GUADALAJARA, JAL.- En el futuro se tendrá que volver al pasado en los sistemas de construcción, a base de arcos y cúpulas o domos en el caso de los rascacielos, para evitar catástrofes como las de las Torres Gemelas de Nueva York.
El doctor Ramón Padilla Mora, calculista universitario, sostiene que por la forma como se vinieron abajo ambos edificios “tendremos que regresar a los sistemas estructurales de hace dos mil años, mil años, 500 años”, como ya lo ha hecho en experimentos de laboratorio. Padilla Mora señala que las normas de construcción deben hacerse de tal forma que los materiales, en caso de incendios, no se derrumben, sobre todo el acero, que es el que se debilita por el calentamiento.
Las grandes obras arquitectónicas como las catedrales, piensa, están hechas a base de cúpulas y domos, elementos que por la naturaleza de su sistema estructura permiten que la mayor parte de su capacidad sea por cargas de compresión dentro de su membrana:
“Es como el huevo de una gallina: usted lo puede apretar por sus extremos y no lo quiebra, porque transforma las fuerzas dentro de su pared porque cancela las flexiones”.
Y explica:
“Si a estos edificios se les hubiera puesto casa 20 pisos una especie de domo –obviamente no un domo continuo, sino perforado, para que tenga una funcionalidad inferior y que no representa mayor costo-, estas cúpulas hubieran parado la caída. Si el incendio por el impacto se produce en el piso 80, y si esa cúpulas se construyen cada 20 pisos, en el 60 probablemente se hubiera podido detener el derrumbe.”
El especialista, coordinador de Investigación y Postgrado del Área de Ingeniería Civil de la Universidad de Guadalajara, afirma que estas cúpulas tendrían una altura de cuatro a cinco pisos para edificios como el WTC, con un ancho de más de 60 metros. Los domos habrían evitado el efecto dominó.
Y según ha explorado con modelos matemáticos, el choque de esas masas de arriba hacia abajo caerían no tanto sobre elementos planos de flexión que los doblan y los quiebran, “sino sobre un elemento que convierte las fuerzas a fuerzas de compresión y tiene mucha más posibilidades de no quebrarse”.
Descarta totalmente que los rascacielos impactados intencionalmente por aviones comerciales hayan sido construidos a la ligera, pues se hicieron cálculos para resistir los impactos de los aviones más grandes de la época que eran los Boing 707 y, para el caso el diseñador (Minoru Yamasaki) se asoció con los mejores estructuralistas y exploraron muchas alternativas para resolver toda la problemática que no sólo es de resistencia, sino también de costo. Llegaron al sistema estructural, que se tiene que usar en estos edificios tan altos, llamado “tubo”, y las torres fueron diseñadas para resistir las deformaciones y vibraciones laterales provocadas por vientos de más de 300 kilómetros por hora, en el caso de huracanes, porque se consideraba que Nueva York estaba a salvo de sismos, un concepto que empieza a cambiar ahora. Pero nadie imaginó una locura suicida.








