Afirma Primo Levy en el libro de reflexiones sobre si experiencia en Auschwitz llamado Los hundidos y los salvados (Muchnick Editores, 2001. 176 pp.), que los mejores historiadores de los campos de concentración han sido aquellos que han tenido la habilidad y suerte de tener un lugar de observación privilegiado sin someterse, así como la capacidad de contar lo sufrido con la humildad de un buen cronista.
Los relatos de este tipo son casi todos escritos por políticos porque, a diferencia de los judíos y criminales, poseían un fondo cultural para interpretar lo vivido; además, como excombatientes y miembros de organizaciones secretas de resistencia, se daban cuenta de que sus testimonios combatían el fascismo. Tal fue el caso de Jorge Semprúm, quien estuvo en el capo de reeducación política de Buchenwald y como prisionero fue asignado a un trabajo administrativo.
Años después, ha escrito varios memoriales sobre sus experiencias carcelarias como: El largo viaje, La escritura o la vida y Aquel domingo. Ahora da a conocer otro libro acerca de esa terrible prueba: Viviré con su nombre, morirá con el mío (Tusquets editores. Col. Andanzas s/n; México, 2001. 236 pp.).
En esta novela-testimonio Semprúm narra una de las maneras cómo salvó la vida. A finales del año de 1944 se recibe en Buchenwald un comunicado proveniente de Berlín preguntando por el deportado Jorge Semprúm. Inmediatamente se entera la organización comunista del campo, infiltrada en lugares estratégicos de la administración. La preocupación es mayor porque estas peticiones significan la muerte. Así, buscan salvar a un compañero e idean hacerlo mediante el cambio de identidad con un joven francés en estado terminal, ingresado el mismo día que Semprúm al campo y con una matrícula cercana.
Bajo una gran tensión el autor pasa la noche del intercambio con el moribundo y a la mañana siguiente aparece con otro apelativo, pero la ironía de la historia le presenta una sorpresa.
La reconstrucción de lo ocurrido en Viviré con su nombre, morirá con el mío lleva a Semprúm a realizar una relación, aunque apresurada, exacta de las condiciones de vida en el campo (Lager) y seguir el derrotero de su imaginación. De tal manera que incorpora recuerdos anteriores y anécdotas presentes, cuyo efecto es resaltar y dar dimensión histórica al evento. Con estas reminiscencias y hechos Semprúm muestra cómo los prisioneros, a pesar de vivir en la más profunda ignominia, tienen gestos de solidaridad con los compañeros en situación de desgracia. La bondad recibida y observada levante el espíritu de los oprimidos porque avivan la esperanza necesaria para resistir la afrenta. Gracias a esos simples actos surgieron organizaciones para proteger, cuestionar, e inclusive intentar rebeliones y fugas.
Viviré con su nombre, morirá con el mío es un testimonio que hay que leer para no olvidar el mal y sus mecanismos, y porque como dice Primo Levy, “ha sucedido y puede volver a suceder”.








