El Islam

A dos semanas de los atentados en Nueva York y Washington, la información y las imágenes se han desplazado de Estados Unidos al Medio Oriente. La cobertura televisiva continúa siendo tan limitada como el primer día, pues las fuentes son muy pocas, básicamente la CNN y Reuters para lo visual, y casi no hay corresponsales mexicanos en el exterior ni enviados especiales.

La televisora que cuenta con mayores recursos en ese aspecto es Televisa, misma que debido a la existencia de ECO desplegó corresponsales por muchas partes del mundo y hoy, tras el cierre de ese espacio informativo, alguna tradición, reporteros y comentaristas aún permanecen ligados a la cadena, con lo cual el envío de datos e imágenes es un poco mayor que en el resto de las estaciones.

Por lo que hace a Azteca, al desplazarse el centro del interés periodístico de los escombros, las víctimas y la política de Estados Unidos hacia los pueblos de Afganistán, Irak, Irán, Rusia, Pakistán, las aportaciones originales son casi nulas. Alguna entrevista con expertos o bien con embajadores y de manera reiterada es lo que ofrecen CNN y Reuters.

Para Canal 40 y Canal Once, las carencias son similares a las de Azteca, y las tratan de paliar con mejores reportes sobre el contexto, los antecedentes y muchas entrevistas en el estudio. Canal 40 se ha centrado en reportar lo que el canciller Castañeda dice y hace, igual que las actividades de los encargados consulares mexicanos en Estados Unidos y la oficina para los migrantes. Algunas crónicas desde Nueva York y Washington han sido todo el material original.

El actual conflicto encontró a las televisoras en muy mal momento para ocuparse de dar a conocer, desde el punto de vista periodístico de calidad, lo que está sucediendo. Hace ya varios años que de los noticiarios de la pantalla chica se ha disminuido notablemente el espacio otorgado a las notas internacionales. Además, la temática de las mismas no puede ser más restringida: terremotos, tormentas, incendios y declaraciones más importantes de los funcionarios. Eso es todo.

Desaparecieron los reportajes enviados desde el lugar de los hechos, los corresponsales, los periodistas destacados en lejanos países del mundo fueron retirados y se dejó a las agencias internacionales la cobertura de lo que sucede en el mundo fueron retirados y se dejó a las agencias internacionales la cobertura de lo que sucede en el mundo más allá de Estados Unidos. Hoy ese vacío es evidente.

A falta de una cobertura profesional propia, los noticiarios recurren, como señalé, al material que produce, por ejemplo la CNN. Esta empresa con más de 15 años de existencia y que se dio a conocer durante la guerra del Golfo Pérsico hace 10 años, es la que mayores elementos tanto periodísticos como tecnológicos posee. Por ser estadunidense, predomina en los medios mexicanos. De ahí se tomaron las primeras escenas de la tragedia y de ahí se siguen alimentando los noticiarios. Sin embargo, como casi todas las cadenas televisivas del mundo, la CNN se dedicó durante un tiempo mucho más a las noticias locales de Estados Unidos que a lo que sucedía en el resto de los países.

La semana pasada, por ejemplo, dio a conocer (y se vio en la pantalla de señal abierta gratuita de México: canales 2 y 13) un reportaje hecho por una periodista que de manera clandestina se reúne con mujeres en Afganistán y a través de sus pláticas va revelando cómo viven en esa nación. Señala las enormes limitaciones que le han sido impuestas al género femenino por el régimen talibán. Con ser un documento pertinente informativamente, el momento en el cual se presenta parece muy intencionado.

Hace más de un año circuló por la red de Internet una carta en la cual se hacía referencia  a la situación impuesta a las mujeres en Afganistán a la toma del poder del actual gobierno. Una pavorosa descripción de cómo se les prohibió estudiar, trabajar, salir a la calle solas, mostrar el rostro o las manos. De cómo se cerraron los hospitales para mujeres, por lo cual muchas mueren en la calle o en sus casas. Incluso la manera en la que la sociedad las trata: cualquiera puede ser acusada sin pruebas, e incluso asesinada sin castigo. Nada de esto salió por televisión en 2000. Pero hoy sí deciden difundirlo.

Y así como el reportaje mencionado, sin ningún antecedente que presente el origen del problema, se dan a conocer cifras de mortandad, desnutrición y, en general, de condiciones de vida de la población musulmana de Medio Oriente, como si tal situación hubiese surgido de la nada. Frente a ese desolador panorama no parece tan mal que Estados Unidos realice una cruzada para borrar del mundo a los malos islámicos, mientras ayuda a los buenos.

Hay que agregar a la falta de un reporte informativo adecuado la carencia total de análisis. A los escasos programas de opinión han sido invitados los mismos expertos, no más de cinco. Y no hay seguimiento.