etapa, todos vamos a pensar en sumar y sumar.
El equipo, apenas asesorado en dos días por el nuevo entrenador, jugó opaco en el partido contra Tígres. Incapaz de crear un estilo en el campo, el conjunto reza a la providencia. A punto de final cae un gol (“es cierto, de churro, pero yo quisiera ganar el título de puro churro”, dice Hugo después del encuentro) de Christian Ramírez que hace que el nuevo técnico se envalentone.
Cuando Hugo tomó por primera vez la dirección técnica de Pumas, el equipo llegó a semifinales, una de las cinco que ha alcanzado en los últimos 15 torneos. El logro significó muchas cosas. Además, el imán de Hugo hizo que el club se recuperara de una crítica situación de taquilla. En el puñado de juegos que Hugo dirigió, Pumas metió más gente que en el resto de la temporada. Pero en la agenda de Hugo estaban dos pendientes. Uno, su boda con Isabel. Y otro, su trabajo como comentarista para Televisa durante la Eurocopa de 2000. Al regreso, los muros rosas se cayeron. En sus primeros tres juegos de liga, el equipo apenas consiguió el resbalón para limar las astillas. Lo hechó y creó al redentor Hugo. Cada domingo, cada derrota, cada mala jugada, la tribuna insistiría: Hugo, Hugo, Hugo. Hasta que volvió.
Así habló Hugo Sánchez sobre aquellos días:
“No me gusta hablar de temas pasados que pudieran traer inquietud o crítica. No van a servir absolutamente nada de mis comentarios. Eso sí, estoy convencido de que la experiencia y la madurez que adquirí en mi primer año como técnico me han ayudado para no repetir las situaciones difíciles. Que cosas que hice y dije no las volveré a cometer.”
“Te regresaron –le grita un aficionado- porque eres el máximo jugador de México y ésa es la máxima casa de estudios de México”. Hugo, que regresa del entrenamiento del martes siguiente a la victoria, ríe sin arrugas.
“Regresar a casa me da un sentimiento de afecto, de amor, de reconocimiento, de agradecimiento. Quiero agradecerle a la Universidad todo lo que ha hecho por mí, tanto en mi formación como persona, como estudiante y futbolista. Quiero compartir esto con la gente que me apoyó desde mis inicios, quiero transmitir mis experiencias a los jugadores y a todos los integrantes del equipo.”
Hugo Sánchez regresa al Pedregal en medio del caos. Pumas apenas halla acomodo en el penúltimo lugar de la tabla, su lista de extranjeros es tan larga que los hombres podrían llenar tres veces el tablero electrónico de su estadio, y su reporte de técnicos desechados alcanza para cubrir las bancas de media Primera División.
Imagen: Pumas es el lugar 16 en la lista de porcentajes de la Primera División. Debajo de ellos solamente Irapuato, Celaya y La Piedad, todos ellos equipos chicos.
Los 10 años sin liga tienen al equipo en la desesperación, pero su inestabilidad raya en la esquizofrenia. Hasta los exjugadores, como Claudio Suárez, se atreven a solicitar una revisión sobre lo que se hace con las fuerzas básicas de un equipo que tanto presumieron rectores, presidentes del club y aficionados.
De pronto, Pumas prefirió jugadores con mucho pasado en lugar de los muchachos con mucho futuro.
Dijo Hugo:
“Respecto las decisiones de los anteriores técnicos. Valoro lo que han deseado hacer para Pumas. He aceptado al equipo tal y como está. Sé que hay calidad en los jugadores con experiencia como en los jóvenes. Es una mezcla necesaria en el futbol. Y en este caso, esa mezcla será importante y ayudará a enderezar el rumbo, sobre todo en los marcadores.”
El objetivo primordial
En la página 21 de su libro Liderazgo, Jorge Valdano y Juan Mateo escribieron sobre Hugo Sánchez:
En una ocasión en la que estaba viendo un partido televisado, ocurrió algo de valor anecdótico, pero que sirve para centrarnos. Hugo Sánchez recibió un balón, lo cargó de peligro con esa convicción llena de pólvora que tenía y disparó sin piedad: ¡GOL!
El narrador dijo que Hugo “había tirado sin pensar”. Aquel comentario me pareció el menos adecuado de todos los posibles, porque yo sabía que Hugo Sánchez llevaba una vida imaginando ese gol, y todos goles posibles. Antes de dormirse, en los semáforos en rojo y, por supuesto, en los entrenamientos, el verdadero deportista repasaba mentalmente las jugadas probables, hasta el punto de que, a la hora de la verdad, son sus músculos los que se lo recuerdan.
Si eso llega a ocurrir es porque se cansó de pensar en el tiro y no porque tirara sin pensar. En el análisis posterior, el comentarista insistió: “Hugo no se lo pensó dos veces antes de tirar”. Le conteste desde mi butaca: “Dos veces no, dos millones de veces”. En realidad un futbolista juega tres partidos: el imaginado, el real y el repasado (también imaginario e imprescindible para revisar y enmendar errores).
Una filosofía de arrabal atribuye a los enemigos la causa de la sobrevivencia. ¿Cuántos enemigos tendrá Hugo Sánchez? Porque usted los ha tenido, sobre todo en España, sobre todo en los primeros años…
Más que enemigos, les llamo rivales. Todos los equipos buscan el mismo objetivo, que es el título, todo lo que está alrededor de los equipos, llámese, defensa, llámense aficiones de otros equipos, llámense intereses para que haya inquietud interna en mi equipo para desestabilizarlo. Hay que aprender a jugar con los rivales. Desde muy joven he aprendido a hacerlo. En la prensa pueden existir algunas opiniones dispuestas a desestabilizar. No digo que en la prensa haya rivales. Hay intereses, como en los equipos contrarios. La prensa local puede desacreditar al rival de visita. Pero hay que ir contra eso.
En su partido de regreso, Hugo decidió sacar de la alineación a Marcelino Bernal, uno de los llamados de Mejía Barón en la época en la que se decía que Pumas era la “Selección sub 40”. El hecho fue un bote de gasolina sobre un fuego cocinado por la prensa. Una supuesta rivalidad entre el nuevo técnico y los viejos Pumas, España, Campos, Glaría y el mismo Bernal. Si la guerra efectivamente se da, los saldos no saldrán del vestuario, casi seguro.
De esta manera habó Hugo Sánchez:
“Nunca han existido. Son cosas que se inventan. Sobre todo en los medios de comunicación, que tienen que hablar de un tema, y cuando ese tema no existe, lo inventan. Lo respeto, aunque no lo comprendo.”
Al final del juego contra Tigres, Hugo declaró: “El listón está muy alto”. Hizo alusión a sus metas. Y qué dijo Hugo de sus compromisos ese templado jueves 27 de septiembre:
“El listón es lo que hice en la primera etapa. Las circunstancias son distintas. Aquella fue una estructura deportiva muy diferente a la que tengo ahora. Creo que ahora será más difícil hacer lo mismo, aunque la gente no lo vea así. La gente piensa que debo hacer lo mismo. Desde ahora digo que no tengo la varita mágica ni soy mago. Advierto que las cosas son distintas.”
Sí, pero el hombre que quiere ser el mejor en todo, el mejor hijo, el mejor amante, el mejor estudiante, el mejor futbolista…debería ser el mejor técnico, que debería ganar el título, cuando menos…porque ya hay posibilidad de ser campeón de la Libertadores. ¿Qué respondió Hugo?
“No dejo de pensar en el título ahora. Ése es el objetivo primordial. Pero para llegar a ello, primero pienso en la siguiente meta, y ésa es ganar el domingo a Irapuato y luego al siguiente juego, hasta llegar a la meta lejana de la liguilla. En mi mente está el título. A los jugadores se los dije: el que no piense como yo, no va a participar conmigo en la cancha.”
Así habló Hugo Sánchez. Y se alejó del estadio, que quedó en silencios.








